Histórico
28 marzo 2009Ariel Judas

D10s vuelve al Monumental

maradona

El capitán. El imprescindible. El único que según el seleccionador tiene asegurado su puesto en cada convocatoria. Javier Mascherano sentencia desde la versión electrónica de Olé que todo el mundo tendrá puesta su mirada en la selección argentina este sábado. No le falta razón al baluarte que el Liverpool tiene en la mitad del campo. Más allá de la importancia propia que cualquier partido por una eliminatoria mundialista tiene para la albiceleste el choque del sábado ante Venezuela representará -además- el debut oficial (por los puntos, según la hinchada) de Diego Armando Maradona como entrenador del equipo nacional de su país.

Sin tiempo ni espacio para más especulaciones, el Barrilete (cometa) Cósmico expondrá ante la afición local -en primera instancia- su propuesta para clasificar a la selección de Argentina a Sudáfrica 2010. En segundo término, y esto es tal vez lo que más curiosidad concita, Maradona tendrá que comenzar a probar que además de ser un enorme motivador para los jugadores de su selección (esto ya lo ha demostrado con creces) es el entrenador capaz de darle al equipo bicampeón del mundo el equilibrio deportivo y emocional que ha perdido tal vez en la cruel eliminación en la primera ronda en el Mundial de Corea y Japón en 2002.

La puesta de largo de la Argentina de Maradona estará marcada -más allá del resultado final del partido ante Venezuela- por el ¿conflicto? (me cuesta definir a lo que ha ocurrido días atrás de esa manera) que el seleccionador ha tenido con Juan Román Riquelme, uno de los futbolistas más determinantes de la albiceleste en la decena de partidos que hasta ahora ha jugado en el marco de las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial del próximo año, bajo el mando de un desfasado y anacrónico Alfio Basile.

La ausencia del crack de Boca (ámenlo o déjenlo, pero Román ha demostrado ser uno de los mejores futbolistas de todo el continente, en especial en las últimas dos temporadas) se ha producido luego de trascendiera que Riquelme se enteró que sus ausencias en los partidos amistosos ante Escocia y Francia fueron celebradas por todo lo alto por la mayoría de la nueva generación de internacionales argentinos que brillan en Europa, y posteriormente a que Diego Maradona criticara en un programa de televisión el estado de forma y la posición que el Torero ocupó en la escuadra xeneize durante las primeras jornadas del Torneo Clausura de Argentina.

¿Qué ha pasado desde entonces? En primer lugar, la afición argentina -especialmente la conformada por los aficionados de Boca Juniors- se encuentran con el corazón dividido entre dos devociones: la que profesan desde principios de los ochenta por Maradona, y que se ha mantenido inalterable hasta hoy; y la idolatría absoluta que la Doce tiene por Riquelme, gestor de muchos de los éxitos locales e internacionales que han mantenido al equipo azul y oro dentro de los clubes más ganadores del mundo desde el inicio de la conducción táctica de Carlos Bianchi.

En segundo término, Riquelme (dueño de uno de los egos más grandes del fútbol argentino), ha decidido jugar un pulso con Maradona (El ego personalizado). Al jugador de Boca no le ha gustado que públicamente se cuestionara su estado de forma, y al ahora seleccionador menos le ha gustado que uno de sus preferidos (hasta hace tres semanas Román lo era) le acusara de no tener códigos. Así las cosas, el 10 de Boca decidió redoblar su apuesta en esta partida de poker al levantar enormemente su nivel, firmando grandes partidos con su club en la Copa Libertadores -como el que llevó a cabo en Asunción, ante el Guaraní- o algún otro en el campeonato local, y Maradona se concentró en arropar a quienes le han demostrado fidelidad, como Leo Messi, a quien probablemente mañana entregue el dorsal 10, todo un gesto proveniendo de quien tal vez mejor ha entendido el significado de ese número para el folklore del fútbol argentino.

Si esta selección de Maradona logra imponerse a Venezuela y a Bolivia jugando bien y de una manera contundente, nadie reclamará el regreso de J.R. al seleccionado. Pero si Argentina tropieza y desencanta en alguno de los dos partidos, los bombos de la hinchada comenzarán a repicar reclamando el regreso de Riquelme al equipo nacional.

