Histórico
6 septiembre 2009Jesús Camacho

Balones de Oro: Kalle, el ejecutor (1980-81)

355740Año 1959 un chico de pelo rubio, tez rosada y solo cuatro años corretea tras un balón por la calles de Lippstadt. La región de Renania del Norte es testigo directo de la infancia de tres hermanos con un mismo sueño: ser futbolistas.

Karl, Michael y Wolfgang, hijos de un trabajador del metal que comparten un mismo sueño en el que el balón es el hilo conductor y el campo de juego la proyección de su intensa vida onírica.

El primero de ellos apodado “Kalle” comienza a despuntar cuando en 1963 ingresa en las filas del Borussia de Lippstadt, donde crece a medida que el Bayern Munich va entrando en la leyenda.

Un equipo que el joven “Kalle” admira y disfruta desde la distancia mientras madura en el fútbol amateur de Westfalia e inicia su vida laboral como empleado en prácticas en un banco.

Por aquel entonces nunca habría imaginado el bueno de “Kalle” que a la vuelta de la esquina le esperaba un futuro esplendoroso en Munich, donde los técnicos del Bayern descubrieron su incipiente talento para el fútbol.

Fue así  como en 1974 un joven llamado Karl Heinz Rummenigge pasó de jugar para el club de liga regional del Borussia Lippstadt al gran Bayern Munich por una transferencia de 17.500 marcos. El salto en principio no fue cuantitativo pero sí cualitativo para un chaval que pasaba del fútbol amateur al mundo profesional para codearse con leyendas como Beckenbauer, Sepp Maier y Gerd Müller.

El salto fue enorme, Karl dejó atrás su vida en Lippstadt pero no lo acusó, prácticamente sin percatarse pasó a colocarse en primera línea sucesoria de los grandes panzers del fútbol alemán, de los Rahn, Seeler, Müller y de la excelente generación de jugadores que hicieron grande el Bayern. Y eso que en un principio generó dudas hasta en el legendario capitán Franz Beckenbauer, que llegó a decir ¿Qué hacemos con él?

Con ese joven al que llamaban “Mejillas rojas” por su tez rosada, un apodo que acabó derivando en tono cariñoso en “Little Red Riding Hood” o lo que es lo mismo “Caperucita Roja”.

Con ellos y bajo la dirección técnica de Dettmar Cramer “el Profesor”, fue campeón de Europa e Intercontinental en 1976. Es incuestionable que a “Kalle” le tocó vivir una complicada etapa en la que una generación de oro comenzaba a despedirse paulatinamente, una generación de la que aprendió pero de la que también heredó la responsabilidad de la reconstrucción.

Así este delantero de 1,86 m, de estatura comienza a madurar y a dejar claro que está dispuesto a recoger el testigo histórico de los Beckenbauer y compañía. Rummenigge al que recuerdo como un delantero que no cumplía con los cánones del centrodelantero puro era veloz y ágil como el viento pese a su altura y complexión. Poseía un amplio abanico de habilidades para el regate, para la protección del balón, para el remate. Te podía matar por ambas bandas y por el centro puesto que además tenía una concepción privilegiada para el juego en el área, donde nos deleitó durante todas su carrera con goles de cabeza y especialmente con su sensacional bolea “marca de la casa”. Pese a que algunos no tengan gran concepto de Karl por el hecho de recordar su irregular etapa en Italia y sus ‘fracasos’ en las fases finales de los Mundiales, yo le recuerdo como un excepcional delantero, de aquellos a los que te gusta seguir y que cuando juegan contra ti les temes más que a una vara verde. Con tres regates te mataba y buscaba el hueco para armar su potente disparo, virtudes que le despejaron el camino para ser el líder del Bayern y de la selección alemana. Dos elásticas con las que explotó en el año 80, cuando tras seis años sin ganar la Liga alemana alzó nuevamente la Bundesliga. Era la época del FC.Breitnigge, nombre por el que se conocía al club bávaro por la extraordinaria sociedad que formaron en el terreno de juego dos futbolistas: Kart Heinz Rummenigge y Paul Breitner.

