Histórico
22 septiembre 2009Ariel Judas

S.O.S. para el fútbol carioca

bota-y-fluCon 24 jornadas disputadas, el Brasileirâo -la liga más potente de Sudamérica-, ya ha comenzado a desandar su segunda mitad. Año tras año, la Série A ha ganado en prestigio y trascendencia a nivel internacional, relegando otras competiciones de la región -como la primera división argentina- a un segundo escalón. Tan cierto como esto es que temporada tras temporada los equipos de Rio de Janeiro han ido perdiendo importancia y peso dentro de este campeonato. La fotografía no podría ser más preocupante para los cuatro equipos históricos de la Cidade Maravilhosa, al punto de que el único que de momento salva la ropa es un Flamengo instalado ahora en la mitad de la tabla y que -de la mano de las genialidades que está comenzando a mostrar Adriano- espera poder llegar a las últimas jornadas con posibilidades de luchar por una plaza en la Copa Libertadores 2010.

En ningún campeonato de fútbol del mundo hay tantos equipos grandes Brasileirâo. De los veinte clubes que están disputando el torneo este año, al menos once de ellos pueden ser considerados dentro de esta categoría. Allí están los cuatro representantes importantes del fútbol paulista (Santos, Corinthians, Sâo Paulo y Palmeiras), los dos gaúchos (Grêmio e Internacional), el binomio que desde siempre se asocia con el balompié de Minas Gerais (Cruzeiro y Atlético Mineiro), y los tres cariocas que juegan este año en la máxima categoría (Flamengo, Botafogo y Fluminense). como ocurre en el

Los equipos del Estado de Sâo Paulo mantienen su cuota de poder de una manera inalterable y cada vez más sólida (con el Verdâo y el Sampa primero y tercero, respectivamente). El sur del país ratifica la importancia que tiene para el fútbol brasileño con un Inter escolta y con un poderío ofensivo intacto, pese a la marcha de Nilmar al Villarreal. Y, tras varias temporadas de hegemonía de la Raposa en el panorama mineiro, el retorno del Galo al máximo nivel (especialmente en el primer tramo de la liga) hace que los cuadros de Belo Horizonte consigan no perder pisada con respecto a lo que acontece en los restantes grandes capitales futboleras del gigante sudamericano.

En Rio de Janeiro la situación es completamente diferente. El boyante momento que experimentan los equipos de otras regiones del país a nivel futbolístico contrasta con el pesimismo y la acumulación de años de frustraciones que viven los hinchas cariocas. De los cuatro grandes con los que cuenta la ciudad, hay uno -el Vasco da Gama- que actúa en la Série B, tras haber perdido la categoría en 2008. Hay otros dos -Botafogo y Fluminense- que en estos momentos están en zona de descenso. Y uno solo que apenas alcanza el aprobado -el Flamengo- parece tener muy pocas chances de poder brindar a la torcida rubro-negra una alegría importante al final de la temporada.

La que fuera capital imperial vive uno de sus peores momentos históricos. Los más pesimistas ven un 2010 con un Brasileirâo con el Fla como único representante del fútbol de Rio. Si bien eso podría ocurrir, es cierto que las chances de que una situación semejante se produzca son bastante escasas. El Vasco viene de derrotar por 0-1 al Sâo Caetano, y lidera el torneo de la segunda división. Si el equipo entrenado por Dorival Júnior mantiene la dinámica que ha sostenido hasta ahora, todo indica que el próximo año el campeonato de la máxima categoría regresará a la colina de Sâo Januário, independientemente de que el Bacalhau gane o no la segundona.

En Laranjeiras -la casa del Fluminense- todo es preocupación. Hace poco más de un año, el Tricolor jugó la final de la Copa Libertadores 2008 frente a la Liga de Quito, equipo que finalmente se coronaría como el monarca sudamericano en la pasada temporada. Tras perder en el segundo partido final frente a los ecuatorianos, el equipo ha experimentado una caída que parece no tener freno, y que le ha colocado en la última posición de la liga. El Fluzâo huele a Brasileirâo B y, frente a la falta de resultados en el terreno de juego, torcedores y directivos de uno de los clubes con más historia de todo el país se congregaron a los pies del Cristo Redentor del Corcovado para pedir por la permanencia.

