Histórico
28 mayo 2009Jose David López

El fallido atrevimiento de Ferguson

alex-ferguson-5Por activa y por pasiva, en partidos de máximo nivel y en ‘pachangas’, con sol radiante o en el frío extremo. El Manchester United había demostrado a lo largo de los últimos años una capacidad innata para sacar adelante partidos de todos los gustos y colores. Esa regeneración en busca del modelo perfecto, del estilo que le diera sentido a sus cualidades y del máximo aprovechamiento ante los puntos débiles del rival, le hizo ser campeón y coronó una y otra vez su mejor aval, el de dominar varios registros del juego y saber adaptarse a lo que el choque demande. Lo hizo en Moscú, en el Camp Nou el pasado año y también esta temporada en ocasiones puntuales pero jamás se había encontrado con un equipo con el tempo controlado y que rompió en su primer ataque todo el atrevimiento que a Ferguson le iban a echar en cara si hubiera optado por otra vía a la victoria.

Esperábamos un United mucho más conservador de inicio, más calculador, midiendo esfuerzos y dando la pelota al Barcelona pues nadie domina la posesión como los azulgrana. Esas previsiones encajaban perfectamente con el once mancuniano donde, como es costumbre, sólo Cristiano Ronaldo y Rooney aparecían en ataque y Park-Giggs como estiletes a medio camino entre la mediapunta y labores destructivas. Tan decidido fue el United a por la victoria que nadie hubiera dado un duro por la victoria culé en el primer cuarto de hora, cuando Cristiano Ronaldo se vistió del crack que lleva dentro, cuando Rooney (que acabó ensalzando la figura de Iniesta) y Park presionaron hasta la extenuación y cuando Valdés apareció para salvar a un campeón que salió asustado e intimidado por los Red Devils.

Hasta cinco ocasiones, tres de ellas de Cristiano y una en el primer minuto en la que el coreano Park sólo tenía que empujar (Piqué rechazó por una milésima clave para la final), desperdició el equipo inglés. La sensación era buena pero sin pegada, eso que siempre ha sobrado en la plantilla de Old Trafford, el Barcelona respiró, se liberó y en la primera acción donde logró sacar jugado el balón más allá de la línea del centro del campo, Etoo quebró la cintura de Vidic y se sacó un punterazo (recurso sencillo pero válido) que sorprendió a todos y que decidió la final. Hubieran bastado los 75 minutos restantes donde el Manchester correteó tras una pelota que le había dado la espalda en su perfecto inicio de partido y que premió en exceso a un Barcelona que, inteligente y calculador, supo evitar la reacción británica.

Pero un equipo campeón no iba a tirar la toalla en sacrificio e intenciones por lo que incluso dentro del dominio azulgrana, se encontraron opciones siempre a cargo de un solitario y desesperado Cristiano (que incluso criticó la lectura de Ferguson al final del choque). Rooney acabó muerto en banda, Park alteró su posición hasta tres veces, Anderson volvió a dejar mucho que desear en un partido de primer nivel y Giggs no encontró nunca la regleta para dosificarse a sí mismo y, de paso, acentuar el protagonismo de sus delanteros. Esa impotencia se vio perfectamente en la manera de actuar de Ferguson que, bajo mi concepto y rompiendo la tónica de aciertos que suele tener en los cambios, falló en el intento de hacer reaccionar a los suyos. Lo hizo producto de la necesidad, de evitar que el Barcelona siguiera su curso despiadado entre las entrañas del campeón, su dinámica demoledora que no entiende de egos ni estructuras demoledoras como lo era hasta este miércoles la fachada defensiva del United.

Ferguson retiró a Anderson, probablemente el pero de toda la noche, pero muy pronto (quizás demasiado), sacó a toda su artillería pesada. Tévez y Berbatov apenas tuvieron opción de reclamar su protagonismo porque sólo con Carrick en la medular, y perdidos en la eterna posesión blaugrana, cada rechace defensivo iba a parar a los centrocampistas llegadores culés, que aprovecharon más si cabe su superioridad numérica en esa zona. Nunca se verá mejor reflejado el dicho que asegura que no por jugar con más delanteros se crean más ocasiones de gol. Un rechace de esos que encerraban al United cerró la cita pues Xavi fue el ejecutor perfecto para que la inocente cabeza de Messi rematara el planteamiento atrevido de ‘Fergi’. Adiós final.

El escocés perdió demasiado pronto la opción y debió quizás evitar que el choque muriera a falta de tantos minutos pues su objetivo, más allá de los sudores contenidos, era mantener viva la final y poder jugar sus bazas en los nervios de última hora. El United fue más valiente que nunca, mucho más feroz de lo esperado pero su mordisco no encontró carne y la sangre acabó salpicándole con un castigo inmerecido que no empaña la temporada ‘casi’ perfecta de un equipo mítico que seguirá en primera línea año tras año. Enhorabuena.

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