Histórico
3 junio 2009Francisco Ortí

El hombre tras el Ingeniero

rieraManuel Pellegrini es un tipo solitario. Difícilmente se le ve sonreír. Raramente se enfada. Convive con un hermetismo de emociones que le rodea de un aura de fría y elegante sabiduría. Disfruta de un afilado gusto por la soledad y los pequeños hobbies. “Son parte de mi vida, de mi otro yo. Deportes, lecturas, cine… El que dedica 24 horas al día al fútbol es muy mal entrenador”, explicaba en una entrevista para El País. Mientras era entrenador del Villarreal acostumbraba a escapar a una playa desierta sencillamente para leer un libro con la única compañía del mar y la arena.

Y, sin embargo, este enamorado de la tranquilidad y la intimidad expuso ayer martes su profunda mirada azul bajo ardientes focos, incesantes flashes y millones de estilográficas opinando sobre él. Deseándole éxito. Augurándole fracasos. Alabándole y menospreciándole. Es el precio que hay que pagar por ser entrenador del Real Madrid. Precio que Manuel Pellegrini acepta pagar por su pasión al banquillo. El culpable de que el técnico chileno ame tanto su profesión que sea capaz de renunciar a su intimidad por ella es Fernando Riera, a quien Pellegrini señaló como su mentor durante su presentación como director del proyecto de Florentino Pérez.

Fernando Riera Bauzá, más conocido como el ‘Tata’, está a punto de cumplir 89 años y vive alejado del mundo del fútbol, pero no hace mucho tiempo fue el gran impulsor del fútbol chileno, tanto como jugador, como, posteriormente, de entrenador. El ‘Tata’, hijo de de españoles oriundos de Mallorca, creció junto a un balón en las calles de Santiago de Chile hasta convertirse el primer futbolista chileno que jugó en Europa. Como delantero marcó goles para los franceses del Stade de Reims y el FC Rouen, club en el que colgó las botas en 1954.

Su notable éxito como jugador quedó eclipsado por su trabajo en los banquillos. Aprovechó su estancia en Francia para obtener la licencia de entrenador y se estrenó como técnico en Portugal, sentado en el banquillo de Os Belenenses meses después de haberse retirado como futbolista. Su carrera en los banquillos creció a escala entre Europa y Surámerica. Intercalaba temporadas en Portugal o España con otras en Chile o Argentina. Siempre cruzando el charco. Entre viaje y viaje, dirigió al Benfica de Eusebio que quedó subcampeona de la Copa de Europa ante el Milan de Rivera y Trapattoni en 1963, y lideró a Chile a su mejor puesto histórico en un Mundial, el bronce de 1962.

En 1978, Riera regresó a Chile, para entrenar a la Universidad de Chile. Ocupó el puesto hasta 1982 y durante ese tiempo coincidió con un espigado central llamado Pellegrini. Fue el primer contacto entre ambos, después volverían a hacerlo en la segunda etapa de Riera en el la Universidad de Chile (1985-88). El ‘Tata’ quiso hacer ver a sus jugadores que existía una vida más allá del fútbol y les invitó a labrarse un futuro en las aulas. Por ello, Pellegrini y su compañero Arturo Salah se licenciaron en Ingeniería Civil. Ese hubiera sido el futuro de Pellegrini de no ser porque Riera le había  inoculado un virus más potente todavía, el de los banquillos.

“A mí no se me pasaba ni por la mente ser entrenador, pero cuando lo tuve en la Universidad de Chile a finales de los 70, despertó en mí y en varios más esta vocación. Dejó un legado enorme, hizo escuela”, confesó Manuel Pellegrini. Arturo Salah, Vladimir Bigorra y Alberto Quintano han seguido los pasos del ‘Tata’ Riera, pero Pellegrini es, sin duda, el alumno más aventajado. Falta por descubrir si el discípulo superará al maestro. Florentino Pérez confía en que la respuesta sea afirmativa.

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