Histórico
8 febrero 2009Jose David López

Un domingo galés

gales

Para todos aquellos que nos ganamos el jornal a base de fútbol y todo lo que se mueve a sus alrededores, poder disfrutar de un domingo como todo hijo de vecino, es un placer que suele darse cada mucho tiempo. Sin embargo, no por ello nos podemos alejar de la actualidad, del seguimiento a un deporte que amamos y que nos apasiona más allá de considerarlo nuestro trabajo. Dicho esto, mi domingo especial (el primero en meses) no tenía cita familiar, ni tan siquiera ociosa, sino estrictamente ligada a una tele y a una ciudad: Londres.

Hace unos días, paseando por las calles madrileñas, observé un tradicional pub irlandés que desconocía y que me atrajo, como no podía ser de otra manera, por la cantidad de banderitas, bufandas y carteles futbolísticos que se apreciaban desde la acera. Fue entonces cuando decidí pasar para comprobar el ambiente en una solitaria noche invernal y examinar minuciosamente el local. No me interesaba la comodidad, ni tampoco los aperitivos (inexistentes, desde luego), sino la atmósfera que podía reflectarse allí de cara a citas futboleras. Y esa ha sido hoy, un domingo de North London Derby que terminó, curiosamente, conmigo rodeado de galeses y celebrando un gol galés.

Dispuesto a aprovechar my free sunday, me acerqué al citado pub. Unos hinchas gunners pronto me miraron con cara de pocos amigos como si conocieran mi debilidad por el rival (y no hablo del Tottenham precisamente). Pedí una cervecita negra para entonarme, saqué el móvil para comentar cualquier detalle con aquellos que siguen mi locura futbolera y apunté mis ojos a la señal de Sky, que pronto me iba a dejar disgustado. El partido fue lento, casi sin ocasiones, con muchos temores y sólo se rompió al final. Keane volvió a White Hart Lane más batallador que eficaz, Modric sigue oscurecido y a los Spurs le faltan argumentos ofensivos para servir balones a un solitario Pavlyuchenko. El Arsenal fue algo más hasta que Eboué se auto-expulsó con un par de salidas de tono de las que le han hecho perder la confianza de Wenger poco a poco. Allí los del Emirates, que siguen anhelando a Cesc, sacaron casta y poco más. Arshavin, por cierto, lo vio desde el banco. Un 0-0 que deprimió a todos.

Fuera por la decepción del partido o no, el caso es que la segunda parte empezó diferente. El pub se llenó en apenas veinte minutos y nadie miraba la televisión que reclamaba la atención del derby londinense, sino una más alejada desde la que se escuchaban gritos y aplausos. Me acerqué pude ver a un nutrido grupo de seguidores que coreaban nombres irreconocibles para mí. Su mirada también apuntaba a una tele, pero al contrario que la mía, en la suya el balón se llevaba en las manos, se tapaban la cabeza y se propinaban goles con extrema crudeza. Sí, conozco el 6 Naciones pero jamás supuse que pudiera romper tantas barreras respecto al fútbol para los británicos. Por eso, en apenas unos minutos me sentí identificado con esa devoción y carisma que me hicieron amar a Gales durante una tarde de domingo. Los únicos comentarios que intercambié con ellos me recordaban al galés que más conozco (Ryan Giggs) y que, curiosamente, iba a reaparecer minutos más tarde.

Y es que tras la tensión sin premio del derby, pasé a la otra cita londinense del día, la de Upton Park. El United, que sigue firme aunque maneja los partidos con demasiadas licencias defensivas, volvió a sumar de tres en uno de los campos más incómodos de la Premier. No lo hizo con frescura sino con sacrificio, tampoco surgieron sus estrellas actuales, sino la de antaño porque, como no podía ser de otra forma, la tarde era galesa y el protagonista, evidentemente, nació en Cardiff. Ryan Giggs fue la luz entre la oscuridad de un partido que, como cada vez más en la Premier, se deciden en pequeños detalles, en situaciones imprevistas y tocadas por la ‘barita’ que decide castigar o premiar los impulsos. Y el más favorecido fue, desde luego, el zurdo, que en unos metros sentó a dos defensores (pese a que hay quien aún duda de su capacidad) y sacó un disparo con su pierna ‘menos mala’ que se marchó a la red de Green entre las piernas de sus defensores. Oficio y templanza hicieron el resto y auparon de nuevo a los Red Devils a lo más alto de la clasificación (0-1). Por cierto, Van Der sar ya suma 13 partidos invicto. Una cifra que refleja su valía.

Justo antes de terminar la cita de Upton Park, mis amigos galeses salían de su comedor con caras alegres porque Gales, su Gales, mi Gales, había vencido en Edimburgo a Escocia (o eso me pareció entender). Era el primer paso hacia el título y había que celebrarlo. Sus mejillas coloradas, sus cánticos y alegrías, delataban un domingo de los de siempre, cotidiano-pasional para ellos y extraño-divertido para mí. Era su domingo galés. Mi domingo entre galeses.

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