Histórico
29 septiembre 2009José Mendoza

Cuando el Dinamo metía miedo

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Hubo un tiempo, a finales de los 90, en los que el Dinamo de Kiev inspiraba pánico en Europa. Liderado por un joven Andrei Shevchenko, el equipo dirigido por el mítico Valery Lobanovsky hacía rememorar sus mejores generaciones. Ahora, en un tiempo en el que el fútbol del Este está en clara decadencia, sobre todo por la poca importancia que se le da desde la UEFA, su estatus es totalmente diferente.

Una década encadena ya el Dinamo de Kiev paseándose por la primera fase de la Champions, donde no se ausenta desde el 97, y luchando a cara de perro con el Shakhtar Donetsk por mantener una hegemonía en el fútbol nacional otrora incontestable. Ahora cumple un papel de secundario, de perita en dulce pero, en su época dorada reciente, al menos durante tres años, entre el 97 y el 2000, su papeleta en el sorteo era de las más temidas.

A ello contribuyó en gran medida la unión, en el banquillo y en el campo, del mejor entrenador y el mejor jugador de la historia de Ucrania, el ‘viejo’ y admirado Lobanovsky y un prometedor Andrei Shevchenko (con el permiso de Oleg Blokhin). Entre el 97 y el 2000 cosecharon unos cuartos de final, unas semifinales y unos octavos de final, dejando en la cuneta a Barcelona, Real Madrid o Arsenal.

Su primera noche de gloria, la que daba a conocer a su generación a toda Europa, pues la temporada anterior ni siquiera habían accedido a la fase de grupos, fue en el Camp Nou, estadio al que regresan hoy en una situación completamente diferente. Fue el 5 de noviembre de 1997, en la cuarta jornada de la fase de grupos. El Dinamo llegaba líder, entre otras cosas, gracias a la goleada en su propio campo al Barcelona por 3-0.

El equipo de, por entonces, Louis Van Gaal, tenía un ultimátum, pues si caía sería eliminado a las primeras de cambio. Y así fue. Shevchenko, y su pareja de lujo Rebrov, que no fue nunca el mismo sin su ‘colega’ al lado, se auparon por encima de los Rivaldo, Figo, Giovanni y compañía. El joven Shevchenko se dio a conocer con un ‘hat-trick’ que dejó al Barcelona en uno de los momentos más caóticos de su historia.

Hoy, doce años después, un Shevchenko en declive y un Barça en el mejor momento de su historia se vuelven a ver las caras. Será con un Dinamo totalmente cambiado. No sólo por su nivel, mucho más bajo que el de entonces, sino también por su filosofía.

La globalización y la influencia del Shakhtar ha obligado al Dinamo, que siempre ha destacado por tener una plantilla repleta de jugadores de la casa y ucranianos, a disponer de multitud de jugadores sudamericanos y africanos que utilizan al equipo de Kiev como escaparate. Así ha aprendido el Dinamo a manejarse en su rol de secundario dentro del fútbol europeo.

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