Histórico
17 abril 2009Jose David López

Semifinal ucraniana o anti-crisis

SOCCER-UKRAINE/La economía mundial azota a golpes nuestra estabilidad. La recesión es ya una realidad, las empresas más potentes se vienen abajo o necesitan directamente intervención del estado y el paro crece alarmantemente entre una sociedad que pide explicaciones cuando nadie es capaz de generar respuestas sólidas. Nuestro país mejor que nadie está conociendo los catastrofismos que puede producir una mala previsión financiera pero el fútbol, que nunca para pese al considerable desliz que sufren algunos, refleja estos días el premio a aquellos que lograron escapar de esta situación destructiva. Ucrania, que vive uno de sus mejores momentos monetarios debido a su frugalidad a principios de siglo y al envidiable crecimiento económico que ello le generó, disfruta justo ahora de su éxito lejos de las sedes políticas y las reuniones gubernamentales porque es en el césped y no en el parqué donde la economía plasma ya su brillantez.

A partir del año 2000, la economía ucraniana creció al son de sus exportaciones, siendo además la confianza del consumidor en la demanda doméstica y las inversiones nacionales dos puntos vitales para ello. La modernización de la empresas de transporte, con una producción enorme de automóviles, autobuses, aeroplanos y hasta naves espaciales, también empujó considerablemente a la mejora sustancial de uno de los grandes núcleos del desarrollo: la importación de la mayoría de las fuentes de energía. Ahí, en el metal, la minería, los generadores de energía, las telecomunicaciones y los bienes inmobiliarios, nació el primer paso hacia una economía saneada y, a su vez, el peldaño inicial hacia la renovación profunda que anhelaba el fútbol ucraniano desde su escisión de la antigua URRS. Ahora, cuando Dinamo de Kiev y Shakhtar Donetsk reflejan esta revolución con su clasificación para las semifinales de la UEFA, es hora de mirar atrás y analizar los progresos.

En 1992 se fundó la Vyscha Liha o Ukranian Premier League, un torneo independiente al que le costó arrancar, crear un buen formato (fue cambiado un par de veces en apenas 16 años de historia) y vincular a los aficionados. A principios del nuevo siglo, con el boom económico, los grandes magnates nacionales quisieron entrar en acción para impulsar la competición y sus beneficios financieros entraron en juego en el césped, aunque con dos estilos bastante definidos en los dos gigantes del país. Salvo excepciones, las grandes adquisiciones siempre tienen como protagonistas al Dinamo (12 títulos) y al Shakhtar (4 títulos) aunque con distinto rasero. Mientras los Bilo-Syni (blanquiazules en ucraniano) siguen apostando principalmente por el producto nacional, los Kroty (topos, por su pasado minero), han impulsado su presencia en el primer nivel debido a suculentos traspasos extranjeros.

Ihor Surkis, un empresario de Kiev cuyo hermano es el presidente de la federación Ucraniana, reina en el Dinamo. Atrás quedaron los éxitos en su etapa soviética donde fue el absoluto dominador y llevó a cabo una dictadura ganadora durante décadas, siendo nombres como Lobanovsky, Blokhim o el aún activo Shevchenko, los que entraron en su historia con letras de oro. El citado Surkis ha tenido que reestructurar profundamente la institución a los nuevos tiempos pero, más allá de seguir apostando por los valores nacionales, siempre ha querido mantenerse como el equipo del país, con lo que sigue siendo el principal manantial de la selección ucraniana. Un estudiado centro deportivo para su cantera y un desembolso anual de muchos millones para asegurar su subsistencia más allá de algún fichaje de campanillas, son su base actual. Los valores locales Aliev, Milevski o Kravets, quedan cada vez más a la sombra del producto foráneo, con Bangoura, Guilherme (recién fichado y que tiene que explotar sí o sí) o Vukojevic como principales ejemplos. El buen trabajo de Yuri Semin, que en su segunda etapa al frente de los de Kiev parece haber encontrado el buen camino, puede llevarles de nuevo a lo más alto. A expensas de lo que ocurra en UEFA, tienen la Ukranian Premier League ‘a tiro’.

Mucho más revolucionario ha sido el pasado reciente de su rival, un Shakhtar que ejemplifica a la perfección el crecimiento de un club en concordancia con el dinero que se invierte en el mismo. El culpable de todo ello es Rinat Akhmetov, un multimillonario que preside la empresa SCM Holding y que está entre las 50 personas más ricas del mundo. Parte de sus beneficios los ha destinado a un equipo de segunda línea al que lleva años metiendo entre los grandes del continente. Al contrario que su enemigo nacional, los orange son una pequeña sociedad cosmopolita creada con un mismo patrón, el dinero de una economía saludable. Su filosofía está encaminada a lograr traspasos de jóvenes sudamericanos que busquen un salto a Europa por cuestiones de bolsillo y pese a que en su mayoría conserva jugadores ucranianos, las estrellas son Jadson, Ilsinho, Srna, Luis Adriano o Marcelo Martins (otro que tiene que explotar de inmediato). Sin embargo, su ascensión ha tenido un denominador común, la serenidad y tranquilidad con el trabajo de todo un experto como Mircea Lucescu, que ha conseguido increpar el otrora invencible Dinamo. El rumano es un semi-dios en Donetsk y quiere cosechar un gran título justo en el año de su adiós.

A pesar de los 15 puntos de ventaja que el Dinamo de Kiev tiene a favor respecto al Shakhtar en el campeonato liguero a falta de sólo siete jornadas para su fin, el cruce de semifinales será completamente abierto. Semin y Lucescu son técnico cautelosos, excesivamente defensivos en partidos de máximo interés y con una similar propuesta a la contra para cerrar citas igualadas pero ante esta equidad de estilos, decantarse por un vencedor se antoja complicado. Antes del cruce, se verán las caras en un test previo con otras semifinales, las de Copa, como excusa. La europea será histórica, pionera (puesto que jamás dos equipos han llegado a verse las caras en una fase tan avanzada) y que colocará a un nuevo equipo del este (tras el Zenit y el CSKA en los últimos años) en la finalísima de una competición que siga regalando sorpresas y que refleja que el segundo escalón del fútbol europeo es mucho más amplio con el paso del tiempo.

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