Histórico
22 julio 2009Jose David López

Asprilla, el goleador atolondrado

asprilla-2“Pensaba que eran los campeones de Europa, que no había nadie mejor que ellos y que eran los más grandes”. Esas palabras, comentadas por un compañero tan sabio como Iván Castelló, evocaban a la actitud descentrada, descuidada y hasta irracional de uno de los mejores delanteros sudamericanos de los últimos tiempos. “Hablabas con él, le explicabas que era la segunda competición en importancia de Europa pero sólo entendía que tenían un título entre manos, que todos estaban contentos y que el palco les colocaba como reyes continentales a ojos de todo el planeta”, continuó. Esas sensaciones desprendía el grandísimo Faustino Asprilla cuando ganó por vez primera la ya extinta Copa de la UEFA. Una mezcla de sensaciones. Ingenuidad, locura y pasotismo que desprendía el mejor goleador colombiano de todos los tiempos.

‘Tino’, como le conocían en su querida Tuluá (un asentamiento indígena situado en el suroccidente del país donde se crió), nunca abandonó su fuerte personalidad. Era un atleta que podía conseguir cualquier registro gracias a su físico portentoso pero, por desgracia para él, esa máscara que le cubría simplemente escondía una ingenuidad y una enorme ignorancia por un mundo que jamás entendió y con el que nunca se llevó bien. Tozudo, arisco, arcaico en sus axiomas personales pero, sobre todo, boyante en el día a día, que no conoció una mañana sin risas ni una noche sin alarmas. Una vida llena de sobresaltos, excentricidades, polémicas y goles, muchos y de todos los colores aunque, como dijo el periodista sudamericano Mauricio Silva, Asprilla fue el mejor ejemplo de la extravagancia futbolística: “Asprilla no quiso ser el mejor jugador del mundo”.

Faustino empezó su tortuosa carrera en la Escuela Carlos Sarmiento Lora, una institución nacional nacida en 1984 como un homenaje a la memoria del más famoso industrial de su localidad. La escuela, que ahora tiene más de 600 niños, se especializa en la formación físico-atlética, técnica y moral de niños de toda la región occidental del país sin distingo de clases sociales, lo que permitió a los Asprilla poder perfeccionar las cualidades de su hijo. Un Fausto que se convirtió en una perfecta maquinaria deportiva, alargó sus piernas, mejoró su agilidad y sorprendió con una velocidad de crucero que doblegada a los jóvenes de su generación. El singular Cúcuta Deportivo lo adquirió con sólo 18 años y en su primera campaña al primer nivel, fue el debutante de oro con 17 goles que lo colocaron como referencia goleadora de todo un país. Con los ‘cafeteros’ enloquecidos por la nueva perla, su traspaso a Atlético Nacional levantó ampollas en el fútbol colombiano que, pese a todo, no pudo disfrutarle mucho más. Dos campañas con los Verdolagas, 32 goles más y una aventura europea le estaban esperando.

El Parma italiano, que estaba en pleno crecimiento y empezaba a dejarse ver en los principales escenarios continentales. Los del Ennio Tardini acababan de ascender y en sus filas, a base de talonario, lograron unir a mitos como Taffarel, Brolin, Dino Baggio, Fernando Couto, Benarrivo y cracks consumados como Zola. Con Nevio Scala en el banquillo, el aterrizaje de Asprilla respondía a la demanda de un ‘killer’ que consumara la creatividad de la línea de llegadores con la que contaban los parmesanos, que esa misma campaña había vencido a la todopoderosa Juventus en la final de Coppa. Fue el inicio de una fantástica camada de futbolistas cuyo destino inmediato fue colocar al Parma entre los grandes ya que en apenas dos años más los Crociati sumaron la Recopa de Europa, Supercopa y Copa de la UEFA, la que descentró a ‘Tino’.

