Histórico
25 marzo 2009José Mendoza

Del cielo al infierno hay un paso

La línea que separa el éxito del fracaso es extremadamente fina. En ámbito futbolístico, el mayor ejemplo lleva el nombre del Compostela, equipo capaz de aparecer de la nada en la élite de nuestro fútbol para extinguirse con la misma velocidad. Lo difícil no es llegar, sino mantenerse, recordarán muchos.

Es un caso especial en el fútbol. Un equipo que, sin ningún currículum, ascendió de Tercera a Primera en un plazo de seis años, se mantuvo durante cuatro temporadas en la élite y, seis después, volvería a degustar el sabor amargo de la Regional Preferente. El Compostela es como el ascensor del Empire State, que viaja de la planta baja a la cima sin paradas intermedias.

El éxito de las cuatro temporadas en Primera, entre el 94 y el 98, cegó a José María Caneda, aquel excéntrico dueño del club, que fue el gran valedor, tanto de su brillante escalada como de la posterior desaparición.

El propietario y cabeza visible de la entidad, recordado por su lamentable episodio con el difunto Jesús Gil, no eludió en gastos una vez consumado el descenso a Segunda para devolver al equipo a la élite. Las deudas le fueron consumiendo y la liquidación del club se convirtió en la única salida.

Ahora, refundada la entidad con el mismo nombre, sobrevive en Tercera División. Es líder con mucha facilidad. Dejando atrás su vuelta a los infiernos, centrémonos en recuperar sus días de gloria, pues el Compostela fue uno de los grandes animadores de las cuatro campañas que estuvo en Primera.

Desembarcó en la élite en el 94. Para ello, tuvo que dejar en el camino al Rayo Vallecano, en una de aquellas emotivas promociones de ascenso. A doble partido, la eliminatoria acabó en empate, por lo que se decidió en un tercer encuentro en campo neutral. Fue una decisión sin precedentes. El Compostela ganó 3-1 en el Carlos Tartiere. Vestía la camiseta franjirroja un tal Hugo Sánchez.

Fernando Castro Santos era el técnico del club (padre, por cierto, del jugador del Sporting, Diego Castro). Fue el conductor del equipo desde Tercera hasta Primera (1988-1994) y principal culpable de la hazaña. El modesto Compostela se había presentado, de la noche a la mañana, en la Liga de las Estrellas. El fútbol español imaginaba que su permanencia sería tan fugaz como su llegada.

Los semidesconocidos Iru, Lekumberri, Bellido, Franck Passi, Tato Abadía, Fabiano, Tocornal, Bent Christensen y Ohen formaron la columna vertebral del equipo. Los 25 goles de estos dos últimos fueron clave en la salvación del equipo, que aguantó estoicamente igualado a puntos con el Albacete, que acabó descendiendo.

Fernando Santos abandonaría el barco ese mismo verano con destino Vigo. Caneda contrató en su lugar a un por entonces desconocido Fernando Vázquez. Sus carreras por la banda del Multiusos de San Lázaro se acabaron convirtiendo en un clásico. A su llegada, el conjunto gallego se acabó convirtiendo en la revelación de la temporada.

Los fichajes del portero Falagán, Mauro, Eraña y José Ramón (hermano del capitán del Deportivo, Fran) espolearon al equipo hasta el punto de que acabó el año en décima posición (fue la primera temporada con 22 equipos). Ohen fue de nuevo el máximo goleador con 12 tantos, mientras que Fabiano y José Ramón aportaban la clase en el centro del campo.

Pero la hazaña se dio en la primera vuelta, en la que el Compostela se convirtió en subcampeón de invierno. Fue el mejor año en la historia del club, pese a que sólo logró cuatro victorias en la segunda vuelta. Especialmente recordada fue su goleada al Deportivo en la segunda jornada por 4-0.

Al año siguiente, Caneda aumentó los gastos. Se ficharon jugadores con más nombre como Lubo Penev (Atlético de Madrid), Manuel Mosquera (Extremadura) o Dimitri Popov (Racing). El equipo se volvió a salvar con tranquilidad y acabó en un cómodo undécimo lugar.

El punta búlgaro, Lubo Penev, con 16 goles, se unió a Ohen (17), y a la calidad de Fabiano (6), como referencias del equipo. Esa temporada llegaría el mítico gol de Ronaldo, en el que el brasileño se deshizo de cuantos compostelanos salieron a su paso desde el centro del campo.

El desastre llegaría en la 97/98. El equipo logró mantener la misma base con el refuerzo de Romano Sion pero los resultados no fueron los mismos y acabó en promoción de descenso. Pese a que el Compostela logró 10 puntos en las últimas cuatro jornadas -con una goleada de 2-6 en Riazor entre medias- acabaría sucumbiendo en la eliminatoria ante el Villarreal. Empate a cero fue el resultado en El Madrigal, 1-1 en San Lázaro. En el conjunto castellonense destacaba por entonces un imberbe Andrés Palop.

El desenlace de la historia ya lo conocemos. José María Caneda no eludió gastos para devolver al club a Primera División por la vía rápida y acabó autodestruyendo su gran gestión. Al mismo tiempo que desaparecía el SD Compostela, se fundaba el Campus Stellae, club que cambió su denominación. Ahora, sin ningún tipo de deuda en el horizonte, el equipo brilla en la Tercera División con la mente puesta en repetir los éxitos del pasado.

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