Histórico
21 julio 2009Jesús Camacho

Balón de Oro: Der Kaiser (1972 y 76)

beckenbauer1_ima_070774Desde que nacemos nos cruzamos con un sin fin de personas, algunas modifican en algo nuestra vida, otras simplemente pasan de largo sin dejar trazo alguno a su paso y otras alteran nuestro destino, nos desvían de nuestros planes y nuestra historia sufre una variación importante. Sucesos que adquieren una dinámica intensa, y lo que parece realidad absoluta en un momento dado, luego tiene otra configuración, para bien o para mal. Eso fue lo que le sucedió a un chico nacido en la localidad alemana de Munich-Giesing, en la que comenzó a desarrollar su tremendo caudal futbolístico en las filas del SC Munich ’06, conjunto desde el que soñaba dar el salto al  TSV 1860 Munich, del que era fiel seguidor.

Cuentan que en 1958, aquellos chicos del SC Munich’06 carecían de financiación para seguir adelante con el equipo y disputaban un torneo de categoría sub-14, tras el cual tenían pensado unirse al Munich 1860 que también participaba en el evento y del que eran fieles seguidores. Los planes de los chicos eran bastante claros hasta que llegó aquella final en la que el Munich’06 y el Munich 1860 se vieron las caras. En aquel partido, ese prometedor jugador que jugaba como delantero tuvo más que palabras con el medio centro del 1860. Fue un encuentro bronco con graves incidentes y confrontaciones físicas llegando al punto de que uno de los futbolistas del TSV 1860 Munich le dio un puñetazo en la cara. Unos incidentes que generaron un rencor evidente tanto en él como en sus compañeros por lo que aquellos planes de los que os hablé al comienzo se fueron al traste. Ese chico tenía 13 años, era seguidor del 1860 Munich, y su deseo era ingresar en el club pero el citado incidente, provocó un cambio de pensamiento en sus ideas de futuro que le condujeron al Bayern Munich, un club por entonces mucho más modesto.

Así comenzaba la historia de un chico llamado Franz, una reminiscencia de los Emperadores de Austria y que como aquellos marcaron una época en la historia. En este caso en la historia del fútbol, en la que le vino como anillo al dedo el citado sustantivo puesto que el protagonista de esta historia y de apellido Beckenbauer fue el Emperador del Bayern Munich y del fútbol alemán en la década de los sesenta y setenta.

En las filas del Bayern fue lo que Di Stefano para el Madrid, Pelé para el Santos o Cruyff para el Ajax. Debutó el 6 de junio de 1964 en un encuentro ante el Stuttgarter Kickers en la posición de ala izquierda y pronto dejó patente en la Liga Regional que era un futbolista de época. En 1965 vivió el ascenso del Bayern a la primera alemana, y a partir de aquí comenzó a cambiar la historia de su equipo y del fútbol alemán. Progresivamente Franz (que se formó futbolísticamente como delantero) fue atrasando su posición y viendo cada vez el fútbol más claro.

Aquel modesto equipo liderado por Franz dio un tremendo salto de calidad y con Sepp Maier y Gerd Mülller como mejores socios se convirtió en uno de los punteros del fútbol germano. Beckenbauer se convirtió en capitán del equipo para la temporada 1968-69 y llevó a su club a su primer título de liga.

Con Gerd Müller tenía una conexión especial, casi telepática, que reportaría numerosos éxitos al club. Esta tripleta de jugadores conformó la que sería conocida en su país como “La Santísima Trinidad del Bayern”.

Con ellos el Bayern vivió una época de ensueño que quedó retratada con la conquista de 3 Copas de Europa en 1974, 75 y 76; 1 Copa Intercontinental en 1976; 1 Recopa de Europa en 1967; 4 Bundesligas conquistadas en 1969, 72, 73 y 74 y 4 Copas alemanas logradas en 1966, 67, 69 y 71.

