Histórico
28 mayo 2009Francisco Ortí

Guardiola y la humildad del genio

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La señora Dolors hojea con orgullo el album de recortes que le dedica a su hijo desde hace muchos años. Entre los tesoros fotográficos destaca una instantánea de 1986. El pequeño Josep, con apenas quince años, recibe de manos de Jordi Pujol, presidente de la Generalitat Catalana, el premio que le destaca como el mejor jugador del popular torneo veraniego del Sant Gabriel que acaba de disputar con las categorías inferiores de su amado FC Barcelona. El rostro de Josep, sin embargo, no refleja alegría. Las lágrimas bañan su mirada en un desconsolado lamento por haber fallado el penalti decisivo que alejó a su equipo del título.

Esa imagen describe perfectamente a Josep Guardiola (Santpedor, 18-01-1971), su autoexigencia y su escala de valores como deportista. El actual técnico del Barcelona antepone el éxito colectivo al individual, y ni siquiera ser nombrado como el mejor jugador del torneo le evita sentirse decepcionado consigo mismo por haber fallado un penalti. Tampoco el ser el primer técnico catalán en levantar la Copa de Europa le vale para sacar pecho. “Tengo muy buenos jugadores. Yo sólo corrijo pequeños errores y son ellos los que ganan los partidos. El mérito es suyo”, declaró minutos después de que el Barcelona venciera al Manchester United en la final de la Champions League.

La humildad que emanan estas palabras contrasta con la magnitud de la gesta que ha firmado Pep Guardiola. En su primer año como entrenador ha ganado la Liga, la Copa del Rey y la Champions League, protagonizando la mejor temporada de la historia del Barcelona en lo que ha títulos se refiere y, posiblemente, también en cuanto a fútbol exhibido. Guardiola se esconde tras la magnitud de sus jugadores. Prefiere la anónima sombra que no iluminan los focos, pero ni así puede escapar a los elogios. Él es el alma de este Barcelona. Quien ha compuesto los acordes que debían representar el orfeón de estrellas que tiene el Barcelona por plantilla para enamorar a toda Europa con un fútbol vistoso y arriesgado. “En la vida no hay nada más arriesgado que no arriesgar”, sentenció Guardiola como respuesta a un periodista italiano que le calificó de ofensivo tras la final en Roma.

Él es el recogepelotas que se ha acabado en el primer entrenador catalán en ganar una Copa de Europa con el Barcelona. Semejante trayectoria tendría cabida seguramente en un cuento de hadas al estilo de Cenicienta, pero en tiempos de Obama las hadas madrinas han quedado sepultadas bajo licenciaturas, masters en Harvard, y toneladas de trabajo. Es la cultura del esfuerzo. Tiene éxito quien lo busca y quien lucha por ello, sin esperar a que un zapato de cristal encaje en tu pie.

Quienes conocen a Guardiola dan fe de que no ha escatimado ni un ápice en esfuerzo y entrega. “Temo que un día se quede sin energía”, afirma Manel Estiarte, gran amigo de Guardiola. Y es que el técnico azulgrana ha llegado a pasarse días sin dormir estudiando rivales y preparando partidos. “Pep lo da todo. Es un enfermo del fútbol. No sé si se da cuenta de su intensidad. Se implica totalmente en su labor”, relata Xavi Hernández. Otros temen que el desgaste al que se somete a sí mismo le impida aguantar más de tres temporadas al frente del banquillo culé.

En cualquier caso, Guardiola ya se ha convertido en mito para el barcelonismo. Representa el amor por un club. Desde que a los 13 años se instaló por primera vez en su habitación de La Masía con vistas al Camp Nou, el pequeño Josep ha crecido como persona y como profesional del fútbol para convertirse en lo que hoy es: el técnico más admirado del momento.

Guardiola llegó al Barcelona de la mano de Oriol Tort, considerado como el mejor ojeador de la historia barcelonista. En un artículo escrito por el propio Guardiola en el diario Avui antes de ser entrenador azulgrana le dedicó unas palabras a su descubridor:  “Era un sabio y ya no quedan como él. Es aquella gente de club que trabajan horas y horas y horas y se van como llegan. Sin saberlo. Y pasan horas y horas y horas sólo porque están enamorados de lo que hacen. Y enamorados de dónde lo hacen. Somos lo que somos por esta clase de gente. Como Oriol”. Tal vez Guardiola no se dio cuenta cuando lo escribió, pero esas palabras le describen a sí mismo a la perfección. Él es de esas personas que convierten a un club de fútbol en algo más. Él de esas personas capaces de transformar una calabaza en carroza. Él es Guardiola, y también el pequeño Josep.

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