Histórico
11 abril 2009Ariel Judas

El Emperador de Vila Cruzeiro

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Tras varios días de especulaciones, Adriano Leite Ribeiro ayer ha dado finalmente la cara. Luego del pitido final del partido que Brasil ganó ante Perú por 3-0 por las Eliminatorias Sudamericanas el Emperador entró en situación de paradero desconocido, lo que generó una infinidad de rumores sobre los motivos de su desaparición, a cual más truculento.

Con un semblante que tal vez nadie esperaba encontrar, distendido, y hasta de buen humor, el delantero se presentó ante la prensa de Río de Janeiro para anunciar que abandona la práctica del fútbol profesional hasta que pueda rescindir su vínculo con el Internazionale de Milán. “Perdí la alegría de jugar. Todo el mundo tiene derecho a ser feliz en su trabajo. No estaba feliz en Italia. No sé si voy a quedarme uno, dos o tres meses sin jugar. Voy a repensar mi carrera. Soy feliz en Brasil al lado de mis amigos y de mis familiares”. Con estas seis frases puede resumirse el contenido de la conversación de Adriano con la prensa carioca.

Para conseguir su objetivo el primer escollo que deberá sortear uno de los mejores futbolistas brasileños de la última década será el casi seguro conflicto que tendrá con el Inter, propietario de la ficha del jugador hasta Junio de 2010. El goleador ha asegurado que está dispuesto a renunciar a los 400 mil euros mensuales que percibe por ser integrante de la plantilla del club lombardo. Esa, y su negativa en redondo a regresar a Milano, serán las principales armas de negociación que esgrimirá Gilmar Rinaldi, el empresario del atacante, ante Massimo Moratti, presidente del vigente campeón de la Serie A.

Hasta hace apenas unas horas se especulaba que, de la mano de Rinaldi, Adriano desembarcaría luego de la Pascua en el aeropuerto de Malpensa para -tras un nuevo acto de contricción- volver a trabajar bajo la disciplina de José Mourinho y reincorporarse al primer equipo de uno de los clubes más poderosos del planeta. El entrenador portugués -que fue uno de los que más apostó por la recuperación del crack brasileño- hoy parece haber lanzado la toalla en su intento por conseguir que el internacional brasileño regrese al primer nivel mundial.

¿Qué ha pasado con Adriano desde el 2 de Abril hasta la tarde de ayer? Tras el encuentro ante los peruanos en el estadio de Beira-Rio el futbolista se trasladó a Río de Janeiro para -en teoría- tomar un vuelo hacia Italia. Pero en lugar de dirigirse al aeropuerto el delantero buscó refugio en el Morro da Chatuba, en las afueras de la cidade maravilhosa. Concretamente, el Emperador recaló en Vila Cruzeiro, la favela donde nació y se crió, uno de los barrios más marginales y peligrosos de la capital carioca.

Allí, donde ni siquiera consigue entrar la policía, es el único lugar en el mundo donde Adriano -según Joana Machado, hasta hace pocas semanas pareja del jugador- se siente en paz consigo mismo. Lejos de los paparazzi, de los periodistas, de los aficionados, de los dirigentes y entrenadores. Solo en Vila Cruzeiro -donde aún vive la mayor parte de su familia- el crack consigue abandonar su condición de tal, puede compartir una cerveza con sus amigos de la infancia, jugar al fútbol descalzo, no preocuparse por su imagen pública. Allí también consigue convivir con su problema de adicción al alcohol (una cuestión admitida por el propio jugador tiempo atrás) sin ser juzgado por quienes le rodean circunstancialmente.

“Estoy siempre aquí. Amo a mi favela, no la cambio por nadie o por nada en esta vida. Gracias a Dios tengo mi vida realizada y trabajé mucho para conquistar todo lo que tengo. Pero continúo siendo el mismo Adriano de siempre. Hay mucha gente que dice ‘Adriano hoy es rico’. Pero no cambié en nada. Cada vez que puedo, siempre vengo aquí” afirmó tiempo atrás, en agradecimiento a los responsables de un proyecto humanitario holandés que se encarga de pintar en los barrios marginales de Río de Janeiro.

