Histórico
27 abril 2009Ariel Judas

Lejos de Sudamérica

river

Argentina tiene cinco equipos representantes en la primera ronda de la Copa Libertadores de 2009. Boca Juniors, River Plate, Estudiantes de La Plata, San Lorenzo de Almagro y Lanús. A falta de que se disputen una media docena de partidos correspondientes a la última jornada de la fase de grupos de la competición internacional más importante para los clubes del continente americano solo un equipo argentino -los Pincharratas- se han asegurado el pase a los octavos de final, en calidad de segundo mejor participante del Grupo 5. Millonarios, cuervos y granates se han quedado fuera de la Copa bastante antes de que el certamen diera por cerrada su primera ronda. El equipo xeneize mantiene clarísimas opciones de pasar a la siguiente fase y tendrá la oportunidad de hacer buenos esos augurios el próximo jueves, cuando reciba en la Bombonera al Deportivo Táchira. Pero lo que ni siquiera una goleada del conjunto entrenado por Carlos Ischia ante los venezolanos podrá ocultar es la pésima performance del fútbol argentino en la edición número cincuenta de la Copa Libertadores de América.

El Club Atlético Lanús, uno de los conjuntos de Argentina que no han conseguido pasar a los octavos de final, es -dentro de este trío- a quien tal vez se pueda disculpar de una manera más fácil. Si bien en épocas en la que Héctor Cúper era entrenador de la escuadra granate la entidad del Gran Buenos Aires había obtenido la Copa Conmebol (el antecedente de lo que hoy se conoce como Copa Sudamericana), Lanús no es un conjunto con tradición en la competición internacional. Si bien a priori era lógico suponer que el equipo entrenado por Luis Zubeldía podía aspirar a ser uno de los dos mejores participantes del Grupo 6 (donde también están el Caracas, el Chivas de Guadalajara y el Everton de Viña del Mar), lo cierto es que en sus cinco primeros encuentros el equipo campeón del Torneo Apertura 2007 no ha conseguido ganar uno solo de esos partidos. Tres empates (ante Chivas como local, frente al Everton en Chile, y delante de los mexicanos en el Jalisco) y dos derrotas (frente a Caracas como visitante, y ante el Everton como en el Ciudad de Lanús) han dejado -a falta de la disputa del último compromiso- al grana con apenas tres unidades y demasiado pronto sin posibilidades de progresar en la Libertadores.

Pese a la decepción que a buen seguro supuso quedar fuera de la gran ventana al mundo de la que pueden disfrutar los equipos de Sudamérica, la afición de Lanús -un equipo humilde, aunque muy bien gestionado en los despachos y en el terreno de juego- no puede quejarse de su plantilla que, casi con lo puesto, es una de las tres mejores participantes del Clausura 2009, junto con la de Colón de Santa Fe y la de Vélez. El que fuera conocido a finales de la década de los sesenta como el equipo de los Albañiles no ha podido construir en esta Libertadores los cimientos de su consolidación a nivel continental. Pero este tropiezo debe ser tomado como un pecado de juventud, que bien puede ser atribuible a su inexperiencia o bisoñez en estas lides.

Muy distintos son los casos de San Lorenzo y River, dos equipos a los que es perfectamente válido exigir mucho más de lo que produjeron en sus primeros cinco encuentros de esta edición de oro de la Copa. El Ciclón -de la mano de la aportación económica y gerencial del pope de los medios de comunicación Marcelo Tinelli- conformó una plantilla rica para -por fin- dar lucha y conseguir cosas importantes en el campo internacional, la gran asignatura pendiente del club azulgrana a nivel histórico. Los Millonarios -paradójicamente, cada vez más lejos de su histórica denominación en el plano deportivo y monetario- comenzaron el 2009 con el sabor agridulce que les dejó el 2008, donde -sin escala intermedia- pasaron de ser campeones en el Clausura a quedar en la última plaza en el Apertura. La contratación de un entrenador formado en la casa -Néstor Gorosito-, el fichaje de uno de los mejores delanteros de la primera división argentina durante el año pasado -Cristian Fabbiani- y el regreso de uno de los últimos testigos de los momentos de gloria verdadera para el club del barrio de Núñez -Marcelo Gallardo- prometían momentos de -al menos- dignidad para el equipo de la banda roja en sus compromisos internacionales de esta temporada.

