Histórico
28 julio 2009Jesús Camacho

Balón de Oro: La Flecha ucraniana (1975)

blokhinEn los Juegos Olímpicos de Munich ’72 un velocista soviético logró sorprender a los favoritos estadounidenses ganando el oro en 100 y 200 metros. De esta forma se convirtió en el único velocista europeo en conseguir el citado doblete. Su nombre Valery Borzov, un atleta que corría como el viento, componente de una generación de deportistas del otro lado del Telón de Acero que llevaron la disciplina y el esfuerzo a sus máximas cotas y que trabajaron para mantener el pulso en aquella “Guerra Fría” a los atletas norteamericanos.

Atletas que hicieron muy bien su trabajo para el Gobierno soviético, deportistas que basaron su éxito en la extrema disciplina y en la innegociable anexión y entrega al régimen comunista. Atletas de disciplina militar, becados y coartados por un régimen totalitario conocido como estalinismo. Dicen que atletas fríos como el hielo, duros como el invierno moscovita y veloces como el viento polar que atraviesa la Plaza Roja. Pero también atletas de gran talento y aunque no estrellas al uso, sí con la misma genialidad que ha caracterizado a esta estirpe de deportistas en cualquier otra parte del mundo. Son muchos los ejemplos desde Streltsov y Beskov a Netto y Valentin Ivanov, pasando por Belanov, Bobrov, Beskov o Ponedelnik y finalizando en Yashin, en el Coronel Lobanovsky o en Grigori Fedotov, todos ellos primeras estrellas del fútbol soviético.

Y de esa misma estirpe de atletas que atraviesan el viento como una centella surgió  Oleg Volodymyrovych Blokhin, hijo de una velocista reconocida llamada Yekaterina Adamenko, que heredó en su material genético las cualidades de su madre. Esas cualidades que Oleg llevaba en su material genético desde que vino al mundo en el 52  en la ciudad ucraniana de Kiev y que le llevaron gozar del apoyo de su madre y del citado Valery Borzov. Y es que ambos eran conscientes de que los 10,8 segundos que invertía en correr cien metros o los 6,5 metros que volaba en salto de longitud podían llevarle a la gloria olímpica si se dedicaba al atletismo. Tanto uno como otro intentaron que Oleg dejara la hierba para volar en el tartán, pero aquellos consejos por fortuna para el fútbol, cayeron en saco roto puesto que Blokhin (apellido que se puede transcribir al castellano como Blojin) tenía muy claro que quería ser futbolista. Y volando a ras de césped fue descubierto por los técnicos del Dinamo de Kiev, que vieron en aquel chico a un fenomenal atleta capaz de no dejarse el balón atrás a velocidad de crucero, unas cualidades que unidas a su clase y su tremendo disparo le convertían en un futuro crack de clase mundial. Así le vio un viejo zorro llamado Valery Lobanovski, el Coronel, que apadrinó a ese talentoso futbolista que le conduciría a tan grandes cotas.

Pronto fue ascendiendo escalones tanto en su carrera deportiva como militar, si en la militar llegó al rango de comandante, en la deportiva llegó a ser el almirante del fútbol soviético de su época. En 1971 contaba con 19 años de edad y de una tacada salió campeón de Liga, de Copa, y máximo realizador del Campeonato soviético.

Con el Dinamo obtuvo ocho campeonatos de Liga, el primero en 1971 y el último en 1986, además conquistó cinco Copas soviéticas y fue máximo realizador del Campeonato soviético en cinco ocasiones. Lo curioso de su caso es que pese a sus 211 goles en 423 partidos con el conjunto de Kiev, no era considerado un consumado o especialista en el gol. Y es que Blojin era mucho más, un tipo que volaba pegado a la banda, dotado de gran técnica y extremada velocidad, un jugador que por su calidad al pisar el área explotaba al máximo sus otras dos grandes cualidades el pase y el potentísimo disparo. Era un excepcional futbolista, de gran clase, que llevó a la URSS a la conquista de dos medallas olímpicas en 1972 y 1976 y que dejó para la historia el récord de partidos internacionales (112) y de goles (42) con esa camiseta.

Aunque Blojin era sobradamente conocido en su país, su reconocimiento a nivel internacional le llegó en 1975, cuando maravilló a todos en la final de la Recopa de Europa, en la que el Dinamo se impuso a Ferencvaros por tres tantos a cero y en el que Blojin hizo uno de ellos. Precisamente ese mismo año vuelve a hacer una exhibición de clase, gol y velocidad en la Supercopa de Europa, un encuentro en el que Oleg le hizo tres tantos al todopoderoso Bayern de Múnich, y especialmente destacable uno de ellos, un golazo en el que el ya conocido como “La Flecha ucraniana” sentó a medio equipo alemán, incluido el Kaiser Beckenbauer y puso la guinda a una actuación memorable.

De esta forma mostró su fútbol al mundo puesto que pese a disputar dos mundiales con la casaca de la URSS tuvo que aguardar casi once años para volver a mostrarse al mundo. En esta ocasión fue en 1986, cuando con otro gran y joven Dinamo liderado en la recta final de su carrera por Oleg, conquistó su segunda Recopa ante el Atlético de Madrid en Lyon, donde en un partidazo le endosaron un contundente (3-0) a los colchoneros.

Habían pasado once años de su última conquista pero Oleg en ese periodo había tenido la oportunidad de aumentar su grandeza a nivel internacional en dos mundiales, el primero en España 1982 y el segundo en México 1986. Paradójicamente en ambas citas los arbitrajes acabaron con el sueño de la URSS y de Oleg. El primero de Lamo Castillo en el Brasil – URSS de 1982 y el segundo en México 1986, cuando en el partido entre la Unión Soviética y Bélgica, la URSS cayó injustamente por 4-3 tras recibir al menos dos goles en fuera de juego clamoroso

De esta forma este maravilloso futbolista solo pudo mostrar su talento a nivel internacional en contadas ocasiones, pero en su caso, como en el de otros tantos deportistas de la extinta URSS tenía el enemigo en casa. Y es que pese a ser objeto de deseo para los grandes clubes europeos, la normativa de la extinta URSS, impedía la salida de sus deportistas al otro lado del telón. En el caso de Blojin aunque fue pionero en ello, tuvo que vivir muy a pesar suyo, muchos años como futbolista más que amateur, diría que militar, puesto que Oleg siendo una estrella de nivel mundial y habiendo podido labrar una carrera brillante en el aspecto deportivo y económico, no llegó a ser futbolista profesional hasta la edad de 36 años. Fue entonces cuando en 1987 se convirtió en el primer futbolista en salir de su país para jugar en la Liga austriaca con el Vorwaerts Steyr y luego en Grecia con el Aris.

En definitiva el fútbol de esta “Flecha Ucraniana” voló por los campos soviéticos pero siempre nos quedará la duda de qué hubiera pasado si ese chico al que France Football le otorgó el Balón de oro en 1975, en lugar de permanecer en la URSS, hubiera volado mucho antes por los campos europeos que te convierten en leyenda. Una leyenda que fue en su país, donde inició la sensacional saga de excelsos delanteros del  Dinamo de Kiev que continuaría con Belanov y Shevchenko.

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