Histórico
6 mayo 2009José Mendoza

Balón de Iniesta

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El fútbol tiende a ser despiadado con los equipos que proponen cuidar el balón. Es una dinámica cruel, pero resulta evidente que es más fácil ganar siendo rácano que mimando la pelota. El año del Barça no debía acabar así. El gran año del Barça merecía un final de bandera. En Stamford Bridge el conjunto culé dio el antepenúltimo paso para aspirar a dibujar la mejor temporada de la historia. Ésta vez, la épica se alió con el estilo.

Agarrotado por el planteamiento del Chelsea, el Barça tuvo que recurrir a la gesta para alcanzar la final. Fue la única alternativa que le dejó Hiddink. Y el protagonista de la heroicidad fue Iniesta. No podía ser de otra manera. El manchego, el mejor jugador en lo que va del año, quedará encumbrado para siempre como culpable de un milagro futbolístico y, de paso, aprovecho para acercarse al Balón de Oro.

Hiddink propuso a sus chicos un partido duro, de pierna fuerte y de acumulación de jugadores en el centro. Tenía claro el holandés que era la única manera de ganarle al Barça. Cruel con el virtuosismo, pero efectivo al fin y al cabo. Similar al del Camp Nou, pero con una baza más en ataque, la de Anelka. Y el Barça cayó en la trampa.

La variante de Anelka permitió que Essien se situara en el medio, su área de influencia. Gracias a ello, Essien agarró una volea en el borde del área para ponerla en la escuadra y emular a Zidane. El galo utilizó en su día la clase, el ghanés la potencia. El resultado fue el mismo: el balón en la escuadra. El Chelsea se encontraba, de repente, con el viento a favor. La maravilla de Essien no hizo más que reforzar su idea futbolística. Con un Barça herido, los contragolpes de los de Hiddink fueron lo único que interrumpió el fútbol plano del Barça.

El conjunto culé estuvo lento y sin ideas, muy poco dinámico en ataque y sin capacidad para encontrar agujeros. Guardiola lo intentó de todas las formas posibles. La baja de Henry propició que el Barça descuidara las bandas. Messi, Iniesta y Eto’o se fueron intercambiando, pero ninguno pudo regatear a su par, y ni mucho menos al jugador que siempre aguardaba en la cobertura.

Los minutos fueron pasando y el técnico culé no encontraba alternativa. El Barcelona tocaba y tocaba en el centro del campo pero se estrellaba una y otra vez con el muro azul. Drogba y Anelka, mientras, seguían a lo suyo. Víctor Valdés tuvo que hacer acto de presencia para sacar dos mano a mano al marfileño y, antes, una potente falta lateral con la rodilla. Pero el guardameta, pese a sus decisivas intervenciones en la eliminatoria, seguramente quedará relegado a un segundo plano.

Cuando parecía que el Barça le empezaba a hacer cosquillas al Chelsea, Anelka se dejó caer ante Abidal cuando se quedaba sólo. El linier de Tom Hennings, en el mejor ángulo posible, no vio el piscinazo y secundó la expulsión del lateral. Era una piedra más en el camino del Barça. El 2-0 parecía estar más cerca que el empate, pero Hiddink se acobardó y prefirió centrar todos sus esfuerzos en defender. Ante la lesión de Drogba sacó a Belleti, un lateral. Un jugador como Kalou podía haber sido más determinate.

Por suerte para el Barça, Hiddink eligió mal. Fue quizás su único error en toda la eliminatoria. Guardiola, además, tardó demasiado en reaccionar. El cambio de Bojan por Busquets, debió realizarse antes. En los instantes finales, Piqué mostró su jerarquía vistiéndose de Márquez, de Xavi, y hasta de Eto’o. Sus subidas aportaban el factor sorpresa que necesitaba su equipo para despistar al Chelsea. En un balón colgado al área y tras un despiste de Essien, el balón le cayó a Messi, que vio sólo a Iniesta en el borde del área.

El manchego hizo el resto. Con el exterior del pie, acarició el balón para situarlo en la escuadra de Cech. Era el primer disparo por dentro del Barcelona, en el minuto 92. Daría tiempo para dos ataques del Chelsea. En el último, Ballack estrelló una volea contra el antebrazo de Eto’o. Y el alemán se desesperó pidiendo penalti.

Pero todos los ojos estaban en Iniesta -menos los del Chelsea, que se enrabietaron, no sin razón, con el colegiado-. Puede que al manchego no le den el Balón de Oro. Su apariencia de niño bueno, de tímido, de educado, no se corresponde con el perfil adecuado y le obliga a hacer más méritos que los demás. No es mediático, pero es un fuera de serie. Da un sobresaliente en cada partido y nunca se apaga. Aunque no lo consiga, Iniesta ya tiene su propio trofeo, el que le hace feliz y con el que maravilla a todo el mundo: el balón.

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