Histórico
21 mayo 2009Jose David López

Copa UEFA: Los nombres de la final

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Jadson: Días llevábamos avisando en los análisis previos de la capacidad de sorpresa de este representante de la ‘clase B’ del fútbol brasileño. Esa que busca la máxima rentabilidad económica pese a los evidentes riesgos de intentar triunfar en campeonatos fríos, de presencia secundaria y alejados del fanatismo de las favelas que le vieron crecer. Llevaba una campaña nula, tremendamente negativa y donde apenas había anotado dos goles en la Premier Ucraniana, pero llegaron los partidos clave y su creatividad estuvo allí, al servicio de un equipo donde se siente líder y que responde a su hambre. Varias asistencias a sus delanteros y un gol definitivo en una final que corona el proyecto del Shakhtar le hacen ser el nombre más querido de Ucrania.

Srna: Su sonrisa levantando la Copa como capitán le delataba. El carrilero croata, del gusto de cualquier técnico, profundo, incisivo, experimentado y con un guante en la pierna derecha que de nuevo supieron explotar sus compañeros, estaba ante su gran momento, el que llevaba esperando años en la oscuridad de Donetsk, donde llegaron ofertas una tras otra para llevarle a un campeonato mayor. Rechazó todas. Confiaba y obtuvo premio. El que todo luchador del fútbol moderno necesita. ¿Y ahora, cambio de aires?

Pyatov: El mismo que se ganó un lugar en la selección ucraniana tras brillar con los Sub-21 y aquél que lideró valiosas noches para los ex soviéticos ante Croacia o Polonia en los últimos meses (donde fue clave con sus paradas), estuvo a punto de romper el sueño del Shakhtar. El meta falló estrepitosamente en el gol de Naldo tras no atrapar ni blocar el disparo del brasileño, mostrando ‘manos blandas’ en un momento clave del choque. Por suerte, sus compañeros lo arreglaron.

Pizarro: Luchador ante la impotencia eterna de una noche sin opciones, el peruano sacó toda su garra para intentar levantar a un Bremen cojo y sin creatividad ofensiva. Le anularon un gol en fuera de juego y otro, en el descuento de la prórroga, que hubiera servido para igualar la cita y que era visiblemente polémico. Un esfuerzo eterno en un partido delicadísimo para un punta con movimientos como él. Un título que podría recuperarle para la causa tras su mala campaña en el Chelsea y que ahora, tras triunfar en Bremen, puede retenerle en el Weserstadion.

Diego: Un absurdo sistema de amonestaciones que llevamos años intentando transformar, dejó al principal espectáculo de la final fuera de la misma. Estambul reclamaba creatividad, magia, calidad y brillantez en acciones puntuales que desbordaran una cita equitativa y tremendamente pausada. Excesivo castigo para el Bremen. Mayúscula pérdida para el fútbol en general.

Ozil: El jovencísimo enganche de origen turco no estuvo a la altura de la cita y de lo que Schaaf requería de él. Se escondió entre la maraña de destructores que su técnico le puso alrededor y sin Diego, al que debía emular, cayó una vez tras otra en la apatía. Su mala noche privó a sus delanteros de ocasiones y acabó conociendo su primera mala experiencia. Una gran decepción para un jugador con enorme futuro.

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