El año 80 fue mágico para “Kalle” puesto que además se erigió como máximo goleador de la Liga alemana (un trofeo que consiguió en tres ocasiones, 1980,81 y 84) y formó parte de la selección que dirigida por Jupp Derwall se alzó con el título de la Eurocopa de Naciones. En aquel equipo Rummenigge era la figura, de un sensacional conjunto que venció 2 a 1 en la final a Bélgica y que tenía en sus filas a hombres tan destacados como Harald Schumacher; Manfred Kaltz, Karl-Heinz Förster, Uli Stielike, Bernd Schuster, Hansi Müller, Hans-Peter Briegel…

En 1981 reeditaron el título de Liga regresó y un año más tarde se corona campeón de Copa con el Bayern. Precisamente en aquel año 82 el club bávaro se queda a las puertas del triunfo en la Copa de Europa, al caer en una final en la que el Aston Villa logró la victoria 1-0 con una contra mortal.

El año 83 es el del regreso de Udo Lattek al conjunto de Múnich, un técnico que acuñó un nuevo apodo para él: “Rummelfliege”, en clara alusión a su velocidad, a su vuelo hacia el gol.

En 1984 Rummenigge logra su último título con la casaca del Bayern, la Copa de Alemania, un año en el que se produce su traspaso al Inter por la cifra record de diez millones de marcos, la mayor cifra jamás pagada por un futbolista alemán.

En Italia su carrera entra en una nueva dimensión en la que como el mismo declaró  vivió una etapa en la que vivió mejor que jugó. Rummenigge con el pasó del tiempo lo reconoció de la siguiente manera: “La mejor vida la tuve en Italia, pero el mayor éxito, en Múnich”. El delantero alemán se convirtió en el jugador mejor pagado después de Diego Maradona, aunque con la casaca del Inter no consiguió ningún título. Era aquel Inter de  los Zenga, Brady, Bergomi, Tardelli, Fanna, Altobelli, Rummenigge…

Aquel al que el Madrid le endosó un duro 5 a 1 en el Bernabeu en la UEFA de la temporada 84/85. Karl posiblemente por el periodo de adaptación y las lesiones no pudo rendir al nivel esperado y pese a que dejó  acciones y goles para el recuerdo jamás se le pudo ver al 100% sobre los campos italianos.

Esa quizá  haya sido una de las espinas de su brillante carrera, las otras todas clavadas con la camiseta de la selección nacional alemana. Y es que pese a haber disputado tres mundiales (1978, 82 y 86) y haber sido decisivo con sus goles para la clasificación de Alemania para esas fases finales, en ellas y en concreto en las de España 1982 y México 1986 se quedó con la miel en los labios y a un paso de tocar la gloria. Posiblemente por ello, por esa aparente ausencia de determinación en las finales (aunque en el 82 jugó mermado en el aspecto físico y en 86 se encontraba en el crepúsculo de su carrera) no alcanzara la categoría legendaria de los Fritz Walter, Müller o Beckenbauer.

Aún así  para mí y para otros muchos es y será un delantero de leyenda como lo certifican los 162 goles anotados en 310 partidos de liga con el Bayern y sus 95 internacionalidades y 45 goles con Alemania.

Paradójico aún más resulta el hecho de que uno de los grandes del fútbol alemán tras dos buenos años en el Servette de Ginebra, abandonara el fútbol en activo en 1989 en un partido que convocó sólo a 2200 personas.

Afortunadamente en nuestro recuerdo encontramos a ese excepcional delantero que deslumbró con la camiseta del Bayern y fue coronado en dos ocasiones Mejor jugador de Europa con la concesión de los Balones de oro en 1980 y 1981.

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