Histórico
6 abril 2009Jesús Camacho

Balón de Oro: El escocés volador (1964)

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La semblanza biográfica de un personaje siempre comienza ineludiblemente en el lugar y la fecha de nacimiento del mismo, dos datos que sin duda marcan el inicio y el desarrollo vital de las personas. Cuentan además los expertos en astrología que la posición de los astros en el momento exacto del nacimiento de una persona, animal, país, empresa o cualquier otra entidad, tiene gran influencia sobre su personalidad, salud, profesión y por tanto en su destino. En el caso de este escocés, que pasó su infancia en un barrio marginal de Aberdeen posiblemente también fuera así pero bajo mi punto de vista hubo un suceso que marcó para siempre su destino. Y ese suceso no fue otro que conocer con quince años a un genio llamado Bill Shankly. Y es que fue Bill el que descubrió a aquel muchacho de clase obrera y se llevó sus pies alados  al Huddersfield, donde confirmó su desbordante talento y futuro. Un talento del que Shankly nunca tuvo dudas, no en vano en aquel año de 1956 le pidió al presidente retener a cualquier precio a aquel muchacho y le dio un consejo:

- Oiga presidente, saque su diario y anote esto. Algún día, Dennis Law será transferido por 100.000 libras esterlinas.

Desgraciadamente las palabras de Shankly cayeron en saco roto y aquel chaval acabó firmando por el Manchester City, donde permaneció un año y dejó constancia de que era un consumado goleador al hacer 21 goles en 44 partidos.

Su clara progresión no pasó desapercibida para el fútbol italiano y el Torino se hizo con sus servicios en 1961. Y fue el Torino el club que le sirvió de trampolín para que aquella profecía de Shankly sobre el niño prodigio de Aberdeen se cumpliera. Fue concretamente un 10 de julio de 1962, cuando el Manchester United de un Matt Busby que tenía tan buen ojo clínico como Shankly, fichaba a Law por 115.000 libras esterlinas, una suma de dinero que escandalizó al mundo.

De esta forma este “Escocés volador” del que Shankly decía que era tan bueno que podía bailar en una cáscara de huevo ingresaba en las filas del United para apuntalar el milagroso y mítico resurgimiento de un equipo que de la mano de Busby se sobrepuso a una tragedia. Y allí el fútbol vistoso, alegre y contagioso de Law encontró a dos socios con los que marcar una época. Dos socios con los que formó un triunvirato de leyenda que pasó a la historia con el sobrenombre de “Holy Trinity”. Tres representantes del fútbol de las Islas, un caballero inglés llamado Bobby Charlton, un norirlandés irreverente llamado George Best y otro ‘bad boy’ escocés llamado Dennis Law. Tres futbolistas alrededor de los cuales se formó una leyenda vinculada al número tres y es que fueron considerados por la prensa de la época como el tercer corazón de Inglaterra tras “The Beatles” y Su Majestad La Reina.

De los tres Law fue tan miope como goleador, tan bueno como irregular y tan visceral como genial. Y es que su miopía nunca representó un handicap para un futbolista que rompía cinturas con el vuelo rasante de sus pies, para un futbolista que inauguró la saga de ‘bad boys’ del club de Manchester. Su fuerte temperamento le acarrearon dos fuertes sanciones de cuatro semanas: por agresión a un rival y por insultos a un árbitro.

Así fue el genial Law, un futbolista que cuando tenía su tarde era imparable, un jugador que se significaba por su juego moderno, casi futurista, que combinaba fuerza, calidad e inspiración. Un compendio de cualidades que lo convertían en un futbolista muy británico pero también dotado de unas especiales características latinas que lo convertían en único.

En definitiva Law fue como una estrella fugaz por su estilo, por su fútbol, pero una de las estrellas más brillantes de la historia del United, club en el que llegó a conquistar además de la Copa de Europa, 2 Campeonatos de la Liga inglesa y una Copa. Una leyenda que fue internacional por Escocia en 55 ocasiones, un jugador que disputó un Mundial en el 74 y que cuando regresó a Maine Road para cerrar su carrera con un total de 587 partidos y 300 goles anotados dejó la citada brillante estela de elegancia y goles tras él.

Un goleador nato, por su velocidad de reacción y su sentido de la anticipación y el tercero de una terna legendaria que coronó al United con el cetro europeo en el 68 tras superar al Benfica.

El tercero de aquel legendario triunvirato pero el primero de ellos y el primer escocés en lograr el reconocimiento internacional en forma de Balón de oro en el 64.

Un año de 1964 y una década de los sesenta en la que la inverosimilitud de su fútbol elevó a categoría de “The Flying Scotsman” su leyenda.

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