Histórico
7 junio 2009Jose David López

La atractiva progresión de Japón

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El fútbol mundial está dominado por los equipos europeos, las selecciones americanas siguen siendo temibles año tras año y los analistas aseguran que el futuro pertenece al continente africano. La mezcla de tres afirmaciones tan reflexivas son el reflejo impecable del fútbol actual, donde el poder monetario del Viejo Continente, la necesidad económica de los sudamericanos y la juventud africana cada día más explotada, se unen a la perfección en cada rincón europeo. Todos tienen un rol definido en el pastel, un papel que desarrollar año tras año y del que dependen todas sus esperanzas futuras. Europa pone los euros, Sudamérica la juventud y África la humilde alegría pero muy pocos meten en el ‘juego’ a un continente asiático que progresa día tras día y que, como viene siendo habitual, tendrá en Japón a su mejor representante en Sudáfrica 2010.

El combinado de Takeshi Okada se ha clasificado matemáticamente este sábado al sacar una ajustada y sufrida victoria ante Uzbequistán en Tashkent (0-1), lo que le colocaba junto a Australia (también clasificada  junto a Corea del Sur) en lo más alto de su grupo y lo suficientemente lejos de sus rivales. Para los nipones, que llaman con fuerza a esa estructura futbolística en busca de un hueco que les permita una progresión más acusada en los próximos años, será su cuarto Mundial consecutivo y una prueba incuestionable de la buena labor global en torno a un deporte que levanta pasiones en cada rincón del país. Un trabajo profesional, con una base sólida, estructurada al estilo europeo y capaz de evitar la marcha de sus estrellas a campeonatos de mayor atracción.

Y es que la J League se ha convertido en el mejor aval de éxito para la selección nacional. Un torneo con gran atractivo mediático por el carácter comercial y a la vez entusiasta, que ha ganado en importancia con el paso de los años. Desde que en 1998 Japón entrara en una fase final mundialista por vez primera en su historia, la filosofía futbolística cambio, mejoró el esqueleto organizativo, se impulsó económicamente a los equipos y llegaron jugadores extranjeros de cierto caché. Ellos, en su mayoría brasileños, son sin embargo un componente más en cada una de las plantillas ya que las estrellas son, curiosamente, los propios japoneses. Tanto tirón ha logrado despertar el campeonato japonés que incluso se ven en condiciones de hacer regresar a Nakamura (el mejor jugador de toda su historia) tras varios años por Europa a gran nivel. La explotación de su título nacional es la mejor garantía de futuros éxitos pero quizás, un punto negativo en su competitividad a la hora de citarse contra rivales de otros continentes.

La generación de oro (aquella que en el Mundial Sub 20 de Nigeria perdió con España en la final), dejó varios jugadores que llevan años reflejando una mejora técnica y creativa notable. Junto con jugadores más expertos y otras promesas que se dejan ver poco a poco, los ‘samuráis’ han logrado el equilibrio perfecto de experiencia y juventud. Gran parte de ese éxito se lo deben al bosnio Ivica Osim, que tras varios años de gran trabajo en el JEF United Chiba de la liga japonesa, cogió la selección para adaptarla a los nuevos tiempos y rejuvenecerla. Su proyecto dejó una grata impresión en la Copa Asia 2007 pero una enfermedad le apartó del banquillo y su tarea la ha seguido a rajatabla Takeshi Okada (el técnico que les llevó en su día a Francia 98).

El principal pero del cuadro asiático será, casi irremediablemente el físico tan pobre de sus jugadores. Sin embargo, siguen apostando por un juego aseado, fluido, de mucha presión, toques cortos, movimientos y disparos desde media distancia. Un equipo organizado, creativo y cuyo principal problema es el mal endémico de la pegada. Siempre genera más ocasiones que su rival pero no encuentra un ‘killer’ para rentabilizar dicho dominio. Más parecen haber mejorado las cosas defensivamente ya que una de las bases de su pasaporte mundialista se debe a los 491 minutos que llevan sin recibir un solo gol. El diestro Uchida, el incisivo Matsui (St.Etienne), el mediapunta Tamada, el corazón del Urawa Tanaka, el recientemente campeón de la Bundesliga Hasebe o el llegador Okazaki, forman una columna vertebral con la que seguir trabajando varios años. Los dos cracks auténticos del equipo son jugadores casi clonados como Nakamura y Yasuhito Endo (mejor jugador de la pasada Champions asiática con el campeón Gamba Osaka). Un proyecto al que se unen poco a poco jóvenes como Honda, Nagamoto o Yasuda.

Más allá de justificar su presencia en el Mundial con un claro dominio en su zona clasificatoria, Japón venció con facilidad hace tan sólo una semana a Bélgica y Chile (por sendos 4-0) en la Copa Kirin. Un reflejo más, el enésimo y quizás definitivo, para evidenciar una progresión palpable, activa y en pleno crecimiento. Japón vuelve a una fase final con un trabajo extraordinario de fondo que les hace tener más alicientes y esperanzas que nunca.

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