Nuestro gol de la jornada: Osasuna 2-1 Real Madrid (Juanfran, 60′)
Gastó 35 millones de euros este último verano, tiene una de las masas sociales más grandes de España con 42.000 abonados, pero está en Segunda División. Es el Betis que, como el Zaragoza, se va al pozo con una plantilla fabricada para entrar en Europa. El conjunto verdiblanco, después de vivir en tensión toda la temporada, pero con la sensación de que saldría más tarde o más temprano, acaba viviendo el peor drama en la última jornada y de forma inesperada.
El descenso de una de las plantillas más caras de Primera puede propiciar un cambio de ciclo. Una desbandada entre los jugadores y también en el palco. Lopera, tras varios años de enormes desembolsos con mediocres resultados, vive su peor momento al frente del club y la afición pidió con más ímpetu que nunca su salida. Jugadores como Ricardo Oliveira y Sergio García, además, viven su segundo descenso de forma consecutiva.
Durante la rueda de prensa de Josep Guardiola después de que el Barcelona se proclamara campeón de la Copa de Europa, la sala de prensa del Olímpico de Roma se fundió en una espontánea ovación. El destinatario de los aplausos no era Guardiola ni su laureado Barcelona, tampoco lo era el United ni Cristiano Ronaldo. El gesto estaba dedicado a Paolo Maldini, eterno capitán del Milan y símbolo de Italia, que este fin de semana cuelga las botas y dice hasta luego al mundo del fútbol.
Que un jugador sea capaz de ser recordado durante una final de Champions, y más en la que protagonizaron el Barcelona y el Manchester United, sin tener nada que ver con ella representa la magnitud que ha alcanzado. Maldini es un ídolo incluso para los propios futbolistas, que le admiran por su entrega al fútbol y por su señorío dentro de los terrenos de juego. Guardiola, poco minutos después de haber levantado su tercer título de la temporada, se rindió a los pies del veterano defensa italiano.
El dominio de una opresión dictatorial, diabólica y estrictamente resultadista parecía eterno e inmutable en el fútbol francés. La imprevisibilidad que la caracterizó durante toda su historia, reflejada en un total de diecisiete equipos que han levantado el título nacional en alguna ocasión, rompió esa ecuánime dinámica a principios de siglo cuando comenzó a gobernar el despotismo del Olympique de Lyon. 8 años de dominio, de riguroso camino hacia la victoria final y, sobre todo, de acuciante desilusión en el resto de enemigos que desistían cada temporada ante el poder de los del Gerland. Los lioneses buscaban su brújula en Europa, donde siempre han fracasado ante sus semejantes continentales mientras el resto se conformaba con un segundo plano lleno de obstáculos.
Hace apenas unos meses, algo más de un año, la supremacía de Les Gones dio un paso al costado, cediendo su carácter ganador y demostrando que existían opciones si el resto confiaba en la heroica. Hoy, después de que el Lyon haya tocado fondo en su primera campaña sin títulos desde hace casi una década, Francia ha cambiado de reino, de gobernador, de jefe de filas. La Ligue 1 responde a un nuevo orden, un renovado espíritu ganador con un estilo vanguardista que ha consumado su éxito tras diez años sin ‘pescar’. El Girondins de Burdeos aguantó el pulso, venció al Caen (0-1)y es el nuevo campeón.
Por segundo año consecutivo el Atlético de Madrid es equipo de Champions. En una temporada sin brújula, los colchoneros encontraron el norte en el momento decisivo. Diego Forlán fue el mejor imán. El uruguayo se confirmó como pichichi y como Bota de Oro (salvo que Marc Janko anote mañana cuatro goles) con 32 tantos. Una cifra demoledora, inalcanzable para ningún jugador de la Liga desde Ronaldo en el 97.
El Atlético resuelve con buena nota un año muy agitado, con destitución del entrenador, goleadas vergonzantes y pitadas insultantes. Toda una montaña rusa que acaba con final feliz. Una atracción a la que están muy acostumbrados en el Vicente Calderón.
