Histórico
18 septiembre 2009Ariel Judas

Rumores y sombras en los pasillos del Monumental

mdayan_todosriverTres partidos jugados, tres puntos cosechados. Dos caídas claras, frente a Banfield y a Rosario Central, un triunfo muy sufrido ante el recién ascendido Chacarita Juniors y la eliminación en la Copa Sudamericana de esta misma noche ante Lanús. Más allá de lo que ocurra en los quince encuentros que le restan por jugar en el Torneo Apertura, River Plate vuelve a dar una pésima impresión en el inicio del segundo semestre de 2009.  El entrenadormillonario Néstor Gorosito -todo un experto ya en eso de tragar sapos desde su llegada al banquillo del Monumental- engrasa las piezas de una avejentada Máquina para medirse este domingo ante Colón, que no es el Brasil del ‘70, pero que viene de hacerle cinco goles a Tigre. Si los circuitos ofensivos del Sabalero vuelven a funcionar y Bichi Fuertes sigue en estado de gracia, tal vez Pipo tenga que hacer el bolso y vaciar su locker en el vestuario millonario.

Con un par de incorporaciones instaladas en la nostalgia -como la de Ariel Ortega y Matías Almeyda- y otras que aún no han terminado de convencer, River Plate sigue tirando de su historia, su renombre y su afición para seguir instalado en la repisa de los equipos grandes de Argentina y Sudamérica. En la cancha, el club del barrio de Núñez es uno más, alejado de lo que pueden producir Lanús, Estudiantes, Vélez, Rosario Central y hasta un cuadro como Banfield, que sorprende con el buen fútbol que ha practicado en los tres primeros capítulos del Apertura.

La bala de plata que disparará Gorosito frente a Colón para ahuyentar a los fantasmas de Leonardo Astrada, Nery Pumpido u Omar Labruna -todos ellos dispuestos a relevarle en su cargo de entrenador- huele a mustio. Cinco ilustres desconocidos sumando a la posición del arquero más la línea de cuatro defensores. En el doble pivote, uno de los efectivos será el Pelado Almeyda, al que se le notan los cuatro años de ausencia de los terrenos de juego. Por delante del doble cinco, un triángulo virtuoso integrado por Orteguita, el Muñeco Gallardo (que es baja este fin de semana) y el irregular Diego Buonanotte. Y adelante, como única referencia, Cristian Fabbiani, un nueve que parece haber nacido para jugar en cualquier club menos en River. Estos, más alguno que pueda surgir del semillero (siempre y cuando los chicos no se escapen furtivamente para fichar por algún club europeo, como acaba de suceder), son los elementos con los que cuenta Pipo para poder hacer una campaña decente en el fútbol local y en la Copa Sudamericana.

Néstor Gorosito parará a sus jugadores de la mejor manera que pueda y sepa, e intentará resisitir hasta la finalización de su contrato. Pero no lo tendrá fácil. La falta de calidad en su plantilla es un factor que atenta claramente en contra de ese objetivo. La proximidad de las elecciones en el club es otro factor a tener en cuenta: el oficialismo -muy golpeado, y no solo debido a la situación deportiva- intentará llegar al día de los comicios con un presente que ilusione a sus socios. Y, por si fuera poco, el D.T. tiene que lidiar -además- con el intrusismo farandulero que parece haberse instalado desde la llegada del Ogro Fabbiani al Monumental.

Está claro. Pipo es el fusible. El primero -y tal vez único- que salte por el aire en otra temporada de vacas flacas para la afición del Millo.

River Plate -que siempre ha sido un club señor, como se dice en España-, está instalado desde hace ya demasiado tiempo en un señor dilema.

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