Histórico
6 marzo 2009El Enganche

Historias de las Gradas: Los ‘favores’ napolitanos

Esa obra maestra del cine denominada ‘El Padrino’ mostró todos los pormenores de la mafia italiana postrada en Nueva York. Una de las grandes tradiciones reflejadas en la película era la de pedir favores al capo. Don Vito Corleone recibía un beso en la mano y se disponía a cumplir los deseos del pretendiente a cambio de su fidelidad eterna. Aunque no es nuestra intención comparar a la mafia con los ultras, en ocasiones ocurre algo similar.

Y es que los aficionados recurren a sus propias artimañas para hacer favores a los jugadores o miembros de la directiva de sus equipos. Este es el caso de los aficionados del Nápoles italiano. El club napolitano es uno de los más importantes de Italia -sólo hay que recordar el brillante paso de Maradona-. Y sus aficionados más radicales han protagonizado últimamente actuaciones positivas dignas de un club de esta categoría.

Una de las estrellas del equipo, el eslovaco Marek Hamsik, perdió hace unos meses un reloj de la marca Rolex tasado en más de 25.000 euros. El jugador estaba enamorado de su reloj hasta el punto de que el presidente del club, Aurelio de Laurentiis, le prometió que le regalaría uno igual al ver su enorme tristeza.

No hizo falta el gran desembolso del generoso presidente. Los propios ultras napolitanos se tomaron la justicia por su mano y lo recuperaron. Lo mismo sucedió unas fechas antes con el BMW del delantero Andrea Russotto. Pero no todo es color de rosa entre los aficionados de este equipo. En el lado opuesto, los tifosis napolitanos han hecho ‘favores negativos’ a su club. Tras la derrota del pasado mes de febrero ante el Génova, pese a que ambas aficiones tiene una gran relación y su hermanamiento es más que visible en los partidos de ambos equipos, los hinchas napolitanos bloquearon la salida del estadio de los jugadores del Nápoles.

El motivo es que consideraban que algunos jugadores salían demasiado por la noche y de ahí su bajo rendimiento. Exigían que se fueran de concentración y hasta que la dirección del club no les prometiera esta medida, no les dejarían irse a sus respectivas casas. Consiguieron que su propuesta fuera una realidad y los jugadores se marcharon a una concentración a Castel Volturno.

Otro de sus últimos favores, también negativos, perjudicando enormemente la imagen del club, fue su desplazamiento a Roma. Cerca de 4.000 ultras se desplazaron a la capital italiana y su forma de hacerlo fue asaltando los trenes que les llevaban hacía allí.

Las autoridades italianas dijeron que no quisieron detener los trenes asaltados porque sería mucho peor al haber tanta gente involucrada. La consecuencia de estos altercados fue que las gradas A y B del estadio San Paolo donde se sitúan los aficionados más radicales, Mastiffs, Fedayn y Blue Tiger entre otros, permanecieron vacías durante varios partido y, lo que es más grave, la no presencia de los aficionados napolitanos en ninguno de los partidos que su equipo juegue fuera de su estadio.

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