Histórico
22 junio 2009Ariel Judas

La comezón de la tercera temporada

ramalhoTres años y medio de trabajo, tres campeonatos nacionales de liga ganados. Una ecuación casi perfecta. Una relación longeva –en términos brasileños y sudamericanos, en general- y programada para seguir sumando trofeos en los escaparates del Morumbí. A lo largo de estas tres últimas temporadas el Sâo Paulo repitió una constante que hasta ahora conformó a la directiva y la afición del mejor equipo brasileño de los últimos tiempos: la eliminación en la Libertadores (siempre a manos de equipos de su mismo país) inexorablemente dio paso –con mayor o menor sufrimiento- a la obtención de un Brasileirâo. Y así fue en 2006, en 2007 y en 2008. Nada hacía presuponer que la derrota de esta semana ante el Cruzeiro en la Copa impediría al Sampa volver al luchar por el título de campeón de la Serie A en los últimos meses de 2009.

Pero lo que a ojos del gran público parecía imposible hace apenas unos días, se hizo realidad en las últimas horas. Muricy Ramalho –el entrenador más ganador del fútbol brasileño de la última década- fue destituido el viernes por la noche por la directiva del vigente campeón del Brasileirao. La medida –rápida, sorpresiva, y tal vez injustificada- tomó con el pie cambiado a Ramalho, quien se aprestaba a dirigir al Tricolor Paulista en el derbi ante el Corinthians, por la séptima jornada del Brasileirâo. Muricy, un tipo duro donde los haya en la liga más poderosa de Sudamérica, no tiene pelos en la lengua, y si bien no quiso poner en marcha el ventilador para airear su malestar, dejó caer duros calificativos para algunos de sus jugadores y los ejecutivos del club ante los micrófonos de Rádio Jovem Pan.

El ya ex entrenador del Clube da Fé disparó dardos envenenados en contra de algunos de los ex integrantes de su plantel –el primer nombre que viene a mi mente es el del enorme Hernanes, que últimamente ha tenido más de un entredicho con el estratega, de acuerdo con lo que pude escuchar ayer en una tertulia de Radio Bandeirantes-, a quienes acusó de ser poco humildes. Además del supuesto exceso de vanidad que existe –según Ramalho- en el elenco de profesionales del equipo, la relación entre el cuerpo técnico y los ejecutivos del club no atravesaba por su mejor momento. Muricy, quien se autodefine como políticamente incorrecto, chocó en más de una ocasión con los ejecutivos del club, especialmente en materia de fichajes.

Conseguir que treinta jugadores y los dirigentes piensen de la misma manera no es fácil. Hay que crear una línea de trabajo muy sólida. Logré hacerlo durante tres años y medio. Es duro controlar a un grupo de tantas personas”, rezongaba el técnico tras conocer su destitución. Pero, más allá de la complicada gestión de una plantilla llena de egos, y de los frecuentes cortocircuitos que tuvo Ramalho con comisión directiva del club, lo que le ha eyectado realmente del Sâo Paulo es la sumatoria de índices negativos (hablando estrictamente de lo deportivo) que en este momento apuntan hacia su figura.

El que más pesa es la frustración que representa quedar por cuarto año consecutivo eliminado de la Copa Libertadores, el declarado objetivo del SPFC para esta temporada. Desde 2005, cuando el club autodenominado como Maior do Mundo alzó el trofeo continental y el Mundial de Clubes de la FIFA bajo el mando de Paulo Autuori, el máximo torneo sudamericano se ha convertido en una cruz para el club de la capital paulista.

Pese a que aún faltan treinta y dos jornadas para que finalice el Brasileirâo 2009, el Sâo Paulo está en estos momentos en la duodécima posición, con apenas siete puntos y una sola victoria cosechados en las primeras seis jornadas de la Serie A. Esta estadística –por supuesto- no es de las más favorables para la gestión de Muricy Ramalho en estos momentos. Y el dinero invertido durante el pasado verano austral en unos fichajes que no han cumplido con las expectativas (y que han obligado al hasta ahora director técnico a improvisar mucho, tácticamente hablando) fue mucho. Una cifra no demasiado lejana a la que desembolsó uno de sus pares en eso de ser un equipo grande en el fútbol de Brasil, el Corinthians. Las comparaciones que en esta temporada ya se están haciendo entre el Timâo y el Tricolor do Morumbí ya comienzan a ser hirientes: el cuadro entrenado por Mano Menezes ya ha ganado este año el Paulistâo, está a punto de conseguir la Copa de Brasil (que otorga una plaza en la Copa Libertadores de 2010), y promete ser uno de los rivales a vencer en las próximas temporadas.

Centenares de aficionados, y jugadores como el portero Bosco y el atacante André Lima, se han despedido ayer por la mañana de Ramalho en el centro de entrenamiento del Sampa con lágrimas en los ojos. El director técnico saliente –pese a su nula efectividad en el ámbito internacional- ha dejado el listón muy alto para sus sucesores. En un campeonato tan competitivo como el Brasileirâo, donde existe una relación de poder muy equilibrada entre los muchos grandes que allí compiten, hacen aún más meritoria la gestión de Muricy, quien ha entrado en la historia del fútbol de Brasil al encadenar tres coronas de manera consecutiva.

De acuerdo con lo anunciado en el mediodía de ayer por el presidente del club, Juvenal Juvêncio, el primero que tendrá que someterse al standard fijado por MR es Ricardo Gomes, ex internacional brasileño de 44 años, que ya ha sido entrenador del PSG, del Bordeaux, del Monaco, del Flamengo, del Fluminense y de la selección olímpica de su país, y que en las próximas horas será presentado como el nuevo responsable táctico del Sâo Paulo.

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