Histórico
27 marzo 2009Francisco Ortí

Cuando Franco entristeció a España

turquia-espana

La II Guerra Mundial libró a Alemania de Hitler y a Italia de Mussolini, pero en España continuó gobernando bajo su particular visión de la democracia un tipo bajito que escondía su escasa estatura tras el superlativo sobrenombre del Generalísimo. La derrota del Eje dejó al Franquismo sin aliados en el exterior -más allá de la interesada amistad de los Estados Unidos durante la Guerra Fría- y el fútbol se perfilaba como uno de los mejores instrumentos para demostrar al pueblo la fortaleza del país.

Bajo los escombros provocados por la Guerra Civil habían quedado sepultados los cimientos de un fútbol español que comenzaba a emerger pese a la ausencia de profesionalismo en los jugadores. La cuarta posición en el Mundial de 1950 y la histórica victoria ante Inglaterra supusieron el mejor orgullo para el Franquismo, antes de que el Real Madrid Madrid estableciera su propia dictadura en la Copa de Europa. En este contexto, el Mundial de 1954, que se disputaría en Suiza, suponía una plataforma inmejorable para promocionar España y el Franquismo. Sin embargo, fue Franco quien privó a España de tomar parte en la competición internacional.

No me refiero a Francisco Franco, si no a Franco Gemma, el niño que se bastó para sumir al régimen fascista en uno de sus peores momentos. Este bambino italiano fue el dueño de la mano inocente designada para decidir quien se clasificaría para el Mundial 1954, si España o Turquía. Con los ojos vendados, el pequeño Franco introdujo la mano en una copa donde se encontraban las papeletas de España y Turquía. El niño desplegó el papel que había elegido y en él estaba escrito: Turchia. Los turcos habían decidido escribir el nombre de su país en italiano en busca de la suerte, mientras que Sancho Dávila, presidente de la Federación española, prefirió dibujar una cruz bajo la papeleta.

Pese a que las probabilidades de estar en el Mundial eran del 50%, los jugadores de la Selección Española daban por hecho que Turquía sería la agraciada en el sorteo. “Nos recluimos en el vestuario abatidos, como sospechando que no había nada que hacer, que todo se había puesto tan negro que el niño italiano no sacaría nuestro papel”, recuerda el goleador Adrián Escudero. “No se podía esperar nada bueno de alguien llamado Franco”, bromearon los contrarios al régimen. La duda de los españoles respecto a la limpieza del sorteo estaba sustentada por una serie de sospechosos sucesos que rodearon la eliminatoria entre Turquía y España, y para los que 55 años no se ha encontrado explicación.

Entre el 14 y el 15 de febrero de 1953, en Zurich, el Comite Organizador del Mundial de 1954 decidió hacer una criba previa al torneo. Se habían presentado 38 aspirantes, de los que sólo podrían sobrevivir 16, contando a Uruguay y Suiza al estar clasificados directamente. Los emparejamientos se eligieron a dedo y se decidió que España y Turquía se disputarían una plaza. Un duelo en el que los españoles eran totalmente favoritos, en parte gracias a que contaban con uno de los mejores jugadores del momento: Ladislao Kubala.

Sin embargo, la pasión de los turcos ya había complicado la vida a los españoles en un amistoso previo que concluyó con empate sin goles. El partido de ida de la eliminatoria se disputó en Madrid el 6 de enero de 1954 y España, pese a contar con muchas caras nuevas, se impuso con facilidad gracias a una gran segunda parte y venció por 4-1 con goles de Venancio, Gaínza, Miguel y Alsua, mientras que por los turcos marcó Recep.

El encuentro de vuelta se disputaría el 14 de marzo en Estambul, en el estadio Mirhatpasa, actual domicilio del Besiktas. España alineó su once de gala, pero Kubala fue anulado brutalmente por Cetin y Turquía supo imponerse por 1-0. En aquella época todavía no existía el valor doble de los goles, por lo que el empate a victorias obligaba a que se disputara un partido de desempate.

El partido definitivo tendría lugar tres días después en Roma. “El campo era un patatal”, protesta Escudero. Pero lo peor no fue el estado del terreno de juego, si no lo que sucedió pocas horas antes del encuentro. En el hotel de concentración de la selección española se recibió un telegrama en nombre de la FIFA con un enigmático mensaje: “Attention equipe espagnole situation jouer Kubala” (Atención equipo español situación jugador Kubala). Años después los dirigentes de la FIFA aseguraron que ninguno de ellos había enviado ese mensaje y todavía no se ha descubierto quien escribió el telegrama y con que motivo lo hizo, aunque el dirigente italiano Ottorino Barassi, quien se lo entregó en manos a Dávila, es el sospechoso número uno.

En la Federación Española se entendió el telegrama como una prohibición a la participación de Ladislao Kubala y pensaron que habría alguna irregularidad en la ficha del atacante húngaro. Así que, para evitar riesgos, a Kubala se le comunicó pocos minutos antes del encuentro que no podría jugar. Sin el goleador estrella, en un campo en pésimo estado y un árbitro cuanto menos sospechoso, España se vio atrapado en una encerrona que acabó con empate a uno. Sin ganador tras los tres partidos y todavía sin tandas de penaltis, el ganador se decidiría por suerte. Y la suerte, si es que tuvo algo que ver en el sorteo, dio la espalda a España. Franco prefirió a Turchia.

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