Histórico
24 junio 2009Francisco Ortí

Trámite envenenado

usa-espana

El universo fútbol suspiraba por una final entre España y Brasil en la Copa Confederaciones. Estados Unidos se ha encargado de romper en añicos ese sueño. Los estadounidenses, imbuidos por el espíritu del ‘yes we can’ que ha inundando de esperanza su país, sorprendieron a la Roja con una trampa defensiva para la que los de Vicente del Bosque no encontraron respuesta durante 90 minutos de acéfalo asedio. Los Yankees se cuelan en la final contra todo pronóstico venciendo a los españoles (2-0) y se encasillan como los grandes animadores del torneos gracias a sus imposibles gestas.

La derrota ante Estados Unidos supone una dura cura de humildad para España, que afrontaba el encuentro como un trámite a la espera de que llegara el gran partido ante Brasil. Se rompió el registro el victorias consecutivas, se rompió la racha de partidos sin perder, sin encajar un gol, y, sobre todo, se rompió la ilusión que nos vestía con el traje de equipo más en forma del mundo y capaz de desnudar a cualquier rival con un virtuosista estilo de juego. La ambición española, ávida de enfrentarse a los más grandes, sufre un serio derechazo en el mentón y puede que hasta sea positivo de cara a la cita mundialista que aguarda en el verano del 2010.

España saltó al césped del Free State Stadium con la técnica parsimonia que ha paseado a lo largo de todo el torneo, pero esta vez el rival no estaba dispuesto a ser un espectador privilegiado del recital de pases cortos que imparte la Roja en cada encuentro. Estados Unidos inyectó adrenalina al encuentro desde el inicio y su potente puesta en escena sorprendió a los de Vicente del Bosque. Fruto de ello las ocasiones se sucedieron en las inmediaciones del área de Iker Casillas, que miraba atónito como en menos de diez minutos los estadounidenses habían disparado hasta en tres ocasiones. La amenaza se convirtió en realidad a los 26 minutos, cuando Jozy Altidore aprovechó un error de manual de Joan Capdevila para plantarse solo ante Casillas y batirle con tranquilidad.

El gol del jugador del Villarreal sedó a España, que tardó en darse cuenta de que el trámite se había convertido en un examen muy exigente y no habían estudiado para aprobarlo. El paso de los minutos acrecentó los nervios entre los internacional españoles. La Roja abandonó su habitual calma inteligente para pasar a monopolizar el balón sin criterio y merodear el área de Howard son asiduidad pero sin demasiado sentido. Mientras Estados Unidos permanecía anclada en defensa con seriedad y trabajando para la construcción de un contragolpe con el que explotar los errores en el pase que cometían los españoles.

Tras el descanso no hubo novedades. Vicente del Bosque, lento de reflejos, no varió la fisionomía del equipo y Bob Bradley no tuvo más que perpetuar el guión interpretado en la primera mitad. Trabajo, solidaridad y esfuerzo volvieron a ser las humildes armas de Estados Unidos para desactivar a la Selección Española. Los minutos pasaban sin que Howard tuviera que intervenir, pese a que el balón era irremediablemente español. Villa se mostró impaciente, Torres desaparecido, Xabi Alonso estuvo lento, y Xavi no pudo con todo. Sergio Ramos y Capdevila fueron timoratos en sus subidas por la banda, pese a que, especialmente en el caso del catalán, habían sido los hombres más peligrosos en los encuentros más complicados. Por el contrario, Cesc Fábregas, activo y pícaro en los pases, fue enviado al banquillo.

El sueño de la remontada para España concluyó tras un nuevo error defensivo, esta vez cometido y aprovechado por Dempsey para subir en el 2-0 al marcador a los 74 minutos. No sirvieron de nada los últimos minutos con balones colgados al área, mientras un especialista en este tipo de juego como Llorente esperaba en el banquillo, y el marcador no se movió. España abandona Sudáfrica por la puerta de atrás. Todavía queda disputar el doloroso tercer y cuarto puesto, pero las mentes pensantes deben comenzar a planear una estrategia que evite nuevos accidentes en el próximo Mundial, donde los errores se pagan caros.

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