San Lorenzo comparte aún el Grupo 8 junto con el Libertad de Paraguay, el Universitario de Deportes de Perú, y el San Luis de México. Si tenemos en cuenta que en la plantilla 2009 de los Gauchos de Boedo encontramos nombres como los de Gonzalo Bergessio, Santiago Solari, Jonathan Bottinelli, Alejandro “Papu” Gómez, Andrés Silvera, Jonathan Santana, Bruno Fornaroli, Cristian Ledesma o Pablo “Pitu” Barrientos -entre otros- y un entrenador ganador de la Libertadores como Miguel Ángel Russo lo mínimo que podía esperarse de los Cuervos era una actuación decorosa y sortear sin demasiado problemas la barrera de la primera fase. Sin embargo, y tras dejar una paupérrima imagen en los cinco partidos que ha jugado hasta ahora, San Lorenzo apenas ha ganado un encuentro (el del debut, como local ante el San Luis, por 4-1) y luego ha perdido el resto de sus encuentros ante sus rivales de zona. Fue el equipo mexicano -precisamente- quien en la quinta fecha le dio la puntilla al cuadro del Bajo Flores al dejarlo eliminado con su victoria por 2-0. Esa caída -sumada a la voracidad de un plantel que se ha fagocitado a más de un cuerpo técnico y a la pobre campaña en el Clausura- ha puesto a los Matadores en terapia intensiva. Tan malo debería ser el ambiente en los pasillos del Nuevo Gasómetro que Russo ha aceptado gustoso irse para -pocas horas más tarde- fichar por Rosario Central, un equipo que lucha por mantenerse en la primera división. El segundo semestre para San Lorenzo no se promete fácil, y la directiva encabezada por el presidente Rafael Savino ha optado por una terapia de choque llevada a cabo por las manos del cirujano Diego Simeone, que ayer se ha estrenado con un empate 1-1 ante Racing y que, dentro de su programa de trabajo, tiene como misión depurar depurar el vestuario de su nuevo club.

Si la eliminación de San Lorenzo ha causado estupor en el ambiete futbolístico argentino, aún más extrañeza y críticas ha generado la estéril trayectoria del Club Atlético River Plate, un grande a nivel mundial, envuelto desde hace años en una espiral de decadencia que parece no tener fin, pese a la efímera alegría del título del Clausura 2008.

La Banda tuvo un sorteo bastante afortunado en la previa de esta Copa Libertadores, y quedó clasificado para el Grupo 3 junto con el Club Nacional de Fútbol de Uruguay, la Universidad de San Martín de Perú, y el Nacional de Paraguay. “Pipo” Gorosito aseguró hace apenas un par de días que si le hubieran dado a elegir habría conformado su zona con rivales como los que se le asignaron, teóricamente asequibles para un equipo como River. Pero la realidad y los designios de este campeonato que, es cierto, históricamente le ha sido bastante adverso a los Millonarios pusieron en ridículo una vez más a las aspiraciones del hincha de uno de los dos equipos más populares de Argentina.

