Histórico
29 abril 2009Jose David López

El referente ajaccied de los ‘Wenger-boys’

cesc-walcott

Las canteras del mundo son la historia del fútbol. Por ellas han pasado absolutamente todas las estrellas que han hecho grande a este deporte pues siempre existió un principio donde, rodeado de tierra, barro o césped para los más afortunados, se escribió el primer capítulo dentro de cada profesional. En el mundo globalizado en el que vivimos y con el ingenio de los clubes más agudizado que nunca en tareas de búsqueda de jóvenes cracks del futuro, las canteras han tomado un camino definitivamente imprescindible para la subsistencia económica y deportiva de toda entidad. El ejemplo más irrebatible lo plasma diariamente el Arsenal que desde la llegada de Arsene Wenger ha estructurado una auténtica maquinaria de futuro con multitud de ojeadores, scoutings, técnicos y observadores que reflejan a la perfección la importancia de este aspecto del fútbol en la actualidad.

En los últimos años esa dinámica se ha intensificado en el resto de equipos, que han querido clonar a su manera el trabajo elaborado desde hace años por el técnico alsaciano y que le permitirá, por ejemplo, luchar por la Champions 2008-2009. El equipo londinense tiene por delante tres partidos (de inmensa dificultad) para entrar en la historia del fútbol por la puerta más grande que existe a nivel de clubes y, además, la opción de atravesar esa barrera con un equipo repleto de adolescentes que se subleva ante la dictadura de los adinerados competidores. Con una media de edad en torno a los 21 años (en ocasiones incluso menor), un estilo propio con refinado gusto por la armonía del pase corto, una tremenda capacidad de buscar espacios libres y anhelando una cita de primer nivel para seguir progresando en aspectos competitivos (su principal defecto de años anteriores), el Arsenal quiere auparse a lo más alto. Para ello siguen un fiel referente que consumó sus mismas inquietudes y esperanzas una noche mágica de 1995: el Ajax de Louis Van Gaal.

El majestuoso Ernst Happel vienés se vistió de gala con 50.000 hinchas ajaccied y rossoneros en las gradas. Era el Milan de Capello, el que había vapuleado al Barcelona un año antes en la final de Atenas y el mismo que buscaba repetir éxito de la mano de nombres poderosos como Baresi, Albertini, Desailly, Maldini o Boban entre otros. Un equipo con un estilo concreto, resultadista pero de máxima competitividad. Lento en su ritmo pero seguro como pocos y que llegaba a la finalísima con la etiqueta de favorito con mayúsculas. El once del Ajax, que no llegaba a una cita de semejante calibre desde la Copa de Europa de 1973 con Cruyff a la cabeza, estaba formado por jugadores que estaban dándose a conocer con la brillantez de entonces y que, hasta la fecha, eran semi-desconocidos.

Un Van Der Sar que apuntaba maneras con 24 años, un rapidísimo Finidi que galopaba pegado a la línea de cal, la velocidad y desborde de Overmars con sólo 22 primaveras, la magia del ‘principito’ finlandés Litmanen o la extrema ambición de Seedorf en la que sería su primera final continental de cuantas estaban por llegar, formaban un grupo en la edad ideal que llegaba a una cita soñada en las mejores historias de ciencia ficción. Más allá de jugadores consagrados como Danny Blind y Frank Rijkaard (juntos formaban la dupla central) y de la extrema juventud de Kanu, el héroe fue un chico de oro que a sus 19 años iba a tocar la cúspide. Bastó un despiste de la zaga milanista en los últimos minutos de un partido tenso y con pocas ocasiones para que Kluivert (que fracasó después y ahora quiere ser técnico aprnediendo del propio Van Gaal) empujara una pelota dividida a la red de Rossi, que vi como el esférico se introducía mansamente en su portería. Viena encumbró a una generación que, con el tiempo, acabó desquebrajada, con sus protagonistas intentando lidiar en escenarios de medio mundo sin la proyección esperada y muy lejos de las expectativas levantadas aquella noche.

Los ‘Wenger-Boys’ son el fiel reflejo de aquél proyecto gestado desde las oscuridades del trabajo diario en una institución que siempre creció a la par de sus jóvenes promesas. Este miércoles, ante el actual campeón (como entonces el Ajax con el Milan), el liderazgo de Cesc, la velocidad de Walcott, la creatividad de Nasri, la envergadura de Adebayor (clave tras la baja de Van Persie) o el más novato de todos ellos, un Kieran Gibbs que se las verá con Cristiano debido a las bajas defensivas de los Gunners, buscarán caligrafiar (por aquello de aprender a escribir a su edad) su propia página en una historia que les encumbraría como la nueva generación de oro de la Champions (en su segundo intento en apenas tres años). Aquella que trazó con heroicidad aunque sin continuidad un Ajax clonado ahora en Londres hasta en los colores.

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