Histórico
25 mayo 2009José Mendoza

El mérito de Txiki

txiki_beguiristain

El director deportivo -llámese secretario técnico, mánager o director de fútbol, da igual, viene a ser lo mismo- es una figura de nuestro tiempo, moderna y juvenil. Convertirse en el máximo responsable deportivo de un club es el trabajo soñado de todo buen friki del fútbol. Es un puesto inventado hace apenas unos años que no está exento de debate. Hay opiniones para todos los gustos. Son muchos los que creen que es una figura inútil. También se dice que es un títere manejado por el presidente, verdadero responsable de todas las decisiones. Otros defienden que un buen director deportivo es sinónimo de éxito.

La única certeza es que hoy los jóvenes prefieren ser directores deportivos de su equipo favorito. O al menos los que no saben pegarle bien a un balón. Antes estos mismos jóvenes soñaban con ser entrenadores. El encanto de estar en un segundo plano es demasiado tentador. Manejar en la sombra sin tener que soportar los flashes de los fotógrafos es mucho más cómodo. Imaginar tu once ideal sin la obligación de entrenarlo día tras día, también. Hacer fichajes, gastar dinero y ver multitud de partidos parece el trabajo ideal.

Pero ser director deportivo conlleva una gran responsabilidad. Y, como tal, es muy desagradecida. Los errores son más recordados que los aciertos. Dejar satisfecho a todos y cada uno de tus aficionados es poco menos que un imposible. En el fútbol español, pocos directores deportivos han quedado encumbrados. Monchi o José Manuel Llaneza son los mejor considerados. En esa lista suele ausentarse el nombre de Txiki Beguiristain, a quien no se le suele reconocer los éxitos del Barcelona en las últimas temporadas.

El director deportivo culé es víctima de la mayor de las injusticias. Puede que el hecho de disponer de un presupuesto mucho mayor que sus semejantes le perjudique. Haber competido con el mérito que se llevaron Sandro Rosell, Frank Rijkaard, Johan Cruyff y ahora Guardiola, también. Pero todos y cada uno de los éxitos del Barça desde que está al cargo -así como sus fracasos- no dejan de haberse producido bajo su dirección.

Como miembro del antiguo Dream Team, Txiki siempre tuvo clara la filosofía que debía seguir el club. Juego vistoso, posesión de la pelota y mucha velocidad en ataque eran sus principales mandamientos. Así pues, hace seis años, en su primera gran decisión cuando llegó al poder de la mano de Laporta, técnicos como Ronald Koeman, Luiz Felipe Scolari, Frank Rijkaard o Van Basten entraban en su lista. Todos ellos de un perfil similar. No importaba la falta de experiencia.

Pese a tener una herencia desastrosa, con problemas económicas y una plantilla llena de carencias, la reconstrucción empezó con excelentes operaciones como las de Van Bronckhorst (libre), Rafa Márquez (5 m.), Luis García (4 m.) y, sobre todo, Ronaldinho (27 m.) -fichaje que siempre ha sido otorgado a Rosell-. Jugadores como Quaresma (6 m.), Mario (2.4 m.) o Rüstü (libre), en cambio, no dieron el rendimiento esperado. Pese a un fatal inicio y a la enorme presión mediática del entorno, Txiki confió en Rijkaard. En invierno reforzó el equipo con la cesión de Edgar Davids y la segunda vuelta fue todo un éxito.

Tras el anunciado año de transición, tocaba completar la reestucturación e ir decididamente a por un título. Se dio la baja a 16 jugadores (Patrick Andersson, Cocu, Davids, Luis Enrique, Kluivert, Luis García, Mario, Óscar López, Overmars, Quaresma, Reiziger, Rüstü, Ros, Santamaría, Saviola y Sergio García) y se desembolsó 67 millones de euros en grandes fichajes como Deco, Eto’o, Giuly, Belleti, Sylvinho, Larsson y Edmilson, así como con los desapercibidos Albertini y Maxi López. El Barcelona salió campeón de Liga practicando un fútbol estético. Como la base ya estaba construida, al verano siguiente el equipo sólo se apuntaló con los refuerzos gratuitos de Van Bommel y Ezquerro y las bajas de Albertini y Gerard. Fue cuando llegó, entonces, el doblete de Liga y Champions.

A partir de ahí comenzaron los pasos en falso. La autogestión del vestuario empezó a devorar al técnico y el director deportivo no tuvo capacidad de reacción. Los refuerzos de Gudjohnssen, Thuram y Zambrotta cumplieron con su labor de secundarios, si bien se esperaba mucho más del lateral. El Barcelona acabó perdiendo la Liga en las últimas jornadas.

Al verano siguiente llegó el gran error de Txiki desde que está al cargo. La decisión de mantener la confianza en Rijkaard bajo la promesa de éste de cambiar su modelo de gestión llevó al equipo a su segundo año seguido de sequía. Los fichajes de Touré Yayá, Henry, Milito, Pinto y Abidal volvieron a suponer un acierto, pero no llegaron a solventar el enorme problema que había brotado ya en la plantilla.

Así pues, el pasado verano ya no había dudas. La crisis deportiva era evidente y Rijkaard fue destituido. Tocaba dar la alternativa a un nuevo técnico que limpiara el vestuario. Txiki se mantenía fiel al libro de estilo blaugrana y puso la mano en el fuego por Guardiola. Laporta y un sector de la directiva, en cambio, preferían a Mourinho para que se vistiera de Capello y levantara las alfombras como hiciera el italiano unos años antes en el Real Madrid.

Ante la necesidad de dominar un vestuario de estrellas, Txiki, junto a Marc Ingla y Cruyff convencieron al presidente para que eligiera al novato Guardiola, perfecto conocedor del club, pero sin experiencia en un banquillo profesional. Pep, como ya es sabido, se mostró firme en la decisión de no contar con Ronaldinho, Deco ni Eto’o, si bien acabó rectificando con el camerunés.

Txiki y Pep coincidían en que no era necesario una profunda reestructuración del equipo, con tocar algunos sólidos cimientos bastaba. Los fichajes, excepto el de Daniel Alves (35 m.), tampoco eran de un perfil alto. Piqué (5 m.) es el otro titular consolidado, mientras que Keita (14 m.), Hleb (15 m.) y Cáceres (16 m.) se han convertido, eso sí, en secundarios demasiado caros. Mientras, se sacó 25 millones por Ronaldinho y 10 por Deco, cuyos traspasos ya habían sido anunciados. También se dio la baja a jugadores como Oleguer, Zambrotta, Thuram, Ezquerro, Giovani Dos Santos y Edmilson.

Bajo la dirección de Txiki, pues, el Barcelona ha logrado tres Ligas y una Champions en seis temporadas y encara este miércoles una nueva final continental. Y todo ello identificando al Barça con un estilo. Resultados suficientes como para prestarle algo más de atención.

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