Poco queda del Flu que estuvo a un triz de ganar el título continental en 2008. Ya no están jugadores como Thiago Neves, Thiago Silva, Washington, Arouca o Cícero. La salida de los jugadores que destacan en un campeonato tan importante como la Libertadores es comprensible y hasta justificable en un mercado como el sudamericano. Pero lo que ha pasado con los entrenadores desde ese fatídica final disputada en el Maracanâ no tiene explicación. A partir de ese momento se han sucedido en el banquillo del Fluminense personalidades y maneras de entender el fútbol tan diferentes como las de Renato Gaúcho, Cuca, René Simôes, Carlos Alberto Parreira, Vinícius Eutrópio, Renato Gaúcho (nuevamente) y Cuca (nuevamente, que es quien está intentado arreglar el desaguisado que vive el equipo).

Tras la venta de las figuras de la temporada 2008, el club se reforzó con nombres de jerarquía antes del inicio del Estadual Carioca y volvió a hacerlo no hace demasiadas semanas, en la apertura del mercado invernal en el Cono Sur. Las dos incorporaciones más esperanzadoras llegaron desde el Lyon: Fred y Fábio Santos. Pero también arribaron este año buenos futbolistas como Diguinho, Leandro Amaral, Patricio Urrutia o Ezequiel GonzálezPresionado por las circunstancias, el presidente Roberto Horcades se aferra a la esperanza que los goles de un crack como Fred acaben por salvar al club del temido rebaixamento.

El Botafogo está apenas dos escalones por encima del Fluminense en la tabla de posiciones. Y futbolísticamente hablando aún mucho más cerca que su vecino de ciudad. Tanto, que el pasado fin de semana ambos equipos empataron sin goles, en una confirmación más del angustioso momento por el que atraviesan los clubes protagonistas del llamado Clássico Vovô, el derbi de equipos grandes más antiguo de Brasil. Pero tal vez el triunfo de anoche frente al Atlético Paranaense por la Copa Sudamericana traiga al cuadro entrenado por Estevam Soares algo de tranquilidad para intentar salir de la zona de descenso. El 3-2 frente al Furacâo fue la primera victoria del equipo de la Estrela Solitária tras diez partidos sin conocer el triunfo. En comparación con otros equipos de la Série A el Bota cuenta con una plantilla bastante interesante, de la que forman parte delanteros como Reinaldo, André Lima o Victor Simôes, el portero de la Selección de UruguayJuan Castillo o el ex volante espanyolista Jônatas Domingos.

La situación actual del Fluminense y el Botafogo no hacen más que rubricar la pérdida de importancia que viene experimentando desde hace años el fútbol de Rio de Janeiro dentro de la escena brasileña. El balompié carioca es el que más ha aportado al concepto de jogo bonito, década tras década. No en vano los máximos representantes de cómo se ha jugado y se juega en esa parte del país son nombres de la jerarquía de Garrincha, Romário, Ronaldo (el único Ronaldo… There is only one Ronaldo), Zico o Adriano -haciendo solo mención de los cinco primeros nombres que vienen a mi memoria al tiempo que escribo esta entrada-.

Mientras los clubes paulistas o gaúchos (que, en líneas generales, son quienes hoy en día cortan el bacalao por aquellas tierras) hacen gala muchas veces de una forma de entender bastante parecida a la que se tiene en Europa, sus pares en Rio -mucho peor gestionados o administrados, todo hay que decirlo- deberían ser los custodios del genoma del fútbol brasileño en la máxima categoría. Creo que es vital que no solo los equipos cariocas no desciendan, sino que -además- ganen algo importante en el futuro más o menos inmediato. De lo contrario, la expresión profesional del jogo bonito quedará sepultada por su propia falta de eficacia, más que por lo que en contra de esa concepción hagan entrenadores como Dunga o Muricy Ramalho.

De los cuatro grandes de la ciudad, apenas el Flamengo se salva -parcialmente- del incendio. El equipo de la Gávea -instalado en la undécima posición- está muy lejos de quienes luchan por el campeonato. Pero el entrenador Andrade se empecina con ilusionar a la afición del Mengâo con la posibilidad de jugar la Copa Libertadores del año próximo. Para conseguirlo sus jugadores no tienen más remedio que terminar entre los cuatro primeros clasificados. Una misión casi imposible, si miramos el fixture que tiene por delante el equipo más popular del país. Pero si el Fla juega de aquí hasta el final de la liga como lo ha hecho el pasado sábado frente al Sport, aún tiene posibilidades de conseguirlo.

En un partido descomunal del Emperador y del incombustible Dejan Petkovic, los rubro-negros demostraron que pueden gustar y ganar. Toda una declaración de principios, aún en la fábrica del jogo bonito. Ojalá esta vez sí merezca la pena ilusionarse con el fútbol de un equipo de Rio.

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