Histórico
26 febrero 2009Francisco Ortí

Despertó tarde

del-horno

El Valencia dice adiós a la Copa de la UEFA con un partido bochornoso en el que no superó al Dinamo de Kiev (2-2) sencillamente porque no le apeteció ganar hasta que ya era demasiado tarde. Los ché estuvieron aletargados en ataque y atontados en defensa. Esta eliminación supone la despedida de la única competición con la que el Valencia podría maquillar una temporada que va abocada al fracaso y a pasar a la historia por cuestiones monetarias y no deportivas.

El Valencia entró al terreno de juego con una desidia impropia de un equipo de fútbol de primer nivel. No respetaron las marcan, no se ayudaron en defensa ni se hicieron las coberturas, y en ataque la situación no era mejor. Ni apoyos, ni desmarques ni nada. Una tibia presión de los ucranianos bastaba para ahogar los inconstantes -por calificarlos de una manera que no suena ofensiva- ataques valencianistas.

Con este panorama lo lógica es que el Valencia fuera goleado, pero enfrente tenía a un Dinamo de Kiev que en nada se parece al de sus mejores años. Torpes y mal organizados los ucranianos perdonaron la vida a los ché hasta que a los 33 minutos Manuel Fernandes y Albiol decidieron tumbarse en el área para ejercer de alfombras y evitar que Kravets se manchara las botas mientras batía con comodidad a César.

El gol en contra no espoleó al Valencia. Continuó actuando con apatía y con los jugadores paseándose sobre el terreno de juego para aparentar que sabían lo que hacían. Pese a todo, los ché consiguieron empatar justo antes del descanso con una falta colgada al área por Manuel Fernandes y que Marchena se encargó de cabecear a la red. De casualidad, pero el Valencia remediaba el ridículo protagonizado en la primera y tendría 45 minutos más para buscar el gol que necesitaba para estar en cuartos.

El Valencia no mejoró su rendimiento en la segunda mitad, pero a las primeras de cambio volvió a encontrarse con otro gol a balón parado. Una falta botada por Manuel Fernandes acabó en los pies de Asier del Horno tras varios rechaces y el lateral izquierdo pudo marcar a puerta vacía sin problemas.

Con este gol los ché dejaban hechos los deberes para pasar a los octavos de final y maquillaban el mal partido que habían protagonizado. Sin embargo, Albiol, quien durante toda la noche estuvo empeñado en facilitar el trabajo de los ucranianos, a los 73 minutos le ragaló un balón a su amigo Kravets para que volviera a batir con comodidad a César y sin nadie que le molestara en el intento.

Al Valencia, por fin, le entraron las prisas y aceleró los últimos minutos. Atacando de manera destartalada y con pocas luces los ché llegaron a encerrar al Dinamo de Kiev en su área, pero el gol se resistió.

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