Histórico
23 mayo 2009Jose David López

La Bundesliga corona al Wolfsburgo

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Un cuarto de hora nos ‘brinda’ la televisión con los interminables anuncios publicitarios. Quince minutos son los que, según el dicho, toda persona tiene en la vida para buscar su gloria profesional y ese mismo margen de tiempo sirve para un descansito mañanero en el trabajo, tomar un tentempié o fumarse un cigarrillo. En el Volkswagen-Arena de Wolfsburgo encontraron este sábado otra gran funcionalidad al cuarto de hora: sentenciar la Bundesliga. Y es que los de la Baja Sajonia evitaron tensiones en una tarde alocada donde estaba en juego el título y en el que hasta cuatro equipos optaban al campeonato en la última jornada de la campaña. El único que dependía de sí mismo era el Wolsfburgo y, como tal, ejerció de líder, reeditó la ambición que ha mostrado toda la campaña y solventó por la vía rápida una cita que le coronó como ‘rey germano’.

El Bremen (el equipo que más veces ha sido subcampeón y que podía hacer sentir al Wolsfburgo la amarga sensación que tantas veces ha padecido en su historia), recién derrotado en la final de Copa UEFA, recuperaba a Diego y Almeida e incluso Schaaf, aparentemente queriendo castigar a Ozil por su mal partido ante los ucranianos, sacó a Hunt. Ellos, junto con Pizarro, aseguraban un equipo ofensivo y, desde luego, aquella fue la noticia que desniveló la finalísima que afrontaban los de Feliz Magath. El técnico que ha hecho posible este ‘milagro’ contaba con su once de gala, ése que pasará a la historia y el último que presentó antes de lanzarse a la aventura (económicamente brillante) que le ofrece el Schalke: Benaglio, Hasebe, Barzagli, Madlung, Schafer, Riether, Gentner, Josué, Misimovic, Dzeko y Grafite.

Tres fallos grotescos en sendas pérdidas de balón a la hora de montar el ataque, sentenciaron la tarde y dieron la confianza necesaria a un Wolsfburgo que no sufrió ni un solo momento. El primero de ellos lo protagonizó Pasanen, que erró un pase con los locales volcados sobre su área y Misivovic acabó remachando el ‘regalo’. Cumpliéndose el cuarto de hora, Grafite mostraba su potencial con un sutil toque llegando desde atrás y adelantándose a Prodl en un balón centrado desde banda izquierda. Fue un avance del show del brasileño, que aprovechando otra pérdida, culminó una contra creada, elaborada y finiquitada por él mismo que, de nuevo el austriaco Prodl empujó sin querer a la red. Tocaba serenar la tarde, disfrutar de cada pelota y mandar un claro mensaje dictatorial al resto de rivales. En esos momentos, el Bayern vencía (1-0 al Stuttgart para acabar ganando 2-1 y meterse en la segunda plaza) y el Hertha perdía todas sus opciones en Karlsruher (2-0 para terminar siendo goleado 4-0 y quedarse con plaza de UEFA junto a la de un Hamburgo que arrebató en el minuto 92 la plaza al Dortmund). Así quedó todo.

Pese a que Diego se inventó su última maravilla rumbo a Turín en un gol tras combinar con Pizarro y definir con un toque estético para batir por bajo a Benaglio, la tarde no iba a sufrir desperfectos en la anheladísima celebración local. Grafite, el hombre del año en la Bundesliga y uno de los goleadores absolutos del continente, se encargó de cerrar las esperanzas del resto y de lanzar los gritos al aire en el Volkswagen-Arena, que celebró por todo lo alto. Dzeko puso el broche con una volea en el aire que recalcaba su temporadón y engalonaba la goleada (5-1). No importaba nadie, nada podía romper el sueño hecho realidad, la tarde de gloria, la cita más importante de toda su historia y aquella que entra directamente en los anales de una institución que estrena palmarés tras una campaña irrepetible. No podría existir un campeón más meritorio y la invasión de campo reflejaba la locura desatada de una ciudad que es, por vez primera, epicentro del fútbol alemán.

Félix Magath, que salió por la puerta de atrás de Baviera tras ser cesado hace dos años en un Bayern al que hizo campeón liguero en sus dos años al frente (el primero incluso logrando un ‘doblete’), ha sabido renovarse, acreditar de nuevo su estilo y sumar un éxito más a su brillante carrera que, a día de hoy, le vale para ser zarandeado entre sus jugadores. Aceptó la propuesta de un club en plena madurez, rediseñado para dar un paso al frente en la Bundesliga y creado en base a una economía saneada. Con la estructura ideal que muestran hoy en día los equipos germanos (instalaciones de primer nivel), un trabajo diario dirigido a explotar las cualidades de su plantilla y el ambientazo de lujo que impera en el campeonato alemán estos días, su propuesta no tardó en escuchar elogios y recibir grandes pronósticos de futuro.

Los 29 goles ligueros de un Grafite espectacular que debe tomarse a risa la ausencia de llamadas por parte de Dunga (lamentable que ni tan siquiera se hable de un jugador con tanto gol) y la campaña de explosión absoluta que ha vivido un Edin Dzeko potente, inteligente en movimientos y con un futuro alentador, han sido las grandes bazas del título. Un dúo temible y de centímetros. La aportación clave de una columna vertebral formada por Benaglio, Barzagli, Gentner, Misimovic o Josué (capitán y fundamental), coronan a un Wolsfburgo campeón y cosmopolita pues sólo tres de sus habituales son alemanes y de ellos un solo internacional absoluto.

Fin de la era Magath y bienvenida a una Champions League que debe reportar beneficios financieros y experiencia deportiva para rediseñar un nuevo proyecto que pueda mantener la competitividad por repetir éxitos en el futuro. El presente, con letras de oro y mayúsculas, ya es suyo. Enhorabuena Wolsfburgo.

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