Histórico
22 mayo 2009Francisco Ortí

Javi Navarro: El guerrero derrotado por sí mismo

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Su mirada vidriosa esquiva los objetivos de las cámaras. La mano derecha juguetea con el micrófono, hasta que, de presto, se eleva para ahogar una lágrima que comenzaba a asomar. Camina sobre una fina frontera, haciendo estoicos esfuerzos por no llorar. Un paso en falso y la fachada que se ha construido se resquebrajará. Entonces se vería realmente lo que le duele haber perdido esta batalla. Lo que le duele decir adiós. Pero, a pesar de todo, se mantiene firme, serio, con su fachada en pie, haciendo honor a la imagen de tipo duro que se ha granjeado durante una larga carrera sobre los terrenos de juego.

Es la imagen de un guerrero obligado a decir adiós a la batalla de su vida después de haber sido derrotado por su mayor enemigo, su rodilla. La misma que había estado a punto de vencerle años atrás. En el pasado él había salido vencedor, fortalecido de la experiencia, tanto física como mentalmente, pero esta vez la maldita rodilla no ha tenido piedad. Le ha obligado a colgar las botas y abandonar el fútbol por la puerta de atrás, sin poder pisar de nuevo un terreno de juego para disputar aunque fuera un mísero minuto.

Javi Navarro ha perdido la batalla. Después de dos eternos años librando una ardua lucha contra sí mismo ha tirado la toalla. Ha caído ante su propia rodilla. Tras largas horas en el gimnasio, kilómetros recorridos en bicicleta, lágrimas en secreto, Javi Navarro ha dado el paso más complicado, afrontar la verdad. Una verdad que duele, puesto que nada hará que vuelva a lucir el brazalete de capitán de su Sevilla. Confiesa que le corroe no volver a jugar por no poder dar reconocimiento al trabajo de Santi Valseca y Sergio Domínguez, los dos trabajadores del Sevilla que siempre estuvieron con él para que lograra recuperación, y por no poder callar las bocas de quienes pusieron en duda su capacidad para regresar.

Francisco Javier Vicente Navarro (6-2-1974) transmite timidez, seriedad y honestidad. Un perfil alejado del Javi Navarro que se pudo ver acompañado por su inseparable Pablo Alfaro en la zaga del Sevilla. “Dentro del campo la persona se transforma”, explica el defensa valenciano. Hay que darle toda la razón porque poco tiene que ver su dureza durante un partido de fútbol con la serenidad que muestra fuera del mismo. De hecho, tampoco guardan gran parecido sus primeros años como futbolista con sus mejores años con el Sevilla.

El rudo carácter del gran capitán del Sevilla se forjó en 1997, cuando libró la primera batalla contra su rodilla. Javi Navarro, forjado en las categorías inferiores del Valencia, fue rescatado para el primer equipo ché por Luis Aragonés, después de firmar una gran temporada como cedido en el Logroñés. Era un zaguero prometedor y se había ganado un sitio en un Valencia que se acababa de proclamar subcampeón de Liga. Sin embargo, su gran momento se vio truncado por una grave lesión de rodilla que le obligó a empezar de cero de nuevo. Tras tres años en el dique seco peleando por recuperarse, logró regresar para disputar sus primeros minutos con el filial del Valencia, en Segunda División B. La temporada siguiente fue cedido al Elche, y en el 2001 fichó por el Sevilla, que regresaba a Primera División después de sufrir en Segunda varias campañas.

En Sevilla, Javi Navarro tocó el cielo. Todo el trabajo que había realizado por vencer a su rodillo encontró su premio en el Ramón Sánchez Pizjuan. Vivió momentos malos, como cuando lesionó de gravedad a Arango, pero pudieron los buenos. Obtuvo reconocimiento profesional y debutó con la selección española, de nuevo de la mano de Luis Aragonés. Como capitán y líder del vestuario condujo al Sevilla a vivir los mejores años de su historia. Levantó dos Copas de la UEFA (2006 y 2007), una Supercopa de Europa (2007) y una Copa del Rey (2007). Precisamente, levantar esa Copa del Rey ha sido lo último que ha hecho como futbolista profesional. Después de vencer al Getafe en la final copera, Javi Navarro volvió a lesionarse la rodilla y dos años después se ha dado por vencido para anunciar su retirada del fútbol.

Un tipo tan odiado como idolatrado, pero al que hay que reconocer su capacidad de sacrificio y afán de superación. Javi Navarro nos dice adiós, pero un guerrero siempre encuentra nuevas batallas que librar. A la espera de que encuentre una, ya se prepara para no llorar en el homenaje que se le dará el próximo sábado ante el Deportivo de la Coruña. Habrá que ver si su fachada está hecha a prueba de 45.500 voces coreando su nombre.

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