Histórico
1 septiembre 2009Jose David López

Robinho, la incógnita recámara del City

robinho-2Alex Ferguson lo catalogó del “dinero que habla en el césped” mientras Rafa Benítez augura que “las inversiones económicas cambiarán la Premier”. Ya nadie puede ignorar que el asalto al trono británico que idea el Manchester City es una amenaza real, una admonición al terreno vedado en el que se había convertido el fútbol inglés y un golpe en clave de rebeldía de un ‘vecino’ cansado de ser el más feo. Esta renovación absoluta de los cánones citizens, plagados de gestas de segunda fila y partidos concretos recubiertos de nostalgia, supone para muchos un auténtico impacto para el corazón celeste, cuyo latir eterno merodeaba en busca de una nueva épica desde la humildad, su referencia histórica. Sin embargo, un par de pudientes árabes, barbudos turbanteados con oro y aburridos en sus tierras de petróleo, han rediseñado la historia de un perenne aunque simpático derrotado.

Desde la segunda línea, sin protagonismo alguno y tras un año en el que llegó, vio y no venció (hasta el punto de querer marcharse), Robinho ojea el horizonte con la sonrisa recalcada en su cara, la misma que tuvo que lucir valientemente cuando, ni corto ni perezoso, se marchó al City Stadium para ser “el mejor jugador del mundo”. Aquella declaración de intenciones, insípida en su momento, insustancial por el destino en el que se iba a llevar a cabo y hasta irónica para la gran masa futbolística, toma forma meses después y ahora se convierte en un ultimátum cuyo primer objetivo es la Premier.

Han llegado Adebayor, Tévez (especialmente requerido por Robinho), Touré, Lescott, Barry o Santa Cruz, todos movidos por el olor del dinero pero, a su vez, conscientes de que el proyecto invita al optimismo, a la esperanza y a un camino de enorme motivación para todo profesional. El primero en ver esas posibilidades fue Robinho que aplaudió cada uno de los refuerzos y la ‘limpia’ (no hay que olvidar que han salido del club unos 15 jugadores) que su club había decidido implantar en tiempo record para no alargar su asalto. El extremo, que no ha perdido ni un ápice de importancia para la selección brasileña de Dunga, que sigue teniendo ese singular cuerpito en tierras de gigantones y que, pese a las críticas y polémicas, anotó 15 goles, fue el abanderado y ahora es el gran olvidado que quiere hacerse notar. Esa bala en la recámara que por fin tiene que explotar.

Escorado en banda izquierda, arrancando y finalizando en pocos metros y manteniendo ese rol de crack principal en un equipo ahora plagado de estrellas, el brasileño tiene la obligación de generar, crear y concretar acciones de peligro. Desborde, velocidad y llegada que se une perfectamente al carácter luchador de Tévez, el remate de un Adebayor que ha empezado muy bien en su intermitente relación con el gol, el oficio defensivo de Lescott-Touré-Richards y la destrucción creativa de Barry. Mucho dinero para crear un equipo en base al brasileño, para rodearle de jugadores competitivos, expertos y capaces de progresar en tiempo record pero donde incluso él, el iniciador, el punto de partido, está amenazado de fracaso. El banquillo le delata.

Su aportación en estos primeros partidos del curso se resume en un par de acciones puntuales de desborde y en apariciones con lanzamientos desde media distancia. Además, es el cambio de su técnico siempre que busca mantener un resultado favorable, algo que ya desespera a Robinho. Poco para quien pretende ser la voz cantante de un proyecto que debe liderar y mínimo para aquél que aun pretende ser el mejor jugador de mundo.

A poco que Mark Hughes de con la clave para organizar felizmente todas sus piezas, el Manchester City debe carburar, convertirse en un digno oponente para el título (no juega competición europea y eso es un plus a su favor) y ser un animador copero con todas las opciones. Ese camino, pese a todo, puede alcanzarse con o sin Robinho. La decisión es sólo suya.

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