Histórico
11 febrero 2009Francisco Ortí

La imparable trayectoria de Sergio B

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Mientras sus amigos aprovecharon las vacaciones de verano para descansar, Sergio se dedicó a programar el próximo año. A sus 20 años siempre había sido tachado de ser excesivamente responsable y no parecía dispuesto a contradecir las sospechas. Entre sus planes se incluían intensificar su trabajo en el gimnasio para aumentar su musculatura y, lo que más ilusión le hacía, convertirse en el ayudante de su tío Javier Fernández en el banquillo del Badia juvenil. El Badia es el único equipo capaz de robarle un poco de espacio al Barcelona en el corazón de Sergio.

Sin embargo, no pudo cumplir la promesa que le hizo a su tío. Aunque tenía una buena excusa. Josep Guardiola, un amigo de su padre, le había convocado para realizar la pretemporada con el primer equipo azulgrana. La oportunidad que se le brindaba no tenía nada que ver con su linaje. De hecho, ser hijo de Carles Busquets, ex portero del Barcelona, nunca le ha favorecido. De niño no pasó la prueba para formar parte del Barcelona y no fue hasta su etapa de juvenil cuando los azulgrana le abrieron las puertas. Por ello, en parte, ha decidido no estamparse su apellido en su camiseta, y ha optado por un discreto Sergio B. -inicial que comparten el apellido del padre y de la madre-.

Su tardía entrada provocó que fuera cortado por el mismo patrón que otros mediocentros de La Masía. Emana el inconfundible sello de calidad de la cantera azulgrana, aunque está muy distanciado de los Xavi, Iniesta, Arteta o Cesc. Sus 189 centímetros le alejan de ese perfil, pero se convirtió en un mediocentro defensivo de calidad y con la cabeza bien amueblada, rasgos difíciles de encontrar en una posición dominada por la superioridad física de los jugadores africanos.

Sergio Busquets suple su escasez de músculo -está trabajando duro para mejorar su físico- con una gran inteligencia para posicionarse en el terreno de juego y facilidad para jugar en uno o dos toques. Lo primero es intuitivo, es un jugador muy maduro pese a su corta edad, lo segundo ha sido educado en La Masía y por Pep Guardiola, su gran valedor. El actual técnico culé le pulió en el Barcelona Atlètic, de Tercera División, y le requirió para el primer equipo cuando asumió los mandos.

En principio, la idea de Guardiola era convocar a Busquets sólo para a pretemporada, pero el chaval enamoró con sus actuaciones. Compañeros, periodistas e incluso el tótem del barcelonismo, Johan Cruyff, se deshicieron en elogios hacia ese desgarbado chaval que vivía sus primeros minutos en Primera División con sorprendente naturalidad. No desentonaba para nada dentro de la fina sinfonía que es el Barcelona. “Técnicamente superior a Touré y Keita. Posicionalmente, apariencia de veterano. Con y sin balón. Con balón hizo fácil lo difícil: dar salida a uno o dos toques. Sin balón, otra lección: la de estar en el sitio justo para interceptar y recuperar corriendo lo justo. Y eso siendo joven e inexperto. Los mismos pecados que su técnico”, escribió Cruyff en su blog de El Periódico después de ver debutar a Sergio.

Sus primeros pasos en Primera División mostraron la madurez de un veterano, pero la ilusión y el descaro de quien se quiere comer el mundo. 20 años después de su padre debutara con el Barcelona Sergio está escribiendo su propia historia. Sus buenas actuaciones fueron premiadas con la firma de su primer contrato profesional y la llamada de Vicente del Bosque para la Selección Española, con quien debutará esta noche contra Inglaterra. En ocho meses ha pasado de jugar en tercera división ha hacerlo para un equipo que opta a todo como el Barcelona y vestir la camiseta de la mejor selección de Europa. Su trayectoria es imparable, pero Sergio B todavía quiere más.

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