Histórico
2 septiembre 2009Jose David López

Errónea reestructuración en San Petersburgo

copa-uefa-zenitEl cielo europeo se les abrió de par en par cuando les guió la humildad, contaron con el factor sorpresa y propusieron un estilo que rompió ese camuflaje en el que llevaban empaquetados varias décadas. El fútbol del este volvió a sonreír y en suelo ex soviético, recuperaron a la memoria aquellas gestas al otro lado del Telón de Acero. El Zenit de San Petersburgo revivió una mítica escuela futbolística basándose en las mismas identidades que ya lo hicieron famoso hace tres-cuatro décadas. Una receta que exalta el sentido colectivo del juego y un atrevimiento que crece en sensaciones y confianza a medida que logra resultados. Esa unión que hizo la fuerza en Leningrado, contó además con la inestimable ayuda de los dólares, generados por la subida de los precios del petróleo, que animó a las grandes compañías energéticas a probar suerte en el fútbol.

De la mano del consorcio gasístico Gazprom, nada menos que la tercera compañía mundial en capitalización, el Zenit encontró la razón para tomar conciencia de que su proyecto podría llegar a lo más alto. Con Dick Advocaat como general de hierro y líder de un movimiento innovador y atrayente para todos los ‘gigantes’ continentales, se creó un vestuario estrictamente soviético, respaldado por el gran rendimiento y progresión de jugadores semi-desconocidos y, sobre todo, por dos pilares que daban equilibrio a la estructura de Leningrado: Arshavin y Timoshchuk. Todo ello engendró la mezcla perfecta que les llevó a romper el maleficio del campeonato ruso (donde sólo ganaban los equipos moscovitas) y a levantar la ya extinta Copa de la UEFA con una autoridad indiscutible. Meses después, con la incorporación del luso Danny por una auténtica millonada (30 millones de euros), se consumó la gloria con la consecución de la Supercopa de Europa ante el todopoderoso Manchester United. Tiempos de gloria que, desgraciadamente, no han encontrado continuidad.

Y es que con una saludable actividad económica, el imponente nuevo estadio que pronto estrenarán y un equipo en las perfectas vías de desarrollo, no parecía que el mal endémico de pertenecer a un campeonato menor (la Premier Rusa), pudiera tirar por la borda los sueños de la afición del vetusto Petrovski. Sin embargo, una participación negativa en Champions y la venta del crack del equipo, un Arshavin que se marchó al Arsenal tras un interminable culebrón de rumores, polémicas y declaraciones que dañaron la imagen de cada estamento del club, iniciaron la inminente y progresiva caída del innovador proyecto ruso. Advocaat, gran mito y parte imprescindible de estos gloriosos años en Petrogrado, abrió la puerta, cerró un acuerdo con la federación belga para convertirse en seleccionador desde enero del 2010 y dejó actuar en consecuencia al club, que cambió radicalmente su filosofía. Un llamamiento al resto y un auténtico sálvese quien pueda.

Así, tras el entrenador holandés fueron cayendo con cuentagotas otros pesos pesados del equipo como el siempre incombustible Timoshchuk y el gigante Pogrebnyak, lo que mermó las aspiraciones y la confianza del bloque, preocupado en lucimientos personales por encima del bien global que les había llevado a lo más alto. La entidad quiso llevar su éxito al plano directivo y cambió, con la intención de profesionalizarlo aún más, a gran parte de su cúpula, con lo que los recién llegados no tardaron en manejar a su antojo, permitir la salida de los jugadores antes mencionados y vestir de blanco a jugadores con experiencia en campeonato occidentales pero que ni tan siquiera había solicitado Advocaat. Llegaron el húngaro Huszti, el portugués Meira, el italiano Rosina o el goleador bielorruso (ex Tom Tomsk) Kornilenko, fracturando la naturaleza rusa del equipo e increpando la ejemplar labor realizada hasta la fecha.

El técnico no tardó en gritar a los cuatro vientos estas decisiones que estaban acabando con el espíritu del Zenit y, pese al respaldo de su hinchada, la directiva decidió agotar su cupo confiando en la palabra y trabajo del nuevo director deportivo, un viejo conocido como Igor Korneiev al que debemos agradecerle este fin de ciclo en Leningrado. Sus decisiones malhumoraron a Advocaat, que más allá de pedir explicaciones (llegó a decir que ignoraba si la directiva se había gastado en sus cosas el dinero de los últimos traspasos del club) y no recibir respuesta, se encontraba ya en un camino con una única dirección, la del adiós al club que hizo grande. Los resultados no ayudaron y en plena vorágine de conflictos internos, un comunicado anunció el cese del ‘general’, que fue despedido en el aeropuerto Púlkovo de San Petersburgo como si de un Dios se tratara. Un paso definitivo a la destrucción de todo rastro anterior. Tanto, que días después el Nacional portugués les dejó fuera de la Europa League con un gol en el último suspiro en suelo ruso que reflejó la crisis absoluta de un ‘gigante’ hundido.

La ciudad, fundada por el zar Pedro el Grande en 1703, nació con la intención de convertirse en la “ventana de Rusia hacia el mundo occidental” algo que, al menos durante unos años, logró hacer realidad con el fútbol. La Vieja Europa ya les espera, aunque toca volver a remar desde cero.

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