Beckenbauer fue para el Bayern lo que fue para la RFA, su jugador emblema, desde que con veinte años y en el Mundial de 1966 mostró su tarjeta de visita al mundo. Franz hizo dos tantos en la victoria sobre Suiza, le hizo otro al mítico Yashin en la victoria 2 a 1 sobre la URSS y en la final ante Inglaterra le tocó marcar a una leyenda. Aunque Alemania besó la lona, cuentan que fue el partido en el que Sir Bobby Charlton tocó menos balones de su carrera. Fue un trabajo defensivo modélico, limpio, de un jugador que tenía botas de terciopelo, que demostró un entendimiento casi telepático con Helmut Haller, ese mismo entendimiento que logró con Gerd Müller y que tantas victorias le dio al Bayern y a la selección germana. Como bien dijo Franz, Inglaterra se llevó el título porque Charlton fue un poco mejor que él.

Posteriormente en México 1970 y en la semifinal ante Italia, jugó buena parte del partido con el brazo en cabestrillo y pegado al cuerpo, soportando el dolor de una clavícula maltrecha. Esas imágenes las he visto una y mil veces, y he de confesar que aún me sigue impresionando como un tipo vestido de futbolista puede seguir siendo igual de elegante en esa disyuntiva. Pura épica de un jugador que pronto saboreó el éxito con la casaca de su selección, la primera en la Eurocopa de Naciones siendo Campeón en Bélgica 1972, en la que Alemania venció en la final a la URSS 3 a 0. Y la segunda y la que recordamos todos, la victoria en el Mundial disputado en su país en 1974.

Uno de los mejores recuerdos deportivos de su vida, Franz fue el líder de una selección que contó también con grandes futbolistas como Paul Breitner, Wolfgang Overath y su gran amigo Gerd. Aquella Alemania de Beckenbauer, se alzó con el triunfo tras una emocionante final ante la Holanda de Cruyff (2-1). Un duelo de leyenda del que salió vencedor Franz pero que por encima de todo encumbró a dos genios y a un nuevo estilo de fútbol. Sin duda para el fútbol hubiera sido más justo que Holanda fuera la campeona, por la generosidad de su fútbol, por el espectáculo y por Cruyff, pero Alemania era Alemania y tenía también un equipazo.

Si tuviera que definirle en una palabra esta sería la inteligencia y eso que de elegancia iba sobrado, pero es que Franz era un defensa con alma de enganche, de volante ofensivo, un jugador con una riqueza técnica envidiable, Franz nos sorprendía por esa autoridad que ejercía sobre la pelota y sus rivales: “Yo llevo la pelota, la percibo con el pie, mi vista al frente, a lo lejano, jamás la miro, la deslizo al igual que mi cuerpo para observar los movimientos de mis compañeros”.

Ese era el “Kaiser”, en una ocasión escuché a Cruyff decir que con cinco metros cualquiera podría jugar al fútbol pero en el caso de Franz tengo la sensación de que esos cinco metros eran suyos, atajos vacíos por los que Franz se deslizaba con esa insultante superioridad que causaba tanto respeto a sus rivales.

Utilizaba a la perfección todos los conceptos tácticos y técnicos de un líbero, asistiendo en el corte en ambas bandas, ejerciendo sus dotes de mando y anticipándose en el momento oportuno. Además poseía un amplio fondo de armario en lo referente a juego ofensivo, calidad técnica, visión de juego. Por si todo ello no fuera suficiente tácticamente era un tipo muy inteligente, aunque muchos crean que Franz solo sabía salir de forma exquisita con el balón en ocasiones sorprendía a propios y extraños con un pelotazo a la grada, lo hacía para comenzar de nuevo y ordenar a sus compañeros que se colocaran bien sobre el terreno de juego.

Un genio al que un periodista alemán le bautizó con el sobrenombre de “El Kaiser”, para nada excesivo tal y como reconoce su compañero de equipo y selección Schwarzenbeck, «Katsche», uno de los que jugó más cerca de él: «Franz Beckenbauer no miraba el balón, sino que lo percibía con el pie». Lo cual era un problema para el resto del equipo, que también quería jugar. «Esos pases, sacados sin aviso desde la articulación del pie eran difíciles de reconocer y bastante difíciles de tomar». «Me alegra poder haber vivido en su era». Un Emperador al que France Footbal entregó su cetro dorado en 1972 y 1976.

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