Histórico
6 febrero 2009Francisco Ortí

El gigante dormido

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La expresión “gigante dormido” es un lugar común al que acuden los periodistas, especialmente en las secciones económicas, cuando toca hablar de un país, empresa o persona con un gran potencial que todavía no ha sabido explotar. La imagen de un ser de descomunales proporciones desperezándose evoca con una nitidez el mensaje que se quiere transmitir.

En la prensa, Rusia o China han interpretado a este polifacético y dormilón gigante, y, más recientemente, también el voto latino en las elecciones que convirtieron a Barack Obama en el nuevo presidente de Estados Unidos. Para ser original, también recurriré a esta expresión para hablar de Fernando Llorente. Aunque en este caso sólo se puede utilizar en su versión pretérita. Llorente continúa siendo un gigante -no sólo en dimensiones físicas sino también cualitativas-, pero ya no está dormido. Este gigante está despierto y lidera a una histórica manada de leones.

En el 2005, durante la celebración del Mundial Sub´20 en Holanda, la selección española de Iñaki Sáez aspiraba a lo más alto. Contaba con jugadores de la talla de Cesc Fábregas, David Silva, o Raúl Albiol -ahora fijos en la absoluta-, pero sobre todos ellos destacaba la espigada figura de un delantero que sorprendía gracias una calidad sin consonancia con su aspecto físico. Se llamaba Fernando Llorente y cada acción que protagonizaba combatía el prejuicio generado por sus 195 centímetros de altura.

España cayó en cuartos de final, eliminada por el futuro campeón, la Argentina de un emergente Leo Messi. El astro argentino se llevó la bota de oro del torneo con seis goles y Llorente se conformó con la plata al anotar un tanto menos. España no pudo ganar el torneo, pero se llevó el premio de la ilusión que despertaba Llorente, el futuro delantero de la Roja. Para los más curiosos, ese torneo también lo disputó un imberbe Kun Agüero.

Tras el torneo, Llorente regresó al Athletic de Bilbao como la gran promesa del fútbol español y atrayendo todas las miradas. Sin embargo, no estuvo a la altura de las expectativas. La mala situación que atravesaba el Athletic de Bilbao -peleaba agónicamente por la salvación- y la poca confianza que le mostraron los entrenadores no permitieron a Llorente desatar su potencial. Tocó fondo bajo el mandato de Javier Clemente, quien le infrautilizó como despeja balones cuando encerraba al equipo atrás y el rival asediaba con balones colgados al área. “Es un chico blando”, criticaba el de Barakaldo cuando le preguntaban el porqué de su poca confianza de Llorente.

No era blanco, estaba dormido y no despertó hasta la llegada de Joaquín Caparrós a San Mamés. El técnico andaluz le dio el cariño que necesitaba y a partir de ahí comenzó a crecer hasta que esta temporada Llorente se ha convertido en una pieza indispensable para un Athletic de Bilbao que sueña con regresar a Europa y a una final de la Copa del Rey. Llorente es ahora el delantero ariete, pero también el mediapunta que mejora a sus compañeros o un trabajador que dificulta la salida del rival. Está sobremotivado y destaca dentro de un conjunto que destaca por sus altos niveles de adrenalina en el juego.

Su gran rendimiento ha provocado que entre en las quinielas del futuro Real Madrid y su debut con la Selección española absoluta, circunstancia que se podría convertir en habitual y todo apunta a que Del Bosque le volverá a incluir en la convocatoria este viernes. Todo pinta bien en el futuro del gigante, pero no debe confiarse porque también atravesó la misma situación en el 2005 y acabó durmiéndose. Una nueva cabezadita podría significar el sueño eterno.

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