Histórico
14 mayo 2009Jose David López

La Coppa es laziale

lazio-sampdoriaEra una finalísima inesperada por la sorpresa que supuso ver ceder simultáneamente a Inter y Juventus en semifinales pero no por ello la Coppa Italiana perdía caché o atractivo, más bien todo lo contrario. Lazio y Sampdoria aseguraban una cita abierta, con total imprevisibilidad, llena de pasión por lo que supone para equipos de un nivel inferior el optar a un título y con un premio que no sólo salva la campaña actual, sino que añade entusiasmo y solidez económica a la siguiente por la clasificación directa a la renovada Copa de la UEFA (Europa League). Los celestes tenían un gran factor a su favor, ya que la final estaba estipulada desde hace meses con sede en el Olímpico romano, lo que generó un ambiente festivo en torno al choque y una sensación muy adversa para los genoveses.

Apenas estaban desatándose las primeras pinceladas del partido cuando uno de sus protagonistas absolutos, Mauro Zárate, apareció como el crack que el Lazio anhelaba para este tipo de ocasiones. Una posible falta en la defensa local descolocó la visitante y el argentino lanzó una contra fulminante buscando hueco hacia el interior con una diagonal que encontró vía directa hacia la meta blucerchiati. Un disparo seco, perfectamente colocado al palo largo de Castellazzi sorprendió a todos cuando apenas se llevaban cuatro minutos de un partido que iba a tener un sinfín de detalles.

Desde ese momento la Sampdoria fue capaz de levantarse, dejarse ver en ataque con la lucidez de un Cassano atrevido, inteligente y clave en la elaboración ofensiva de su equipo. El crack sampdoriano expuso un repertorio infinito de espaldas a puerta, aguantando la presión, sacando adelante a sus compañeros y regalando asistencias como la que igualó el choque. Un pase profundo nacido de la nada que terminó desviando Pazzini en el área pequeña con un cabezazo que dio otro aire al partido. Si Cassano era el epicentro constructivo de la Sampdoria, exactamente la misma actuación, clonada en sus movimientos, apariciones y desbordes, dejó Zárate. El albiceleste, renovado hace apenas una semana y crack absoluto de la nueva hornada esperanzadora que ha logrado generar la campaña laziale, dejó un repertorio de grandes detalles. Su ímpetu, desborde, atrevimiento y velocidad, rompieron una vez tras otra a los Accardi, Campagnaro, Sanmarco o todo defensor visitante que asomara a su sombra, la que no fueron capaces de frenar en toda la noche.

Una gran parada de Castellezzi tras un rechace que no supo concretar Pandev, un despeje con mucha suerte de De Silvestri justo cuando Pazzini iba a empujar la enésima acción de desborde de Cassano o un disparo potente de Ledesma que se marchó levemente desviado, crearon el peligro suficiente como para haber trastocado un marcador que no iba a moverse ni en la prórroga.

Tras los 30 minutos de rigor reglamentario, la siempre pasional tanda de penaltis iba a dejar la Coppa en Roma. Cassano comenzó la serie con un error o, en su defecto, una parada de Muslera (que iba a ser el héroe). Pese a que Rocchi falló y el empate no iba a decantarse hasta más allá de la muerte súbita donde el definitivo error de Campagnaro (de nuevo tras atrapar Muslera), lo acabó aprovechando un siempre voluntarioso Dabo, que logró el tanto más importante de su carrera y el que supone la quinta Coppa para el Lazio tras una final infinita (7-6). Arreón anímico y financiero para un club siempre unido a los problemas extradeportivos. Enhorabuena.

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