Como artillero del equipo gialloblu, el ‘cafetero’ tuvo altibajos regulares que iban a ser la constante en su carrera. Empezó bien, convincente, capaz y confiado en su pundonor, que le llevó a ser propuesto para el Balón de Oro, pero su holgazanería empezó a aparecer en los entrenamientos diarios y su vida privada se convirtió en una losa demasiado apetecible como para dejarlo a un lado. Tuvo una relación sentimental con una famosa actriz de cine erótico, su rendimiento fue en declive y, como no podía ser de otra manera, su importancia fue decayendo día tras día al son de una alegría que había desaparecido de su rostro. En Italia apenas se le vieron detalles y pese a que sus goles llegaron en momentos puntuales y claves para el bien de su equipo, sólo un tanto en UEFA y un tiro libre que rompió un largo invicto del Milan, hacen hoy honor a sus andadas italianas. Con el caché algo reducido y buscando renovar su imagen, recaló en el sempiterno rey de los problemas, un Newcastle en el que sólo marcó nueve goles en dos campañas y donde se le recuerda por haber logrado un hat-trick en Champions ante el mismísimo Barcelona. Una grave lesión de rodilla le defenestró poco a poco y aunque regresó al Parma, su margen para el optimismo era escaso.

Sin plan pre-establecido y fuera del universo de los pesos pesados, Asprilla empezó una delicada e irregular travesía por infinidad de equipos sudamericanos donde se ganaba el jornal con la explotación de una imagen que mucho debía a su pasado. En Colombia siempre fue un personaje querido cuando su rendimiento con la selección fue pleno, siendo la fase clasificatoria al Mundial 1994 (con Maturana como técnico), su mejor momento profesional. Protagonista con dos goles en la mítica victoria (5-0) ante Argentina, encumbrado como el punta sudamericano del momento y dispuesto a pegar fuerte en USA 94, ‘Tino’ fue una víctima más de un exceso de euforia que tumbó la mística colombiana, que terminó en desgracia y sin cabriola (celebración típica de Asprilla). Cuando volvió a ser importante para su país, ya en 1998 y tras varias lesiones de gravedad, el killer plasmó su veredicto con un nuevo acto de indisciplina que le llevó a ser expulsado y a retirarse (salvo casos especiales) del combinado cafetero. Eso sí, en un partido ante Chile tuvo tiempo de ironizar sobre el tamaño de sus genitales con un rival.

Estos golpes minaron en exceso un carácter guerrero, endeble a los contratiempos y descontrolado ante las adversidades, lo que generó un sinfín de problemas que apagaron la llama de ‘Tino’. Todas las excentricidades que le habían acompañado hasta ese momento quedaron en una simple dedicatoria pues Asprilla sobrepasaba constantemente la línea que convierte un problema en escándalo. Desde muy joven, Asprilla deslumbró por su velocidad y por sus gambetas. Sin embargo, también lo hizo por su tendencia a reclamarle a los árbitros, su gusto por las mujeres hermosas, la bebida, la vida nocturna y las armas de fuego. Una noche de tiroteo contra los vecinos, otra tarde lanzando balas en una parcela de su propiedad, una operación para blanquearse la piel (con la excusa de que la gente le viera distinto), arrestos domiciliarios, falta de pagos a sus hijos tras un divorcio, apariciones en realitys, fotos desnudo, romances y noches locas con famosas modelos colombianas…no se perdía nada.

En el pasto, Palmeiras, Fluminense, Atlante (con el que sostiene una disputa judicial por sueldo), regreso a Atlético Nacional, Universidad de Chile y, finalmente, Estudiantes de la Plata en 2004, aglutinaron los últimos años de una carrera realmente desorientada de cualquier principio lógico. Tino, Octopus y Fausto, tres apodos para una personalidad excéntrica que se despidió hace apenas dos semanas con una fiesta donde se unieron todos sus amigos y a la que el protagonista llegó en una flamante limusina y vestido de esmoquin. El adiós del gol cafetero.

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