Histórico
15 junio 2009Francisco Ortí

Brasil recurre al balón parado ante Egipto

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El fútbol brasileño se había caracterizado durante los últimos años por una incontrolable alegría y una anarquía táctica con las que sedujo a los aficionados de todo el mundo. Con su inseparable estilo festivo, que la máquina publicista simplificó en Jogo Bonito, la Canarinha se acostumbró a coleccionar mundiales y ser considerada incontestablemente como la mejor selección del mundo. Brasil era sinónimo de fiesta y diversión cuando sus futbolistas pisaban un terreno de juego y parecía que así sería para siempre, hasta que Dunga se empeñó en cambiar las leyes naturales.

Dunga fue el hombre encargado del trabajo sucio en la Canarinha durante años. Romario, Bebeto, Cafú o Ronaldo tenían las espaldas cubiertas por el blanco que se dejaba la piel en el centro del campo. Ese perfil humilde y trabajador es el que Dunga ha intentado trasladar al combinado brasileño desde que asumió el papel de seleccionador tras el Mundial del 2006. Primero extirpó a las estrellas más problemáticas y después de centró en construir un bloque austero en el que la mayor estrella fuera la camiseta verdeamarelha y no las individualidades.

El estilo Dunga no fue bien aceptado de inicio en Brasil, pero los resultados acabaron por llegar y las críticas se enmudecieron. Sin embargo, pueden reflotar pese a la victoria (4-3) cosechada este lunes en el debut de la Canarinha en la Copa Conferaciones ante Egipto, especialmente por la oscura imagen ofrecida. La alegría e ilusión fue propiedad de los egipcios, mientras que los brasileños, sin sonrisas, crearon peligro en las acciones a balón parado, pero estuvieron lastrados por una histórica debilidad defensiva que ni Dunga logra corregir.

Pese al traje gris con el que Dunga viste a Brasil es imposible apagar el brillo de Kaká. A los cinco minutos, el flamante fichaje del Real Madrid rompió el guión escrito antes del partido con sutiles tres toques de puntera. Uno para controlar, otro para sortear al rival y otro para marcar. Tres toques de balón le bastaron para reivindicar la magia brasileña y dio el pistoletazo de salida para desatar la locura en los minutos iniciales del encuentro. Y es que tres minutos después del gol de Kaká Egipto encontró el gol del empate por mediación de Zidan, al cabecear en el segundo palo un centro llegado desde la derecha.

Sin embargo, la alegría le duró muy poco a los Faraones de Sehata. A los 11 minutos, un balón colgado al área fue aprovechado por Luis Fabiano para adelantar de nuevo a Brasil en el luminoso. Egipto recibía un fuerte golpe a causa de un débil trabajo defensivo en las acciones a balón parado. El marcaje al hombre que realizaban los egiptos resultó insuficiente a todas luces para frenar el poderío aéreo brasileño, como quedó demostrado poco antes del descanso cuando Juan anotó el 3-1 al cabecear un saque de esquina.

La segunda mitad comenzó con Brasil relajada, pensando que el trabajo ya estaba completado y sólo había que esperar a que llegara el final del encuentro. Pero Egipto no estaba de acuerdo con el pensamiento de los brasileños. Los Faraones se mostraron irreductibles y conducidos por una fe ciega consiguieron empatar el partido a los diez minutos de la reanudación gracias a los goles de Zidan y Shawky. El gol de Shawky destapó las carencias defensivas de los brasileños puesto que un pase a la frontal del área desde la línea de fondo bastó para tumbar a toda la zaga y el egipcio tuvo la comodidad para disparar sin un brasileño en kilómetros a la redonda.

El resto del encuentro fue un monólogo de los egipcios, que crearon ocasiones, pero tuvieron la pólvora mojada. Pese a todo, un penalti cometido por Ahmed al-Muhammadi en el 89 permitió a Kaká rescatar a Brasil. Egipto dominó la posesión hasta límites insultantes para la historia de Brasil, que sufrió una profunda puñalada en su orgullo y deberá mejorar para afrontar los partidos que le restan en esta Copa Confederaciónes. Brasil salvó los muebles sobre la bocina en el encuentro más sencillo sobre el papel y se llevó los tres puntos, pero el estilo Dunga vuelve a ser cuestionado.

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