Histórico
26 mayo 2009Francisco Ortí

“Estos romanos están locos”

copa-reducidaUn tímido silbido dibuja los primeros acordes de una canción. Poco a poco va ganando adeptos y la melodía es familiar. Se trata del pegadizo himno del FC Barcelona. Me encuentro embarcado en un avión rumbo a Roma. En la época del César se decía que todos los caminos conducían a Roma. Creo que esa afirmación ya no es válida actualmente, pero durante estos días me atrevería a decir que en todos los caminos que conducen a Roma uno puede encontrarse con un grupo de aficionados azulgranas. Y es que este miércoles se disputará en la capital italiana la final de la Liga de Campeones entre el Barcelona y el Manchester United.

Mi vuelo, que despegaba desde Valencia, a priori no debería desplazar a muchos aficionados azulgranas, y, sin embargo, estaba repleto. Grosso modo calcularía que el avión estaba ocupado por un 60% de seguidores barcelonistas, un 39% de romanos que regresan a casa, y el ex presidente del Valencia Paco Roig, que, hasta donde yo alcanzo, no encaja en ninguno de los dos perfiles. A decir verdad, tengo que confesar que yo tampoco pertenezco a ninguno de los dos, así que me debo sumar al grupo de apátridas de la finalísima europea.

“Estos romanos están locos”, protestaba el poco elocuente Obélix después de soltar un par de mamporros. Un par de horas en la capital italiana me han bastado para comprender que el prominente galo tenía razón. No me extenderé demasiado, pero a lo largo de día no he conseguido comprender como se cruza un paso de cebra en esta ciudad. Los semáforos existen. Estoy tan seguro de ello que pondría la mano en el fuego, aunque todavía no he visto ninguno, y eso que me limito a moverme por zonas muy transitadas. Tras estudiar minimamente el asunto, creo que el arte de cruzar consiste en hacerlo cuando te plazca, sin mirar, y como si estuvieras haciendo la cosa más natural del mundo, aunque los coches te esquiven a gran velocidad. Por si acaso, todavía no me he atrevido a cruzar solo y espero a que lo hagan un grupo de nativos para escudarme tras ellos.

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En lo meramente futbolístico la ciudad está entregada a la gran final. Se ven varios grupos de seguidores, aunque se espera que la gran invasión se produzca a lo largo del miércoles. La UEFA ha levantado varias carpas en las faldas del Coliseo para entretener a los aficionados y puedan recolectar con frenesí el alijo de regalitos promocionales característicos de estos eventos. Yo sólo me he quedado con un bolígrafo de la Champions League, aunque en realidad no lo regalaban, si no que sólo te lo prestaban para rellenar un test sobre la historia del Barcelona con el que ganar unas entradas para el partido. Quise probar suerte aunque sólo me dieron la opción de responder en italiano, inglés y catalán, así que, como no domino ninguno de los tres idiomas, no rellené nada y me quedé con el bolígrafo corporativo. Las preguntas no eran muy complicadas ¿cuando se fundó el Barcelona? ¿cuántas Copas de Europa ha ganado?, pero la verdad es que el boli me gustó bastante.

Hasta aquí llega mi primer día en Roma. El miércoles tocará indagar un poco más por la ciudad hasta que se acerque la hora del partido. Por cierto, de la famosa ley seca en Roma no hay ni rastro. Eso o que los ingleses se han traído el alcohol de casa. No he llegado a comprobarlo. Todas las copas que he pedido son de helado de limón. Únicamente me he alimentado de gelatto, aunque esta noche me animaré a cenar algo de pasta.

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