Hasta ahora, en su faz de entrenador de Argentina, casi todas han sido flores para Diego. Los dos únicos tragos amargos han sido la imposibilidad de contar con Oscar Ruggeri en su cuerpo técnico y el desplante del jugador de Boca. De momento la prensa argentina -casi siempre demasiado condescendiente con algunas declaraciones descalificatorias de Maradona- no ha planteado ningún reto importante para el eterno Pibe de Oro en esta etapa de su carrera. ¿Qué puede pasar si la selección no cumple con las expectativas o si perdiera alguno de estos encuentros? ¿Cómo reaccionaría el otrora irascible Diego frente a las críticas de algunos sectores del periodismo local que -intuyo- podrían ser despiadas con el ex internacional?. Maradona ha tenido algunos momentos memorables de enfrentamiento con los representantes del presunto cuarto poder, pero -nobleza obliga- desde su último episodio médico, que le ha obligado a estar ingresado por una buena cantidad de días, Diego parece haber recobrado el sentido del humor, un sorprendente grado de razonabilidad en sus decisiones técnicas, y una ilusión por lo que hace que no se le veía desde que dejó la práctica del fútbol.

El Pelusa muchas otras veces nos ha hecho creer que había conseguido domar a sus propios demonios solo para desilusionarnos tiempos después. No me atrevo a asegurar que esta vez lo ha conseguido (me encantaría que esto fuera así, pero lejos está uno de atreverse a afirmar algo semejante), pero creo que él es conciente -quizás por primera vez en su vida- de la gran catarsis que representaría para el aficionado medio argentino ver que el máximo ídolo del fútbol de su país vuelve a ser útil para la albiceleste.

Muchos, y me incluyo en ese razonamiento, pensábamos que entregar el mando de la selección argentina a Maradona era una terapia de rehabilitación demasiado costosa. Esa fue mi primera sensación cuando la noticia se confirmó tiempo atrás. La triste verdad es que Julio Grondona y sus acólitos en la Asociación del Fútbol Argentino ante el desaguisado protagonizado por el cuerpo técnico de Alfio Basile mataron dos pájaros de un tiro al fichar a el Diez: por un lado, consiguen escudarse en la inconmensurable popularidad del ex capitán ante un posible fallo estrepitoso de la selección en su carrera por conseguir el pasaporte el Mundial. Por otro lado, se aseguran unos ingresos  económicos que ningún otro jugador o entrenador puede igualar.

Nada de sentimiento de ayudar a una gloria viviente, amigos. Apenas ganas de patear la pelota hacia adelante y conseguir recaudar algunos millones más para las arcas de la federación presidida desde hace siglos por el ferretero más poderoso del mundo. A la bartola. Sin vaselina. Y si la jugada sale bien, todos a celebrar y a chupar flashes y teleobjetivos en la Plaza de Mayo. Pero si algo va mal, seguro, el responsable de todo será el ciudadano Diego Armando Maradona (el que nació en la paupérrima Villa Fiorito), que hasta que baje la marea será descendido de la alturas y convertido en objeto de escarnio público, como ya ha pasado en muchísimas oportunidades.

En la horas previas al partido amistoso ante Francia, Maradona confesó al periodista de Fox Sports Marcelo Benedetto una de esas frases que podría ser el título de su biografía. Cuando se le interrogaba sobre la enorme cantidad de anéctdotas que el seleccionador había cosechado en sus pocas horas de permanencia en suelo galo, Diego explicó todo al sentenciar: “¿Sabés qué pasa, Marcelo? Mi vida es muy rara…“. Genial, perfecta. Insultante tal vez en boca de otro, pero adecuadísima esa frase en boca del protagonista de esta historia.

La vida de Maradona es rara, sin dudas. Tan extraña y única que esta noche podrá comenzar a probar ante millones de personas (las sesenta mil que estén presentes en el barrio de Núñez, más la multitud que siga el partido frente a Venezuela a través de la radio y la televisión) que puede volver a ser una persona válida, orgullosa de su profesión, y capaz de marcar el camino a sus jugadores para que Argentina pueda volver a luchar por una Copa del Mundo. Señores, la de hoy es una cita importante. D10s vuelve al Monumental de la mano de la selección argentina.

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