Histórico
25 junio 2009Jose David López

Los 5 pecados de España

casillas

Absolutamente imprevisible, con una dolorosa incapacidad y aleccionados por un combinado que la gran mayoría se había encargado de desprestigiar o casi ignorar. Dos goles. Dos golpes. Sólo había hueco para la final, para tocar la gloria porque Italia se había quedado en el camino, porque nadie suponía rival de entidad y porque incluso Brasil parecía menos verdeamerelha que nunca. La prensa, los periodistas, la afición, todos habíamos previsto el pase de España, la victoria que nos colocara a un paso de repetir éxito y otro momento cumbre en la historia de un fútbol el nuestro, escrito a base de sudores. Sufrimientos basados en noches como la de este 24 de junio en Bloemfontein, mucho más acorde con una leyenda, la Roja, que aún estaba anclada en otra noche, la del Prater de Viena.

Pérdida de humildad: No hay lugar a la crítica fácil, sino al análisis de errores que se pagaron más que nunca y que reflejaron lo terrenal de una selección que parecía imbatible y que, de haber ganado, así lo hubiera dejado patente en la historia. Quizás eso, el carácter crecido de un equipo que se vio ganador, fuerte, convencido de su integridad y de la supremacía sobre sus rivales, que perdió su principal punto fuerte, la humildad que todo ‘gigante’ necesita. Se apreció en los diez primeros minutos porque mientras Estados Unidos (que ya estaba bastante satisfecha con haberse plantado en semifinales) presionaba, intimidaba y buscaba el gol por el camino ambicioso, España se mostró contemplativa, pausada y con semplante serio, el de esas tardes en las que supuestamente la camiseta ganará por ti. El Barcelona de los Xavi, Piqué, Puyol…sabe que esto, en tiempos de máxima idolatría, no debe permitirse.

Desprestigio del rival: Aunque es difícil criticar a los jugadores en este sentido, pues jamás se ‘mojan’, es cierto que el reflejo de superioridad se plasmó rápidamente sobre el terreno de juego. La alternativa era Estados Unidos y la lógica, la naturalidad y todo lo que la gran mayoría de aficionados deseaba, lo ponía una España cuya victoria no podía escaparse. Los medios han tenido gran culpabilidad en este sentido pues aunque no son ellos quienes saltan al césped sudafricano, si son ellos quienes han dejado a un lado esta cita pues sigue vendiendo más Cristiano, Villa, Albiol, Eto’o o cualquier rumor ficticio de verano. La Selección estaba en la final desde el día en que piso suelo africano y así se lo tomó toda la prensa que desprestigió rivales por el camino. Los yankees demostraron una gran capacidad de conjugar la táctica y el músculo pero, sobre todo, aprovecharon absolutamente sus cualidades y reflejaron haber estudiado perfectamente los movimiento de la Roja, noqueada en medo campo, en su corazón.

Dos fallos defensivos, dos castigos vitales: Hablar a toro pasado es realmente fácil, abre el catálogo de adjetivos descalificativos en momentos de crítica sostenible pero no se puede ignorar que España ha sido castigada con dureza en dos de los tres fallos garrafales que tuvo e defensa ante Estados Unidos. En el primero Capdevilla (perro viejo), fue ganado físicamente por su amigo Altidore, una mole, una fuerza de la naturaleza que ganó la posición y se plantó sólo ante Casillas. Curiosamente, aunque su lanzamiento fue lamentable, Iker sólo pudo despejar a la red. Cuando más atacaba España, cuando merecía el empate y cuando parecía que iba a llegar, otro error de parvulario mucho más garrafal condenó definitivamente las esperanzas de remontada. Primero Piqué dio un paso adelante y dejó libre a su oponente, desviando la pelota para mayor crítica pero fue Ramos (lamentable su partido en cuestiones tácticas y ofensivas con numerosos centros erróneos), el que se echó la siesta en plena noche y fue despertado por Dempsey cuan alarma mañanera. Pesadilla del sevillano. Para olvidar.

Del Bosque, lento en decisiones: No había tenido España un rival de altura en toda la Copa Confederaciones y eso pilló desprevenido hasta al gran Vicente, que no supo afrontar el gol que puso a favor de marcador a los de Bob Bradley. El yankee, estudioso del perfil táctico de España, sorprendió al salmantino, frenó sus opciones de banquillo y limitó el rango de mejora en su once pues las aportaciones de Cazorla y Mata, además de previstas, llegaron tarde. Nunca se sabrá qué hubiera sido capaz de derrumbar el frontón defensivo de Estados Unidos y esa medular sacrificada que trajo en jaque a los Xavi, Alonso y Cesc, pero las alternativas pasaban por Llorente (potente, físico y guerrero), Silva (el canario ha pasado a ser un jugador menos utilizado en esta etapa de la selección) o incluso Guiza, porque se necesitaba remate en una noche en la que Villa falló todo lo que le llegó mientras Torres apenas destacó en movimientos lejos del área.

Estábamos mal acostumbrados: Sonará a ‘mofa’ pero eran tantos los partidos donde España no conocía la derrota, donde los rivales habían mordido el polvo y en los que la ‘Roja’ se había mostrado tan superior, que ninguno estaba preparado para este dardo envenenado llamado que responde a las siglas USA. Un país, por cierto, necesitadísimo de este tipo de heroicas para intentar el renacimiento del soccer pues pese a la victoria ante España, ante una de las favoritas, ante la campeona de Europa, los mediso digitales del país yankee apenas hacían eco de la noche que se habían marcado los ‘Bradley Boys’ en la impronunciable Bloemfontein. Hay tiempo para analizar, solucionar y hacer examen de conciencia pues la reválida definitiva será dentro de un año. Allí no debemos fallar.

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