De los cinco encuentros jugados River ganó apenas uno, igualó otro, y perdió tres, el último de ellos de manera humillante -por 4-2- ante un desahuciado Nacional de Paraguay, un equipo sin posibilidad alguna de pasar a octavos de final. Al equipo argentino le bastaba con un simple empate para mantener con vida sus esperanzas de clasificar, junto con el equipo tricolor uruguayo, a la siguiente fase. El cuadro millonario -que en el minuto 43 se imponía por 0-1- terminó perdiendo los papeles y la clase ante un club modesto y sin pedigree copero como el asunceño. El equipo porteño -que viene de hacer el peor ridículo de su historia en la liga local- volvió a darle una cachetada a su afición -multitudinaria, no solo en Argentina- y a dejar a su entrenador sin palabras ni excusas posibles, quien no tuvo otra opción que admitir que sus futbolistas no habían jugado el partido frente a los paraguayos con la concentración y el compromiso mínimos que la clasificación del equipo en la Libertadores exigía.

El mal momento del club no se agota en esta pronta eliminación en el marco internacional o en su errático paso por el Torneo Clausura 2009. Hay otros signos aún más evidentes del camino cuesta abajo que ha emprendido el club en los últimos años. Una de las señales palmarias de este declive se deja ver en la convocatoria que días atrás ha efectuado el seleccionador argentino Diego Maradona quien -al anunciar la creación de un equipo “alternativo” o “B” para, tal vez, jugar algún partido oficial, integrado únicamente por futbolistas que se desempeñen en la liga local- no ha citado a ningún efectivo de la plantilla de River. Esto -que hoy nos parece justificable- hubiera sido un auténtico sacrilegio seis o siete años atrás cuando un equipo de esas características habría contado -sin dudarlo- con al menos media docena de integrantes de la escuadra que hoy dirige Néstor Gorosito.

Es bien cierto que hoy a River no le sobran las figuras (el único jugador que tendría mercado internacional en mi opinión sería el colombiano Radamel Falcao García), que en muchas líneas sus titulares no dan la talla, y que las últimas adquisiciones no cambian en nada lo que Núñez se tenía antes de estos fichajes. Pero eso no justifica la desidia que trasciende de casi todos los movimientos efectuados por la plantilla y la directiva riverplatenses. El club elegirá nuevas autoridades en los últimos meses de este 2009. Cualquiera nuevo presidente que llegue a las instalaciones del Monumental será mejor que la corte de los milagros encabezada por José María Aguilar quien, mientras el Titanic se hunde, intenta reflotar al club con el fichaje de Edgar Davids y algunos jugadores pertenecientes a las academias que el ex internacional holandés posee por el mundo. El Club Atlético River Plate, dueño de una de las canteras que más rendimiento económico ha dado en el mundo entero en los últimos quince años, “fichará” probablemente a los jugadores de Davids. Es algo tan ridículo como intentar venderle pizza a los italianos. Pero en casa de “Papada” Aguilar todo es posible.

A nivel internacional, y exceptuando de esta regla a Boca Juniors -que lo ha ganado casi todo en esta última década prodigiosa- los clubes de Argentina están lejos de Sudamérica en este 2009. Al menos, lejos de sus pares de Brasil, con quienes inevitablemente están obligados a compararse. De los cinco equipos del gigante sudamericano que juegan la Copa Libertadores tres de ellos han clasificado en la primera posición de sus respectivos grupos (Sâo Paulo, Cruzeiro y Grêmio), otro (el Sport) tiene grandes posibilidades de terminar en esa misa condición la primera fase, mientras que el quinto (el Palmeiras) tiene aún chances de pasar a la segunda ronda, pese a su mal inicio en este certamen.

Los equipos brasileños están sometidos a un regimen de competición mucho más duro que los de Argentina: campeonatos estaduales desde Febrero y hasta el mes de Abril, participación en la Copa Brasil desde el mes de Marzo, y un Brasileirâo de 38 fechas desde Mayo a Diciembre en el ámbito nacional, sin tomar en cuenta lo que jueguen en el plano internacional. Mucho, si lo comparamos con los dos escuálidos campeonatos semestrales argentinos. Tal vez esa -la falta de exigencia que tienen muchos de los equipos de la primera división de Argentina- sea una de las causas principales de este absoluto fracaso en la Copa Libertadores de los equipos de ese país.

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