Histórico
14 agosto 2009Jesús Camacho

Balones de Oro: Kevin Keegan, el “Latino de Yorkshire” (1978-79)

keegan-hamburgEn las décadas de los setenta y primera mitad de los ochenta el fútbol europeo produjo una serie de grandes y brillantes futbolistas de entre los que podríamos citar a Gerd Müller, Franz Beckenbauer, Boniek, Lato, Blokhine, Deyna; Giresse, Rummenigge…pero si tuviéramos que elegir a los dos reyes del fútbol europeo de la época con el permiso de Franz Beckenbauer citaríamos a Johan Cruyff y a Michel Platini. En cualquier caso entramos ya en una clara etapa de evolución futbolística, un juego que comienza a ser practicado a otro ritmo y en el que las estrellas paulatinamente van incorporando a su amplio repertorio técnico una base física y atlética imprescindible para destacar y consolidarse en la elite. Llegados a este punto volvemos a encontrarnos con una de esas paradojas que convierten al fútbol en un deporte diferente. Y es que desde Gran Bretaña y en concreto desde la localidad de Armthorpe (South Yorkshire), cerca de Doncaster (Inglaterra) surgió un pequeño y genial futbolista, lejano en su concepción futbolística al estereotipo del futbolista inglés. Un pequeño diablo de regate cósmico, chispa y sabor latino en su juego, de nombre Kevin y apellido Keegan, otro de esos brillantes cracks que marcaron época en aquellos años setenta y ochenta.

Trazar su perfil esférico nos conduce ineludiblemente a la brillante historia de dos clubes, el primero el Liverpool, donde Keegan fue pieza básica del mejor conjunto red de la historia, ídolo de The Kop y arma de destrucción masiva de Bill Shankly, y el segundo el Hamburgo, club en el que “Super Ratón” dejó también una huella imborrable.

Un talento superior capaz de influir de manera crucial en el destino de un equipo, el artista, la persona que trasciende al mito y se cuelga del abismo creador con la genialidad como paracaídas. Puro y natural, con una historia personal plagada de anécdotas. Como la que protagonizó un pequeño llamado Kevin que soñaba con jugar algún día en los Doncaster Rovers, ese equipo que obvió su talento en frasco pequeño y lo rechazó en una prueba del equipo juvenil. Un duro revés para un joven que nunca olvidó, un traspiés que resarció años más tarde, cuando ya con la camiseta del Liverpool materializó los dos tantos con los que el conjunto red logró empatar ante el Doncaster Rovers. Cuentan que aquel día Keegan abandonó el terreno de juego con una amplia sonrisa dibujada en su rostro, una sonrisa no surgida desde la venganza sino desde la satisfacción que le producía el hecho de haber superado una difícil prueba vital que le condujo a ser mejor si cabe.

Así era el Keegan futbolista, un jugador explosivo que expresaba desde la genialidad, al que Shankly le decía antes de saltar al terreno de juego: “Sal y suelta unas pocas granadas de mano por todos lados hijo”. Ese mismo que protagonizó otra genial anécdota con Shankly en 1971. En aquel entonces y con ocasión de un partido ante el West Ham United en el que militaba el mítico Bobby Moore, Bill le lanzó el siguiente discurso: “Hijo, he podido observar que Bobby Moore parece una náufrago, tiene ojeras, está cojo. Tiene caspa y parece haber salido de un club nocturno”. Durante el partido Moore hizo un gran marcaje a Keegan pero aún así el genial jugador del Liverpool marcó. Después del partido Shankly le dijo a Keegan “Sí que es cierto que Bobby Moore ya no es el mismo pero usted nunca volverá a jugar contra nadie mejor que él“.

Intensa relación la que mantuvieron Bill y Keegan, técnico y crack, la pieza que le faltaba para encajar aquel Liverpool que estaba reconstruyendo. Una relación que se inició en 1971, cuando el Liverpool de Shankly se cruzó en la Copa con un modesto conjunto de la cuarta división inglesa, el Scunthorpe United. Shankly quedó impresionado con el talento de un fino y letal medio creativo, un futbolista que podía hacer mucho daño en banda derecha pero que también se movía de cine entre líneas y en punta. Ese jugador era Keegan, que acabó aterrizando en Anfield ese mismo año, previo pago de 35.000 libras en concepto de traspaso. Pese a ser natural de Yorkshire, fue querido como un verdadero “Scouser” en Anfield. Nada más llegar se ganó el corazón de la hinchada, en su debut ante el Forest hizo su primer gol y The Kop lo adoptó como gran ídolo. Figura de un gran equipo, el “Latino de Yorkshire” que con la camiseta del Liverpool  llegó a jugar 230 partidos, anotar 68 goles y catapultar a los reds a la conquista de la Copa de Europa en 1977, dos Copa UEFA en 1973 y 1976, tres Ligas, en 1973, 1976 y 1977 y una Copa Inglesa en 1974.

Impresionante palmarés de un jugador que conformó una letal pareja con John Toshack, ambos tenían un entendimiento y una conexión casi telepática, fueron como “Batman y Robin” en aquel Liverpool de los también magníficos Clemence, Neal, Mcdermott, R.Kennedy…

Todo fue así hasta el año 77, en le que Keegan que venía de conquistar la Copa de Europa, la Liga y disputar la final de la FA Cup, tomó la decisión de marcharse. Su pase al fútbol alemán generó gran conmoción, la afición del Liverpool lloró desconsoladamente su marcha. Kevin tomó rumbo hacia la Bundesliga, llegó a un histórico que luchaba por volver a ser grande y que acababa de vencer la Recopa al Anderlecht con unos emergentes Kaltz y Magath. Un equipo que con la incorporación del inglés se convirtió en uno de los mejores de la Bundesliga. El Hamburgo SV pagó medio millón de libras, para Keegan era una dura reválida, el fútbol alemán era un fútbol distinto al inglés y muchos consideraron en ese momento que su nueva aventura estaba condenada al fracaso. En un principio le costó adaptarse, pero luego tras una primera temporada gris se produjo la llegada de Branko Zebec, que logró sacar lo mejor del inglés.

Keegan  sacó a relucir todo su repertorio, esto propició que el HSV comenzara a desplegar su fútbol apisonadora, aquel que le llevo a la conquista de la Bundesliga por primera vez en su historia en la temporada 1978-79. Los hinchas del HSV enloquecieron con la pequeña bala inglesa, un futbolista que se ganó el apodo de “Super Ratón”, en referencia al popular personaje de dibujos animados. Su influencia positiva para el equipo fue tal que junto a él se forjaron estrellas como ‘Manni’ Kaltz y Horst Hrubesch y se consagraron otros como Félix Magath. En la última temporada  de Keegan en el HSV, terminó segundo en la Bundesliga y llegó a la final de la Copa de Europa, donde fue derrotado por el Nottingham Forest.

Desafortunadamente tras su marcha del Hamburgo no volvió a su mejor nivel, jugó en el Southampton y Newcastle y en España 1982 (su único Mundial) solo disputó 27 minutos. Aún así su fútbol permaneció para siempre, ese fútbol que le llevó a ser reconocido en toda Europa y a lograr el Balón de oro durante dos temporadas consecutivas, en 1978 y 1979.

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