Histórico
13 febrero 2009Francisco Ortí

Adebayor, un milagro en Lomé

adebayor

Entre las serpenteantes calles de Lomé se recorta el perfil de una mujer. Es joven, aparenta no estar alejada de los 20 años, pero sus ojos delatan la mirada sin fondo de quienes han sido acompañados por el sufrimiento más tiempo del aconsejable. El motivo de sus noches en vela es el niño que sostiene en brazos. Acaba de cumplir cuatro años pero todavía no ha aprendido a caminar.

La mujer había viajado por todo África buscando una solución a las paralizadas piernas de su hijo. Visitaron Nigeria, Lagos, Ghana sin encontrar respuesta. La desesperación llegó a tal punto que incluso encontraron sentido en la solución menos científica de todas. Deberían acudir a una iglesia a rezar durante toda una semana, días tras día. Si eso no funcionaba “no andará nunca”, auguró el sacerdote de la iglesia. Pasaron los días y el pequeño Emmanuel -así de llamaba el niño- continuaba postrado en el suelo sin poder ponerse en pie. El domingo, que marcaba el final de la semana de rezos, transcurrió sin novedades. La esperanza  escaseaba y cuando el cielo comenzó a teñirse de sangre la madre bajó los brazos.

Había pasado una semana y las piernas de Emmanuel no habían respondido a las plegarias. Entonces sucedió algo inesperado. Tras el velo de lágrimas que inundaba sus ojos la madre entrevió como un balón rodaba en el interior de la iglesia y un niño corría hacia él. No daba crédito a lo que veía. Ese niño que corría tras el balón era su hijo, era Emmanuel, ese que en cuatro años no había podido ponerse en pie.

“Es una historia sorprendente. Pero es verdad. Mi madre me ha hablado de esto toda mi vida”, recuerda veinte años después Emmanuel, el protagonista del milagro. “Mi madre estaba asustada porque nunca me había visto caminar, y de repente yo estaba corriendo detrás del balón. Y toda la gente que había rezado por mí en la iglesia le dijo: ‘tu hijo está caminando gracias al fútbol’. Significa que el chico tiene el fútbol en sus venas”, cuenta con una sonrisa en los labios.

En la actualidad, Emmanuel, de 24 años, es -cómo no podía ser de otra forma- un auténtico devoto, así lo acreditan sus tatuajes, supersticioso,y también es jugador del Arsenal. Por si alguien no lo había adivinado todavía, el niño milagro es Emmanuel Adebayor, delantero estrella de los Gunners londinenses.

Adebayor tardó en dar sus primeros pasos. No lo hizo hasta que se encontró con un balón y jamás se separó de él. El togolés no conserva secuelas de sus complicados inicios. Es ágil, con calidad técnica impropia de alguien que roza los dos metros de altura y un olfato goleador que le ha llevado a convertirse en uno de los delanteros más letales del mundo. De hecho, la pasada temporada logró 24 tantos en la Premier League, siendo superado únicamente por Cristiano  Ronaldo.

Cómo le sucedió en su niñez, Adebayor también tuvo problemas para dar sus primeros pasos en el fútbol profesional. El Metz le rescató con 15 años de un Mundial Sub´17, posteriormente se fue al Mónaco, pero su explosión no se produjo hasta que en su camino de cruzó Arsene Wenger. Ahora  ha sido nombrado mejor futbolista de África y toda Europa hace cola para intentar fichar a ese niño que aprendió a andar a los cuatro años. Todos quieren al niño milagro.

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