Histórico
17 marzo 2009José Mendoza

Sueños ovetenses en Tercera

Si repasamos la clasificación histórica de la Liga Española, nos toparemos, en el puesto número 16, con un club de 83 años, que ha jugado 38 temporadas en Primera, que ha llegado a dos semifinales de la Copa del Rey y que ha disputado en una ocasión la UEFA. Pero, en un acto de incompatibilidad con su brillante historia, el Real Oviedo milita actualmente en Tercera División.

Al igual que otros clubes de Primera de finales de los 90 como CD Logroñés, SD Compostela, CP Mérida o CF Extremadura, un descenso deportivo destaparía los excesos económicos de una nefasta gestión. Como consecuencia de vivir por encima de sus posibilidades, todos ellos agonizan ahora en categorías menores.

Para comprender la situación actual del Real Oviedo nos debemos remontar a dos fechas clave: el 17 de junio de 2001 y el 1 de agosto de 2003. En la primera de ellas se consumó su descenso deportivo a Segunda A y en la segunda el administrativo a Tercera. En apenas dos años se descendieron tres categorías.

El primer punto de inflexión corresponde con el día que se disputó la última jornada de Liga. Había ya dos equipos descendidos. El tercer puesto lo trataban de evitar hasta cuatro equipos: Osasuna, con 39 puntos, Oviedo (41), Zaragoza (41) y Valladolid (42). El Oviedo, por entonces dirigido por Radomir Antic y con jugadores en su plantilla del nivel de Esteban, Onopko, Paunovic, Losada, Oli o Iván Ania, visitaba el feudo del Mallorca, cuyo técnico era Luis Aragonés, que había dirigido el año anterior el club asturiano.

El Mallorca y Luis se olvidaron de sentimentalismos y cumplieron pese a no jugarse nada (4-2). Los goles de Oli e Iván Ania no sirvieron pues Engonga, Eto’o, Ibagaza y Álvaro Novo habían puesto en ventaja al Mallorca. El Zaragoza empató ante el Celta y el Valladolid cayó en casa del campeón Real Madrid, pero Osasuna en rompió las quinielas al ganar en el campo de la Real Sociedad.

La ruleta rusa perjudió al Oviedo que no había caído a zona de descenso en toda la temporada. El equipo se mostró sólido, sobre todo en el Nuevo Tartiere, donde el equipo sumó 23 puntos sólo en la primera vuelta. Pero los últimos resultados no acompañaron, los nervios fueron incrementando y al final se culminó el evento más inesperado.

El descenso precipitó los acontecimientos. Envuelto en una grave situación económica, la directiva arriesgó y mantuvo en Segunda a gran parte de la plantilla y a sus altas fichas con la intención de volver a Primera lo antes posible. La idea era recuperar los ingresos de la élite por la vía rápida y desatarse así de las deudas que le contraían.

El club debía unos 25 millones de euros. Se la jugaban a un todo o nada. Y la apuesta ya sabemos como acabó. El primer año, el equipo se mantuvo en Segunda a once punto del ascenso para, en la 2002/03 descender a Segunda B. El desastre deportivo no fue el único, pues los excesos económicos derivaron en una suspensión de pagos. Un amplio grupo de la plantilla, liderada por el capitán Oli, denunció al club por impago de sus fichas.

El delantero pasó de héroe a villano. Oli nació en Oviedo, se crió en el club de su ciudad, pero no dudó en reclamar el dinero que le pertenecía y lideró la demanda. Pese a que la entidad les presentó un aval como garantía de pago, los jugadores no lo consideraron suficiente y denunciaron a la UEFA.

Las dos partes rompieron las negociaciones a una hora del plazo exigido. Unas fuentes hablan de engaño de los directivos a los jugadores, otras culpan a la plantilla por no ser más flexibles a la hora de aceptar el aval. Esta situación nos lleva a la siguiente fecha clave, el 1 de agosto de 2003,cuando se consumó el descenso administrativo a Tercera.

Como cualquier club endeudado que se precie, sus relaciones con el ayuntamiento no eran satisfactorias. La consecuencia de esta relación, al igual que ocurriría en La Rioja con el Recreación y el CD Logroñés, fue la creación del Oviedo ACF -pseudónimo que adquirió durante tres años el Astur CF, entidad de Tercera-. Como era de esperar, la afición rechazó la propuesta y el proyecto fracasó.

Esa misma afición siempre se ha mostrado fiel pese a las adversidades. Ha protagonizado cifras que quedan para el recuerdo. 27.000 es el número de personas que asistieron a ver un partido de Tercera el mismo año del descenso. Y desde entonces, la cifra de socios siempre se ha mantenido en torno a los 10.000.

Desde el descalabro, el Real Oviedo ha dejado de disfrutar de grandes jugadores criados en su cantera. Para todo seguidor carbayón resultaría inevitable imaginar a su equipo en Primera con jugadores como Adrián López, Santi Cazorla, Javi Venta, Luis García o Juan Mata, todos ellos salidos de sus categorías inferiores, pero que buscaron un mejor asilo fuera de su hogar. Los tres últimos, sin embargo, no guardan buen recuerdo pues salieron por la puerta de atrás.

Han pasado seis años de la afrenta y, pese al ascenso del 2005 a Segunda B, el club volvió a bajar y sigue anclado en Tercera. El Real Oviedo no se ha podido recuperar de aquel golpe, ni tampoco de dos trágicos sucesos. Los fallecimientos en sendos accidentes de Peter Dubovsky y Armando Barbón.

La situación del equipo en la actualidad invita a la esperanza. El equipo -vestido por la multinacional Nike- es líder indiscutible del grupo II y, con sólo una derrota y dos empates en 28 jornadas, va directo hacia el ascenso. Sería un respiro para un club que necesita tomar impulso cuanto antes, que está dormido a la espera de que un ascenso a Segunda B le despierte de su pesadilla. Significaría sólo un primer paso para retornar al lugar que su historia merece.

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