Histórico
20 julio 2009Francisco Ortí

Villa y el regalo del silencio

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En la época de la sobreinformación el silencio significa dinero perdido. Lo importante es hablar siempre. Decir algo. Lo que sea. Sea verdadero o falso. Es más, si es falso mejor porque seguramente provoque escándalo y, como consecuencia, genere más ingresos. Walter Cronkite era lo opuesto a este ideario. Durante 20 años presentó los informativos de la CBS diciendo únicamente que la verdad. Favoreciese a quien favoreciese. Se le consideró como el hombre más fiable de Estados Unidos y nunca se supo si simpatizaba con demócratas o republicanos. Sólo luchaba por la verdad. Si sabía algo lo contaba, si no guardaba silencio.

Dicen que con la muerte de Walter Cronkite también ha muerto el periodismo. Mientras unos intentamos insuflar desde dentro un poco de aire a la moribunda idea de periodismo que defendía Cronkite; otros, quizá ajenos a la figura del venerado presentador de la CBS, representan sus valores de verdad y respeto. David Villa ha conjugado esas dos virtudes guardando silencio. Se le ha atribuido declaraciones de todo tipo. Se le ha vestido del Real Madrid y también con la del Barcelona. Ha estado hundido un día y alegre después. Y todo ello, sin que el delantero asturiano abriera la boca.

Con su silencio David Villa ha demostrado el respeto que tiene al Valencia, aunque éste no sea recíproco. Viendo casos como el de Franck Ribéry, que se pierde entre pataletas para forzar su traspaso, se engrandece la figura del delantero asturiano. Se ha mantenido alejado de los micrófonos durante todo el verano. No ha levantado la voz y se ha movido por una línea de seriedad y respeto, esperando ser tratado de la misma manera, aunque no lo ha conseguido. Su representante le paseaba mercancía y lloraba a través de comunicados, el Barcelona y el Real Madrid le querían y luego no le querían, al igual que el Valencia, que le declaró transferible, luego intransferible, y finalmente podría ser vendido por una cantidad “escandalosamente escandalosa”.

Ha sido un verano agitado para David Villa y ha sido el único que ha sabido mantener la coherencia en este bochornoso culebrón informativo que se ha interpretado. El delantero asturiano tuvo el lícito deseo de prosperar profesionalmente, y eso hay que entenderlo. Pero el Valencia no ha querido dejarle marchar porque quiere continuar contando con uno de los mejores delanteros del mundo. Eso también es comprensible y Villa lo entiende, incluso hasta le halaga.

El delantero asturiano y el Valencia han pasado una de sus peores crisis, pero seguro que logran recuperarse. Villa ya se encuentra en Valencia y parece que de buen humor. Sus compañeros están dichosos de poder continuar compartiendo vestuario con él y la herida en el corazón de la afición no tardará en cicatrizar. En realidad esa herida nunca se debió abrir. Aunque Villa se quisiese marchar, su silencio fue la mejor muestra de valencianismo. And that the way it is.

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