Histórico
12 agosto 2009Jose David López

Macedonia, a la ‘conquista’ mundialista

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Alejandro Magno, ese líder militar tan ambicioso como soñador que conquistó espada en mano el Imperio Aqueménide, es el mayor reflejo de la historia para los macedonios y el mito que inspira sus metas. La actual Macedonia eslava sólo conserva un 1% del territorio que su héroe gobernó, mínimo para los historiadores pero suficiente motivo de orgullo para un pueblo que históricamente ha deambulado en conflictos, lo que le mermó como nación. Dominada por búlgaros, turcos, griegos y serbios, no logró su ansiada libertad hasta 1991, cuando declaró su independencia de Yugoslavia. Desde entonces, el país lucha por reconocer su nombre mundialmente pese a las quejas de Grecia y por serenar las tensiones con los albaneses, que aglutinan el 30% de su población.

Una lucha eterna, imperecedera y tensa que se reflecta también en su fútbol, que entró oficialmente en la FIFA en 1994 y que cumple esta semana 100 años de existencia. Para celebrar el centenario de la entrada del deporte rey en el país, nada mejor que invitar al equipo de moda, una España que les servirá para hacerse notar y, sobre todo, para prepararse ante las dos finales que le esperan en las próximas semanas. Dos visitas consecutivas en apenas cinco días a Escocia y Noruega decidirán su suerte rumbo a Sudáfrica o a su enésima decepción. Macedonia jamás ha entrado en las quinielas como candidato a una fase final mundialista pero ahora, pese a la dimisión del gran Srecko Katanec (seleccionador más reputado hasta ahora), la reacción del combinado ha sido buena, ha sumado cuatro puntos en dos partidos que le mantienen en la pugna y está más cerca que nunca de cumplir su máxima aspiración, acudir a un Mundial.

Los Leones Rojos, dirigidos ahora por el macedonio Mirsad Jonuz (ex seleccionador Sub 21), suman siete puntos en el grupo que lidera con absoluta supremacía Holanda. Ante los oranje, con dos empates históricos, se lograron los mejores resultados de su corta vida, que alcanza ahora poco a poco la madurez que anhelaban hace años. El combinado ha dejado atrás parte de su inexperiencia y aunque la mayoría de sus jugadores no disputan competiciones de máximo nivel, la madurez en edad ya les ha alcanzado, por lo que se hace indispensable sacar máximo partido a un momento que puede costar mucho tiempo repetir.

El poder macedonio reside, como es normal, en su fuerza colectiva. No existen estrellas de relumbrón (a excepción del laciale Pandev), con lo que toca tirar de orgullo, trabajo y sacrificio global para sacar adelante resultados que aseguren, al menos, el lucimiento en un escenario de primer nivel. Jonuz, conocedor del grupo por sus años en la Federación y con la intención de conceder oportunidades a cualquiera que lo merezca, ha trastocado ligeramente el once desde su llegada al banquillo y ha dejado ver algunos cambios en sus dos únicos partidos oficiales disputados. Una victoria ante Islandia (2-0) y un empate contra Noruega (0-0).

En la portería ha dado prioridad a Nikoloski, un portero veterano que juega actualmente en el Paphos de la Segunda División griega pero que con el nuevo técnico se impone en el baile de guardametas que estaba lidiando con Milosevski y Pacovski. En defensa los nombres están algo más claros con Mitreski (Cottbus) y Sedloski (Mattersburgo) como los jugadores con más minutos de todo el equipo y Lazarevski, Noveski (Mainz) y Popov (titular en el Heerenveen) como compañeros en constante rotación por dos puestos. Suele formar la medular con cuatro hombres pero a veces con un mediapunta que actúa entre líneas y que sirve de conexión y de creador ante la falta de recursos. Sumulikoski (Preston) puede desempeñar esta tarea acompañando a Georgievski, Despotovski y Grozdanovski. El gol lo pone Pandev (apartado del Lazio por conflictos con su presidente), el hombre sobre el que se centra el juego ofensivo y sobre el que recae la presión de finalizador, para la que también suele dejarse notar el gigante polémico Naumoski y el velocísimo Stojkov, un arma perfecta para la contra y un ratón de área.

Alejandro Magno quería colocar a Macedonia como dominador del mundo y ahora, siglos y siglos después, sus descendientes están un pasito más cerca de conseguirlo.

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