Histórico
2 febrero 2009Francisco Ortí

Caballero Samitier

samitierEl Museu del Barcelona conserva todo tipo de reliquias de la historia del club azulgrana. Enmarcados en varias salas se encuentran las camisetas de viejas leyendas del barcelonismo, los trofeos más preciados, y hasta la portería de Wembley en la que Ronald Koeman anotó el gol de la primera Copa de Europa o el banquillo que ocupó Johan Cruyff en ese partido. Entre tantos tesoros destacan las gafas que un hombre de 70 años dejó abandonadas en las oficinas del club en 1972. Ese hombre murió justo el día después de su visita. Ese hombre era Josep Samitier, el Mago.

Tal día como hoy pero hace 107 años, Barcelona dio a luz a un niño que bautizó como Josep Samitier i Vilalta. Con el paso de los años, el niño se aficionó a dar patadas a un balón, un deporte en auge en la época. Su afición tomó forma de profesión en el Internacional  de Sants, donde compartía aventuras con un portero un tanto atípico, un tal Salvador Dalí. Y más todavía cuando a los 17 años el FC Barcelona llamó a su puerta y no pudo negarse. Una chaqueta, un pantalón y un reloj con esfera luminosa  tuvieron la culpa.

Con la casaca azulgrana Samitier no tardó en hacer historia. Ganó la primera Liga disputada en España en la temporada 1928-29, y la acompañó por cinco Campeonatos de España (ahora llamada Copa del Rey) y doce Campeonatos de Cataluña. Los crónicas de la época le recuerdan como un habilidoso interior convertido en delantero centro, dato que coincide con sus registros goleadores. Marcó 326 tantos como culé, convirtiéndose en el segundo máximo goleador de la historia del club, siendo sólo superado por su compañero de equipo Paulino Alcántara.

Samitier, a quien también se apodó Hombre Langosta por sus espectaculares remates, se convirtió en un auténtico ídolo de la época. Tanto que se le puede considerar como uno de los pioneros entre los deportistas-anuncio puesto se le utilizó en varias ocasiones como reclamo publicitario e incluso protagonizó la película Once pares de botas. También era un habitual de la noche barcelonesa, siempre rodeado de famosos. “Si me han regalado un reloj con esfera luminosa tendré que probarlo”, bromeaba cuando le criticaban. Su fama era tal que se le señala como el culpable de que el Barcelona se mudara al campo de Les Corts para poder atender a las numerosas peticiones de personas deseosas de verle jugar en directo. Hasta Carlos Gardel le dedicó un tango como muestra de admiración.

En 1932, después de militar trece temporadas en el Barça, abandonó Les Corts enfadado -se dice que por divergencias económicas- y fichó por el eterno rival, el Real Madrid, donde añadió una Liga y una Copa a su ya bien nutrido palmarés. En otros casos traiciones similares han condenado a otros jugadores (véase Figo), pero la magnitud de Samitier fue tal que se le recuerda con orgullo tanto en el Real Madrid como en el Barcelona y presumen de que un jugador como él haya defendido sus colores.

Su carrera como futbolista acabó en Francia, en el OGC Nice, escapando de la Guerra Civil que azotaba a toda España. Su retiró francés terminó en 1944, cuando decidió regresar al Barcelona, esta vez para ejercer de entrenador. En los banquillos agrandó su leyenda y devolvió el título de Liga a las vitrinas del club, gesta que no lograban desde que él la ganó como jugador. Tampoco son pequeños sus logros como secretario técnico. Sin ir más lejos fue el responsable del fichaje de otra leyenda culé como Ladislao Kubala.

En la actualidad, miles de personas pasean cada domingo por calle Josep Samitier en dirección al Camp Nou para presenciar las genialidades de Leo Messi. El astro argentino es ahora quien inspira tangos, pero no hay que olvidar que el dios de los tangos siempre será Carlos Gardel, y él decidió dedicarle uno a Josep Samitier, el Mago. Sami, capitán del Barcelona/ con tu juego que emociona nos has hecho estremecer/ Sami, portador de la nobleza, de tu tierra de grandeza/ caballero Samitier.

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