El más prestigioso de los torneos coperos, el ejemplo que todos quieren seguir y esa mística inigualable que sólo el fútbol inglés es capaz de exprimir aún en estos días de comerciantes y millonarios que quieren ‘juguetear’ con ella, se reunió como cada año en Wembley. Tras numerosas eliminatorias, el sueño que iniciaron más de 700 equipos llegaba a su fin en el escenario más querido por el fútbol inglés, cruzando los caminos de dos equipos completamente dispares y extremos en su concepción organizativa. Un Chelsea que preparaba el adiós de Hiddink al tiempo que apuraba el último cartucho posible para acceder a títulos y un Everton que había dejado en el camino a los ‘cocos’ (Liverpool y United) para intentar completar su milagro en la campaña que corona (si es que había dudas) al ya galardonado como mejor técnico del año en las Islas, David Moyes.
Los Blues llegaban con su once de gala (salvo molestias que dejaban fuera a Carvalho), dispuestos a cerrar el paso de su idolatrado técnico con un título que homenajeara su estupendo trabajo durante los últimos meses. Los Toffees, más prudentes pues no se colaban en una finalísima desde 1995, seguían arrastrando lesiones de hombres importantes como les ha sucedido a lo largo de toda la campaña (y pese a todo han sido quintos) con lo que no estaban a disposición Arteta, Yakubu o Jagielka.
El fútbol también puede ser horrososo si los ‘animales’ pueden vestirse de corto. Desgraciadamente, uno de esos salvajes campa a sus anchas por Sudáfrica donde, más allá del espectáculo de Soweto, de vez en cuando aparecen escenas que debemos intentar eliminar de nuestro deporte con la ayuda de todos. La acción, que pertenece al partido entre Carara y Black Aces, muestra una de las entradas más violentas de la historia del fútbol. La víctima es Oupa Ngulube, que terminó con la pierda derecha destrozada por su agresor, el ‘criminal’ Felix Musasa. Ver para creer.
Este domingo, se disputa en la Superettan (La 2º división del Fútbol sueco) uno de los derbis más extraños del mundo. Y es que, los equipos que se enfrentan, dirimen entre si la supremacía no solo sobre el futbol de Södertalje, pequeña ciudad cercana a Estocolmo donde se asientan los clubes rivales, sino sobre el balompié… Asirio.
Este nombre, que nos hace retroceder en la historia miles de años, y llena nuestra memoria de nombres como Asurbanipal o Nínive, matanzas y guerras continuas, es ahora aplicado a un pueblo diferente , que vive dividido por los diversos estados de Oriente Medio y caracterizado sobre todo por su filiación cristiana, en una zona de amplio dominio musulmán.
Y es precisamente esa diferente raíz religiosa, mantenida contra viento y marea a lo largo de los dos últimos milenios, la que provoco contra el mismo, y con especial incidencia desde los comienzos del siglo XX, una persecución implacable, llena de trágicos y sangrientos episodios, que lejos de cesar, se han recrudecido en los últimos tiempos, sobre todo en Irak, el principal hogar natal de dicha etnia.
Además de Gignac, de quien ya os hablé, la Juventus se ha interesado en otro futbolista del Toulouse: Moussa Sissoko, un prometedor interior diestro de 19 años con cualidades de mediocentro que está haciendo una buenísima temporada. Sin embargo, este chaval francés con sangre de Mali ha comentado que seguirá con los blanquivioletas. Y eso que la Premier también le buscaba, además de otros clubes italianos.
Hace unas semanas ayudó a abrir el marcador ante el Olympique de Marsella (2-2, vídeo resumen largo), un empate trabajado que evitó que se escaparan en el liderato. Sissoko es un chico fuerte (1,87) y de velocidad. Pero con algo más. Llega con facilidad al ataque, sobre todo con cabalgadas por la banda derecha, y hace goles porque tiene una precisa y potente pierna diestra. Nada de bombas, tiros colocaditos y duros. 3 dianas cuenta esta temporada (vídeos: golazo ante el PSG, contra el Girondins y frente al Le Mans) además de 3 asistencias. Dominio del juego aéreo y muy participativo, a quien no le quema el balón en los pies como a otros africanos que por su físico parecen de contención. Técnica notable.