Histórico
29 junio 2009Jose David López

Alemania, campeona del Europa Sub 21

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Dos potencias, dos clásicos y dos filosofías. Alemania es la concentración personificada, Inglaterra el físico indomable. Con España, Italia o Suecia ya olvidadas en un torneo cuya equidad ha vuelto a ser la nota dominante, germanos y británicos aparecían como una renovación al dominio genérico que estaban imponiendo otros que antes parecían inalcanzables y que ahora les miraban con recelo. Sin embargo, toda la igualdad de esta fase final se quedó en un lado, escondida e ignorada por una exhibición de confianza, profesionalidad y carisma liderada, de nuevo y para no perder la costumbre, por Ozil.

La finalísima, trastocada por muchas bajas en ambos combinados, invitó a la improvisación a Pearce y Hrubesch, obligados a alternar no sólo su once inicial, sino también su esquema táctico. Ese test a la profundidad de banquillo se plasmó notablemente en los dos esquemas desde el primer instante. Alemania cambiaba su planteamiento y por vez primera en el campeonato dispuso de un mediocentro tapón, Hummels, que jugaba por delante de la defensa y por detrás del mediocampo, más numeroso que nunca. Aogo y Marin se quedaban en el banquillo lo que sumado a la baja de Dejagah, dio la alternativa a jugadores prácticamente desapercibidos hasta ahora como Johnson y Sandro Wagner. Inglaterra, sin Agbonlahor ni Campbell, apostó por dar mucho más físico a su mediocampo y planteaba una batalla donde Walcott, solitario en la punta como eje ofensivo y Johnson, eran los únicos hombres capaces de crear algo diferente y fracturar el orden germano. La baja por sanción de Hart, el meta clave del torneo hasta la fecha, también supuso una ausencia definitiva para el destino británico.

Tras la precaución inicial, los teutones pronto se hicieron con el mando de la posesión aunque curiosamente, la polémica (más tras la repetición que en directo), surgió en un penalti que pasó prácticamente de largo a favor inglés. Hummels, que realizó una labor de contención perfecta durante toda la noche, derribó a Johnson tras un recorte del extremo del Boro que, sin embargo, perdió sus credenciales cuando exageró su caída. Una acción que pudo cambiar un choque que ya estaba encauzado en el ritmo alemán y que se encargó de ajusticiar su mejor hombre, un Ozil que arrancó con fe, generó espacios, asistió con sutileza a Gonzalo Castro y el hispano-alemán, con potencia, apuntilló tras la salida de Loach. Allí se extremaron las diferencias entre ambos equipos y mientras los germanos se bastaban de su colocación y dominio de pelota para aleccionar a su rival, los pross apenas podían pensar en crear peligros a balón parado.

Y la segunda mitad confirmó los peores presagios posibles. Loach, meta del Watford, no estuvo a la altura de su jefe de filas (Hart) y esa responsabilidad le derrotó en un disparo potente pero lejano de Ozil. El crack del Bremen, el hombre clave de este torneo para los teutones, se sacó un misil desde treinta metros que, sin embargo, no hubiera llevado peligro alguno de no ser por las temblorosas manos de un Loach que se derrumbó como un flan a medida que esa pelota se le acercaba. Un segundo golpe difícil de afrontar y que los ingleses fueron incapaces de superar. Y es que su falta de ideas era letal pues Walcott, incapaz de poder imponerse a la potencia defensiva de sus robustos marcadores, se antojaba como la única intención atacante de su equipo, obsoleto, caduco en su propuesta y ni tan siquiera capaz de crear peligro con la arcaica excusa del juego directo.

La desesperación inglesa facilitó el tiempo y los espacios germanos, o lo que es lo mismo, los minutos pasaron intrascendentes en el devenir de un partido que hacía demasiado que se había decidido. El único aliento inglés lo dio Richards en un testarazo que sacó Beck casi bajo palos, evitando así cualquier atisbo de reacción y condenando las esperanzas británicas. Ozil volvió a ‘regalar’ alegrías con una aistencia de oro a Wagner que el punta erró pero que, apenas treinta segundos después, concretó de nuevo con Ozil como estrella. El delantero del Duisburgo repitió en una contra ya cuando el rival agonizaba, redondeando un torneo espectacular donde ha anotado ocho goles y sólo recibió uno (curiosamente en el partido donde ya no se jugaba nada).

Alemania se dedicó a contemporizar aquello que tan justamente se había trabajado y culminó una hazaña (es la primera de su historia que gana este Sub 21) que algunos habíamos pronosticado en nuestros análisis previos al torneo. De esta manera se corrobora el estupendo momento de las categorías inferiores del fútbol alemán ya que en apenas meses sus jóvenes han gritado como campeones de Europa en Sub 17, Sub 19 y ahora Sub 21. Europa es suya. Europa es germana. (mañana daremos el once del torneo)

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