Histórico
3 septiembre 2009Francisco Ortí

La ‘imprevisible’ fuga de Heitinga

2008071045heitinga¿Las señas de identidad se eligen o son ellas las que te escogen a ti? La línea entre una respuesta y otra acostumbra a ser tan fina que es complicado quedarse con una. ¿Brasil práctica el Jogo Bonito por elección o por genes? ¿E Italia con el Catenaccio? Tampoco está confirmado el origen de la tradición galáctica de Real Madrid, que comenzó mucho antes de la llegada de Di Stéfano, ni cuando el Barcelona se convirtió en un representante del fútbol cinco estrellas. Lo que está claro –al menos en mí opinión- que el Atlético de Madrid no eligió su seña de identidad. Nadie en su sano juicio desearía ser adicto a la mala suerte. Aunque tampoco nadie en su sano juicio presumiría con orgullo de ello bajo el sobrenombre de El Pupas o anuncios promocionales.

El Atlético de Madrid es una veleta que acostumbra a apuntar hacia el lado erróneo. Unas veces es el viento quien sopla en su contra, otras es cuestión de mala suerte, y en otras, la gran mayoría, la culpa la tienen las malas decisiones de sus dirigentes. La fiel afición rojiblanca ha tenido que sufrir un interminable elenco de dirigentes incompetentes que han lastrado al club con decisiones incomprensibles. La última en sumarse a esta esperpéntica lista es la venta de John Heitinga al Everton cuando el club no tenía tiempo para fichar. El culpable de este movimiento, como suele ser habitual últimamente, es el director deportivo Jesús García Pitarch.

“Soy fácil de críticar”, señaló Pitarch en la comparecencia de prensa que realizó una vez cerrado el mercado de fichajes. Se le aplaude la valentía de aparecer ante los medios horas después de la chapuza Heitinga, pero es fácil de criticar porque da motivos de sobra para hacerlo. La venta de Heitinga es el colmo del mal trabajo de un director deportivo. No vendió al holandés hasta que el mercado de fichajes español estuvo cerrado y el Atlético de Madrid no tenía margen de maniobra para cubrir su marcha.

La operación no tiene explicación, por mucho que Pitarch lo intente. “Heitinga no tenía la cabeza en el Atlético y el dinero nos venía muy bien”, se excusó Pitarch, aunque reconoció que “no era útil desprenderse del jugador sin tener posibilidad de fichar”. En efecto la venta de Heitinga al Everton es rentable a nivel económico, pero un equipo como el Atlético de Madrid, que presume de estar entre los grandes, no puede desprenderse de un jugador a priori titular sin tener asegurado un suplente, y menos sabiendo que días antes Abel Resino había solicitado el fichaje de Miguel Torres.

Así pues, el técnico del Atlético de Madrid se queda sin laterales derechos puros y el puesto deberá ser cubierto por Perea, Valera, Ujfalusi o Antonio López, quien ya se ha cambiado de banda en más de una ocasión. La situación adquiere un matiz más incomprensible todavía si tenemos en cuenta el desenlace del debut liguero que tuvieron los rojiblancos en La Rosaleda ante el Málaga. El Atlético de Madrid se estrelló con estrépito por culpa de graves errores defensivos, y la solución de la dirección deportiva es vender a un defensa. Lógica pura.

Para colmo, García Pitarch deslizó otra perla en su comparecencia de prensa. Lo hizo como defensa, pero resultó un ataque de mala educación. “Si de algo me arrepiento en estos tres años es haber firmado a Luis García”. Muy elegante. Más de un atlético se arrepentirá de tenerle a él como director deportivo.

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