Histórico
25 abril 2009Jose David López

Vannes: El milagro del formato copero

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La majestuosa FA Cup inglesa es el gran referente mundial en lo que a torneos coperos se refiere. Su solera, su impresionante y singular historia así como las hazañas de todos aquellos que participan anualmente, hacen del torneo más antiguo del mundo uno de los más deseados por los ‘gigantes’ ingleses. Sin embargo, las leyendas más impactantes y también las que mayor repercusión han levantado en sus más de 130 años de historia, están escritas por equipos pequeños que encontraron su gran escaparate en una tarde bajo el ambiente incomparable de Wembley. Todos quieren ese carácter de universalidad y generar la misma sensación de competición de culto que desprende con el paso de los años pero, generalizando en el fútbol europeo, prácticamente nadie sigue el guión sobradamente conocido.

En España e Italia el torneo copero sólo es un inoportuno bache que superar hasta que la ilusión de plantarse en las últimas rondas despierte alegría en las aficiones. En Francia, sin embargo, no han tenido reparos en admitir que el patrón inglés es el adecuado y, sin tapujo alguno, lo han clonado para divertimento de su hinchada futbolística. Un formato en el que impera la equidad entre equipos pese al poder económico, mediático o deportivo y que intenta, ante todo, mantener la competitividad con un sorteo puro y duro donde todo se solventa con un único partido. El canon ideal que todos elogiamos, que a cualquier apasiona y que genera sorpresas anuales en forma de equipos pequeños que encuentran su momento de gloria, sus quince minutos de oro. Al contrario que en la Copa, la Copa de la Liga (Coupe de la Ligue) francesa sólo concede acceso a los clubes profesionales del país, es decir, 45 equipos (20 Ligue 1, 20 Ligue 2 y cinco de Championnat National) que intentan llegar a la finalísima que se disputa en el imponente Saint Denis.Es un formato accesible a cualquiera, donde un equipo menor es capaz de convertirse en la pesadilla de los supuestos candidatos al título. Desde su nacimiento en 1982, varios han sido los equipos pequeños que han dado la campanada. El último en plantarse en la final y además vencer, fue el semi-desconocido Gueugnon en la edición de 2000. Este sábado, otro modestísimo que camina por la Ligue 2 buscará su particular milagro. El Vannes disfruta el regalo de un buen formato copero.

Y es que el mejor ejemplo de este fenómeno futbolístico de tantos quilates pasionales lo marca el presidente del club bretón, que en semifinales, se había levantado a las 6 de la mañana porque “los alimentos no se distribuyen solos”. Michel Jeustin, carnicero de profesión y mandatario incrustado en un sueño que jamás hubiera imaginado, no podía sino sonreír mientras gritaba a los cuatro vientos que el reto del año era “conseguir puntos para mantenernos en la Segunda División”.

vannes-escudoCuando su acceso a la finalísima se concretó, L’Equipe describió al VOC (Vannes Olympique Club) como “el pequeño entre los pequeños” pero nadie citaba su gesta como algo inmerecido pues además de al Niza, dejaron en el camino a equipos de la Ligue 1 como Valenciennes y Auxerre. Actualmente, antes del prodigioso e histórico sábado que les espera en París y con seis jornadas para finalizar su trayecto liguero, marchan en una plácida décima posición. Sólo queda disfrutar.

El Vannes, que nació de la unión de dos instituciones (Véloce Vannetais y del FC Vannes), apenas tiene 11 años de vida oficial e independiente. Antes de alcanzar tal heroicidad en forma de final copera, ascendieron al Championnat National (Segunda B) en 2005 y dos temporadas más tarde, repitieron tras ser campeones, logrando ‘colarse’ en la Ligue 2. En ese momento, es decir, hace apenas tres años, se convirtieron en profesionales. Aunque por aquí pasó de juvenil el mismísimo Didier Drogba, sus pequeños héroes está alejados de los focos de interés. Un veterano curtido en mil batallas como Savinaud, un ex campeón liguero con el Nantes como Leroy o un joven en progresión como N’Diaye (cedido por el Caen), forman un vestuario noble donde los titulares locales se los llevan Frederic Sammaritano, un extremo rápido, extremadamente bajito y que tiene un curioso club de fans, un llegador con mucho gol como Lebouc y el delantero Gimbert, uno de los ídolos de esta edición copera.

Los 50.000 habitantes de Vannes, que entrarían perfectamente en Saint Denis, dejarán atrás las noches épicas vividas en el coqueto Stade de la Rabine para plantarse en la capital con el escudo de Les Vénètes bien visible. El entrenador, Stephane le Mignan, de sólo 35 años, recordó que será una tarde mítica, un hecho difícilmente repetible y el paso definitivo a Europa pues si el Burdeos, su rival y claro favorito, logra plaza de Champions League (que ahora mismo ostenta), Vannes pasaría a ser ciudad con tintes continentales pues la Copa de la UEFA sería su recompensa. El premio para todo aquél valiente que sabe aprovechar el regalo de un formato ideal y traducirlo en ilusión durante unas horas. El milagro del VOC está de camino.

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