Histórico
5 mayo 2009Jose David López

El curioso caso de Mikael Silvestre

silvestre-2Soy un amante empedernido del cine que, después del fútbol, me otorga uno de los mayores placeres de esta vida. Una de las películas que más me ha impactado en los últimos tiempos narraba con mucho éxito las andadas de un niño que nacía viejo pero que, con el paso del tiempo va rejuveneciendo. Ese anciano que generó lágrimas a destajo en los cines de todo el mundo, es un personaje creado por el singular Scott Fitzgerald, un novelista de la época del jazz que mostró su rechazo y antipatía por las juventudes, a los que atacaba con frialdad. Y es que Fitzgerald se pasó media vida con una frase en la boca que explicaba sus sentimientos más oscuros sobre algunas personas que alcanzaban el éxito sin aplomo ni aptitudes para ello: “Muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia”.

Si Scott, que creaba héroes humildes, condenados y confiados para hacerlos explotar brillantemente en situaciones conflictivas-milagrosas, hubiera situado a uno de sus enigmáticos personajes en el mundo del fútbol moderno, el elegido sería cualquiera pero, sin duda, jamás podría ser el singular Mikael Silvestre. Un jugador comodín, irregular, sin cualidades que lo definan positivamente e incluso tocado por la desgracia debido a su facilidad para las lesiones. Pese a todo, ha tocado el cielo con equipos de primer nivel, títulos al alcance de los más grandes y vivencias mundialistas que siempre le tendrán un hueco reservado en la memoria del fútbol europeo, ése que Fitzgerald no conoció pero que le hubiera dado tantos y tantos héroes a los que explotar con su puño y letra.

Entre los castillos y los famosos vinos de la comuna de Tours, cercado por el río Loira, nació el pequeño Mikael. El fútbol no era un deporte desconocido en la familia pues su padre, Frank, de quien recoge raíces de ultramar por su origen guadalupeño, ya había sido jugador aficionado en el equipo de la ciudad. El Tours (actualmente luchando por el ascenso en la Ligue 2), le dio la alternativa y, según recuerdan en la zona, allí se forjó el carácter utilitario y práctico que iba a perseguirle durante toda su carrera y que aún hoy es la base de su estilo. Atraído por aquél ‘calvete’ que actuaba de central, líbero, destructor defensivo en mediocampo y hasta lateral improvisado si hacía falta, el Rennes apareció en escena para darle una oportunidad al primer nivel del fútbol francés tras un año en sus juveniles. En 1995 y junto a uno de sus mejores amigos en el mundo del fútbol (Ousmane Dabo), dio el salto y en tres campañas logró ganarse una reputación que, unido a su juventud, le abrieron la puerta del primero de sus ‘milagros’ deportivos, fichar por el Inter de Milan.

Cierto es que aquél equipo neroazzurro nada tenía que ver con el actual dictador del fútbol transalpino y junto al citado Dabo (ambos convertidos en jóvenes estrellas del equipo bretón que buscaban un hueco internacional), se plantó en Meazza. Ese Inter multi-derrochador, capaz de firmar a todo jugador que sonara a supuesta perla, diamante de oro o proyecto de futuro, no tardó demasiado en darse cuenta de su mal negocio aunque fue capaz de sacarse de encima a Mikael y mandarlo, incomprensiblemente, al Manchester United. No eran los Red Devils que ahora comandan la Premier pero ya metidos en los años gloriosos de Ferguson, pagaron 3’5 millones de euros por ese francesito que sacaba de apuros al escocés cada vez que necesitaba un descanso para sus estrellas o una lesión impedía al habitual ser de la partida.

Nueve años (aunque los dos últimos los pasó prácticamente en blanco por diversas lesiones y falta de opciones) en los que Silvestre se hizo mayor, logró la internacionalidad y expuso a todo el mundo sus virtudes (las menos) y defectos (muchos y de diversa naturaleza). Nunca fue malo en el corte, ni tampoco andaba falto de velocidad o fuerza física aunque sus movimientos defensivos y su poca seguridad en una línea donde las dudas son la peor de las pesadillas, le condenaron una vez tras otra. Siempre actuó como sustituto de un veterano que apuraba sus tardes en el pasto inglés (Johnsen, Irwin, Blanc) o, como mucho, aparecía para solventar problemas pasajeros que jamás liquidó por completo. Especialmente en la campaña 2003-04 y 2004-05, mostró un amplio repertorio de despropósitos junto a Brown en una línea de centrales que hizo aguas una vez tras otra y que no permitió grandes metas. La llegada de Vidic y Evra en el mercado invernal de 2006 le cerró la puerta y tras romperse el metatarsio y fracturarse el hombro, nunca volvió a escena en Old Trafford.

Cuando todos le dábamos por perdido y después de que se confirmara que rechazó ofertas de Lyon, Burdeos y Newcastle (esta última porque no quería jugar con Barton debido a la agresión de éste a su amigo Dabo), el Arsenal lo devolvió a la élite de manera sorprendente e inesperada. Las graves lesiones en la zaga Gunner y la juventud de una línea que anhelaba mayor experiencia, le hicieron aprovechar su momento y firmar para dos campañas. No contento con regresar al primer plano, pasó a ser el primer jugador traspasado del United al Arsenal desde 1974. En su debut contra el Fenerbahce, anotó en propia puerta y aunque ya suma 13 partidos con Wenger y ha logrado dos goles, también ha reflejado serios problemas que recuerdan la versión dubitativa que siempre le siguió.

Esta noche, que se jugará ante ‘su’ United un puesto en la finalísima de la Champions, el Arsenal volverá a tenerle como jefe de filas de una defensa que será clave a la hora de buscar la remontada. El héroe cuya carrera responde a un ejemplo de lo inverosímil, seguirá sacando provecho de lo que le ha tocado vivir pues, sean cual sean sus virtudes, Inter, United y Arsenal no están al alcance de un don nadie sino de un auténtico profesional. Ese héroe al que Scott Fitzgerald no hubiera encontrado tragedia posible en lo personal sino en lo que al fútbol en general se refiere.

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