Histórico
15 febrero 2009Francisco Ortí

San Valentín de desamor

valencia

Las horas previas a la noche de San Valentín se embriagan de esperanzas, deseos e ilusiones. En la misma proporción durante las horas posteriores es habitual que todos los buenos sentimientos se negativicen hasta mutar en sus contrarios, especialmente en el lado femenino de la pareja de enamorados, al ver que no se han satisfecho las expectativas creadas. En este sábado de San Valentín, Valencia, Deportivo y Málaga probaron el amargo sabor del desamor. Sólo Osasuna pudo acostarse acompañado por una sonrisa.

Antes de que la luna terminara de izarse, a las 20.00 horas, el Deportivo de la Coruña y Osasuna se citaron en Riazor. Osasuna acudió al encuentro sin arreglarse e incluso adormilado. Puso poco de su parte, pero acabó llevándose un punto ante el asombro de los gallegos, que se habían entregado totalmente, trabajado más y peleado hasta el final para lograr un premio mayor. Pese a los méritos de ambos equipos el 0-0 fue el regalo de San Valentín para los dos, con la consecuente decepción deportivista.

La segunda cita se vivió dos horas después en Mestalla, donde últimamente no están nada contentos con su cónyuge. El Valencia deja insatisfecha cada noche a su pareja, da más sustos de los aconsejables y acostumbra a marcharse de las cenas sin pagar. Aún así, la afición ché nunca pierde la ilusión y confía en que su equipo cambie, en que vuelva a ser como antes, como cuando eran felices, pero eso nunca sucede.

En San Valentín la afición valencianista sufrió un nuevo batacazo. El Valencia sólo pudo empatar en casa ante el Málaga (1-1), y eso gracias a César, porque de no ser por el portero el resultado hubiera sido muy diferente. Los malacitanos fueron superiores y aunque su humildad les haga pensar que sumar un punto en Mestalla es positivo lo cierto es que merecieron algo más. Pese a todo, los chicos de Tapia se acuestan en puestos de UEFA. Lo mismo es sólo por una noche, pero es un premio al consistente trabajo de una temporada.

Mientras tanto, en Valencia parece que todo va hacia abajo. Desde el club se insiste en mantener la tradición socialista de negar una crisis cuando los cuervos revolotean a tu alrededor. Sin embargo, los rostros delatan todo lo contrario (la foto habla por sí sola). Ni siquiera Thiago Carleto, quien debutó en el fútbol europeo, pudo marcharse con una sonrisa. “Me voy decepcionado conmigo  mismo”, aseguraba el brasileño tras el partido. Tranquilo Thiago que no es culpa tuya ni eres el único decepcionado. En esta noche de San Valentín reinó el desamor. Al menos en lo futbolístico, o eso deseo.

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