Histórico
4 mayo 2009Ariel Judas

Fútbol con mascarilla

aguirreMéxico tiene 110 millones de habitantes, casi tres veces la cantidad de gente que vive en países como España o Argentina. De esos 110.000.000 es incierta -debido a la lacerante contaminación informativa de la que todo el planeta está siendo objeto- la cantidad de personas que han perdido la vida a causa del brote de gripe A H1N1, popularmente conocida gracias a los medios de comunicación como gripe porcina, y eufemísticamente bautizada esta semana por la O.M.S. como Nueva Gripe. Según el último recuento oficial la epidemia ha causado 15 muertes sobre un total de 343 personas infectadas. De acuerdo con los reportes de algunas agencias de noticias internacionales la cifra de víctimas mortales sería mayor.

Sean quince o mil quinientas la cantidad es ínfima en relación con un universo de ciento diez millones de personas. Lo cierto es que México -uno de los dos motores económicos de América Latina, junto con Brasil- está patas arriba, al tiempo que el resto del mundo parece estar disfrutando con la estigmatización que se está haciendo del país norteamericano por estas horas. Los gobiernos de Europa analizaron la posibilidad de suspender los vuelos desde y hacia el territorio mexicano; a algún iluminado en los Estados Unidos se le ha escapado la brillante idea de cancelar la importación de productos de su vecino al sur del río Grande; mientras que la Confederación Sudamericana de Fútbol -bendita CONMEBOL, que siempre nos das motivos para hablar de ti- no se le ha ocurrido mejor idea que alterar la condición de local de los dos equipos mexicanos clasificados para los octavos de final de la Copa Libertadores, Chivas y San Luis. La decisión adoptada ayer por los rectores del fútbol sudamericano fue la de mudar a El Campín de Bogotá (en sustitución de los estadios Jalisco y Alfonso Lastras Ramírez, respectivamente) la condición de locales de los dos representantes de México. La cuestionable decisión de la CONMEBOL ha dado por los suelos hace apenas unas horas cuando las autoridades sanitarias de Colombia denegaran el permiso para que el Rebaño Sagrado y los Gladiadores jueguen como local en su territorio.

Lo cierto es que ni el efecto 2000, ni la gripe del pollo, ni -espero- la gripe porcina han causado o causarán tantas desgracias como las que a diario generan la malaria, la desnutrición infantil, el SIDA, el narcotráfico, los conflictos armados, el tráfico de seres humanos, o -simplemente- la miseria. Elementos presentes -en menor o mayor medida- en todos los países sudamericanos, por desgracia. La Confederación Sudamericana ha pecado de palurda una vez más. Siendo más papista que el Papa. Imponiendo a los equipos mexicanos -que, recordemos, juegan las competiciones de la CONMEBOL en calidad de invitados- un castigo más duro que el puesto en práctica por la Federación Mexicana, que de momento priva a los clubes de contar con el apoyo de sus aficionados en los estadios.

El pasado fin de semana varios de los partidos de la jornada 15 de la temporada regular del Torneo Clausura azteca -especialmente los que se disputaron en el Distrito Federal y sus alrededores- se jugaron a puertas cerradas. Una acertada decisión desde el punto de vista sanitario, destinada a evitar que la influenza tuviera en los estadios mexicanos un foco de propagación rápido y multitudinario, teniendo en cuenta la enorme atención que concitan estos últimos encuentros de la liga, donde se definen los descensos y la lista de los equipos que lucharán por el título.

Aún más acertada parece la medida de que todos los partidos de este fin de semana -por la fecha 16- se disputen sin público luego de que el presidente de la República -Felipe Calderón- recomendara a sus conciudadanos no salir de sus casas durante este fin de semana largo y de puente en México, que finaliza mañana martes con la conmemoración del 5 de Mayo. Pero una cosa es tomar las medidas tendientes a proteger a la población de un país de grandes dimensiones como es México -incluso cerrando al público el acceso a los estadios- y otra es desnaturalizar la competición más importante que tiene América Latina, perjudicando claramente las opciones de progresión de los equipos de San Luis y Chivas en los octavos de final, como acaba de decidir la casi siempre polémica CONMEBOL.

Se podría haber invertido el orden de las localías, permitiendo a los equipos mexicanos jugar el partido de revancha en su país (suponiendo que en unos días el brote de gripe porcina estuviera más o menos controlado); o se podría haber propuesto que la localía del equipo de Guadalajara y la del conjunto de Potosí se ejercieran en alguna ciudad de Estados Unidos, donde los conjuntos mexicanos tienen un gran poder de convocatoria. La equivocada decisión de llevar a los equipos de México a Colombia -y la posterior negativa del gobierno de este último país- ha complicado aún más las cosas. La opción de Estados Unidos ha vuelto a salir a flote esta pasada madrugada, pero la inminencia de estos dos encuentros -que deberían jugarse el miércoles 6 de Mayo- hace imposible para los equipos latinoamericanos gestionar las visas correspondientes. Otra opción que ha surgido en las últimas horas es utilizar el Ricardo Saprissa de Costa Rica, un estadio equipado con césped sintético y que podría ser vetado por los equipos “visitantes”, el Sao Paulo (rival de Chivas) y el Nacional de Uruguay, que deberá enfrentarse al San Luis. La situación es apremiante, los viajes en América Latina son muy largos, y la elección del escenario de estos dos encuentros seguramente se producirá durante el día de hoy.

La influenza no solo ha afectado a la liga mexicana o a la Copa Libertadores, sino que también ha alterado la disputa del segundo y último partido de la final de la Liga de Campeones de la CONCACAF, popularmente conocida como Concachampions, que debería haberse jugado esta semana, y que fue reprogramado para el 12 de Mayo. Los dos finalistas son el Cruz Azul y el Atlante -dos equipos mexicanos- y en la primera final jugada en el Estadio Azul los Potros de Hierro se impusieron por 0-2. El ganador de esta Liga de Campeones será el representante de la CONCACAF en el próximo Mundial de Clubes de la FIFA, que se jugará a fin de año en los Emiratos Árabes Unidos. Algo que no deja de llamarme la atención es la poca atención que se ha prestado a la opinión de los futbolistas que actúan en México en todo este tema. Sorprende que en un país donde casi todas las actividades públicas y privadas han sido paralizadas debido al brote de gripe porcina el único sector obligado a seguir trabajando sea el del fútbol. Tal vez sea porque los jugadores de la primera división mexicana -de momento, la más poderosa económicamente hablando de todo el continente americano- no cuentan con un sindicato o asociación profesional. El único resquicio que tienen quienes saltan cada semana a los terrenos de juego para poder expresar sus miedos, sus dudas, su estado de ánimo lo otorgan los medios de comunicación.

Será que el famoso “pan y circo” que acompaña a la humanidad desde los tiempos del Imperio Romano aún sigue vivito y coleando, como este y otros virus por venir. Que lo que importa es mantener a la afición entretenida y lejos de los estadios, prendida a la tele. Que la desinformación (o la abundancia de noticias, que termina contaminando tanto o más que el H1N1) y el prejuicio terminan prevaleciendo sobre la lógica y el sentido común, como tantas veces ha ocurrido en el fútbol latinoamericano. Será que tendremos que acostumbrarnos a todo esto… tal vez saboreando unas quesadillas y sorbiendo una Coronita bien helada.

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