Tras su estancia de tres días en el Morro da Chatuba -un período durante incluso se llegó a especular que había sido asesinado- el delantero se recluyó en el lujoso piso de su madre, en el residencial barrio de Barra da Tijuca, también en Río de Janeiro. Su decisión de abandonar el fútbol ya estaba tomada. Su representante, sus amigos y su círculo más cercano intentaron -sin éxito- que Adriano diera marcha atrás. Pero ayer el aún jugador del Inter puso fin a esas gestiones al convocar la rueda de prensa durante la que anunció que pone punto final, al menos de momento, a su carrera profesional.

Varios psicólogos brasileños que han analizado en estos días el affaire Adriano coinciden de manera casi unánime: la estrella tiene dificultades para lidiar con el éxito. Según los especialistas, el hecho de haber elegido como lugar de refugio la favela donde nació es un claro síntoma del deseo del goleador de regresar a sus orígenes, y de retomar el anonimanto y el control de su vida privada. Durante su breve paso por el Sâo Paulo, el futbolista pidió una y otra vez que no se le llamara el Emperador.

Con su aislamiento en el barrio que es uno de los mayores focos de marginalidad de Brasil, el internacional con la Verdeamarelha intenta destruir, desmitificar su imagen de triunfador. También, según la visión de algunos expertos, Adriano deja claro que está herido y que necesita ayuda profesional. Para otros entendidos lo que el atleta puede estar padeciendo es un enorme sentimiento de culpa, algo bastante frecuente en las personas que consiguen cambiar de posición social de manera abrupta. Pasar en pocos años de vivir en una chabola colgada en un morro de las afueras de Río de Janeiro a ser el dueño de una mansión con vista al Lago de Como es -sin dudas- un shock cultural y emocional difícil de absorber. La ruptura sentimental con Joana Machado puede haber sido lo que haya disparado y acelerado la decisión tomada por Adriano. Pero quienes siguen de cerca la carrera del atacante saben que desde que llegó a Italia en 2001 el futbolista ha padecido de una manera notoria el desarraigo y la saudade que le generaba sentirse lejos de sus afectos y de su barrio natal.

Muchos no entienden ni podrán entender el por qué de esta decisión. La lógica -o al menos lo que uno entiende como lógica- es que el fútbol sirva como camino de redención (no solo desde el punto de vista económico) para los millones de jóvenes que en América Latina ven en este deporte una salida laboral. Adriano, que ha tenido el enorme privilegio de jugar y brillar en algunos de los equipos más míticos del mundo (el Flamengo, el Sâo Paulo, el Inter, la selección brasileña) elige -en el que por su edad debería ser el momento cumbre de su carrera- asesinar con violencia y alevosía a el Emperador.

Tal vez no sea conciente de ello (o tal vez sí, ¿Quién sabe?) pero con el anuncio que acaba de hacer Adriano ha cerrado para siempre las puertas del fútbol de elite en Europa y probablemente también las de la Canarinha mientras Dunga sea su responsable táctico.

Según el propio futbolista su abuela le ha dicho que en el único equipo en el que le permitiría volver a jugar es el Flamengo. Desilusionados y ofendidos tras el fichaje de Ronaldo por el Corinthians los dirigentes del club rubronegro se entusiasman con la posibilidad de que, de la mano de un jugador de talla mundial, el gigante carioca vuelva a dominar la escena brasileña y sudamericana. Los sueños sueños son, dice el refrán. De momento, el vicepresidente del Mengâo -Kléber Leite- se ha apresurado a poner a disposición del (¿ex?) jugador las instalaciones deportivas del equipo más popular del país para que no pierda su condición atlética e inicie su rehabilitación.

En la autopista que conduce a la posibilidad de que alguna vez volvamos a ver a Adriano con la camiseta negra y roja existen dos peajes: el que probablemente imponga el Inter para permitir la salida anticipada del atacante (una cuestión comercial que, más tarde o más temprano, se puede sortear), y el que establezca el propio goleador, quien -una vez despojado de la túnica de Emperador- tal vez decida hacer efectivo a largo plazo su anuncio de volver a ser uno más en Vila Cruzeiro.

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